George Weah, un verdadero héroe africano

El 27 de enero de 1996 la selección de Liberia jugaba en Sudáfrica. Dos figuras negras del momento aprovecharon para cruzarse y retratarse para la historia: George Weah, el primer africano en conquistar Europa y Nelson Mandela, un indiscutible líder que pacificó un país roto por el racismo extremo.

Mandela dijo unas palabras que taladraron los tímpanos de Weah y se internó en su pensamiento: “Usted es el orgullo de África”. A partir de entonces, concientizó lo que venía haciendo y lo que podía hacer.

Y es que no podía dejar que las luces de la prosperidad le hicieran olvidar de donde viene. Nació en octubre de 1966 y prácticamente desde los brazos de su madre a ella, fue su abuela paterna Emma Klonjlaleh Brown, quien lo crió en soledad en Clara Town, un suburbio pobre de la isla Bushrod, cerca de Monrovia, tal cual como manda los lineamientos de la etnia Kru. Vivió en una choza precaria en esa zona inundable hasta su adolescencia, cuando empezó a generar algún ingreso jugando para Invincible Eleven, equipo multicampeón de la Liga Premier de Liberia, no sin antes dar sus primeros pasos con Young Survivors of Clartow.

Sus padres, que tenían once hijos más, se opusieron a que practicara el fútbol. Debía hacer más actividades propias de la tribu. Pero, su abuela siempre lo impulsó.

Tras estudiar distintas ofertas, en 1988 firmó un contrato semiprofesional por el Tonnerre Yaoundé de Camerún y mantuvo un buen registro anotador, con 14 goles en 18 partidos. Y ahí fue donde consiguió un buen trampolín: El seleccionador de Camerún, Claude Le Roy, se lo recomendó a Arsene Wegner, que en ese entonces dirigía a Mónaco.

Conquistando Europa

Weah sí que fue una sorpresa. Igual que cuando un niño encuentra un huevo de chocolate el domingo de Pascua. No he visto a ningún otro jugador explotar como lo hizo él”, dijo Arsene, en una declaración en la que muchos asociaron al chocolate con su color de piel. Pero vaya que rindió el atacante.

En sus cuatro temporadas (1988-1992) en el principado, marcó 66 goles en todas las competiciones en 149 partidos y ganó la Copa de Francia (1991), y aparte, llegó hasta la final de la Recopa de Europa 1991-92 que perdió frente al Werder Bremen alemán. Llamaba la atención como con fuerza bruta, se internaba y definía. Era realmente complicado detener a una bestia, que tenía destellos de elegancia y sutileza. Era un arma muy completa, inimaginables para esos tiempos. Aunque Wegner tuvo que emplear entrenamiento especial para él para adaptarlo a Europa.

George pudo dar más. Pero su cabeza estaba en otro lado. En ese período, estalló la guerra en Liberia y Weah, que aún no llegaba a ser la superestrella que recordaría la historia hizo un esfuerzo económico enorme para sacar a su familia de Liberia y radicarla en Nueva York. Eso le consumió gran parte de sus ganancias.

Aún así, con sus preocupaciones, era deslumbrante. Y Paris Saint Germain, pudo explotar mejor su talento, ya que con su familia cercana a salvo, se enfocaría más en el juego: 55 goles en 137 partidos. Ganó una liga, dos Copas de Francia y una Copa de Liga. Europa empezó a saber más de él: Dos semifinales en Copa UEFA y en especial, su gran actuación en el gran escenario: Fue el máximo goleador de la Copa de Campeones (Champions) de la 1994-95 con siete goles y solo cayeron en las semifinales ante Milan, su próximo destino por los próximos cuatro años. Donde ganaría un par de Scudettos.

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Lo hecho con el PSG y el Milan le llevó a ser a finales de 1995 a ser el primer jugador no europeo y único africano (con el permiso de Eusebio, que lo ganó como portugués) hasta la fecha en ganar el Balón de Oro y el FIFA World Player. La apertura en lo estricto del galardón le llevó a ser el merecedor de este honor no escrito, llevándose este debut. Muchos pensarían que tocaría a algún sudamericano.

 

Entonces, estamos hablando de jugador que venció al racismo, que venció a la pobreza y que era respetado. Disfrutó de fama y dinero. Pero apareció Mandela.

Tras esas palabras, de alguien que había hecho tanto por los africanos, no quedaba de otra que usar toda esa notoriedad para ayudar. Al año siguiente, en 1996, Weah declaró en NY Times que la ONU debía hacerse cargo del país, que su intervención era necesaria para una real democracia y desarrollo.

Lamentablemente tuvo sus repercusiones: Tropas leales al entonces presidente liberiano Charles Taylor asaltaron su casa, la rociaron con gasolina e incendiaron. Y como si no fuera suficiente, violaron a dos de sus primas que aún quedaban en el país.

Eso no lo detuvo. Se volvió un embajador activo de UNICEF. Participó en campañas de vacunación en África y en 1998 participó en el disco «Lively Up Africa» que ayudó a levantar escuelas en ese continente pobre.

Su carrera se fue apagando entre Chelsea, Manchester City, Olympique Marsella y Al Jazira (EAU).

King George

Pero su vena política se encendió. Pudo haber hecho vida tranquila en Estados Unidos, incluso sus hijos, George Jr. y Timothy Weah han hecho parte de las inferiores de la selección de las barras y estrellas. Mas su cabeza estaba en Liberia.

En 2005 se lanzó en las elecciones presidenciales contra Ellen Johnson Sirleaf, candidata del Partido de la Unidad (UP) y con formación académica en la Universidad de Harvard. Salió mejor en la primera vuelta, pero perdió en la segunda ronda.

El gobierno de Liberia estableció la obligatoriedad de tener estudios superiores para postular a la presidencia. Aunque Weah alegó que obtuvo un grado en Dirección Deportiva en Londres, no era un título válido. Por esta razón se trasladó a Miami y cursó administración de empresas y criminología en la escuela superior Devry University.

Johnson, a pesar de opositor, lo nombró embajador de buena voluntad de Liberia.
Pero su momento llegó: En 2017 ganó las elecciones presidenciales de Liberia con un 61,5% de los votos en segunda vuelta. Arrasó y desde 2018 es presidente. Con sus altas y sus bajass (que pocas críticas no ha tenido), intenta cumplir con su misión: ser un verdadero héroe africano.