Guanajuato, el secreto mejor guardado del Brasil campeón de 1970

El mítico Brasil de 1970, campeón del Mundo de la mano de un inmortal Pelé ha sido analizado de muchas maneras. El brillante juego ofensivo, las formas para defender, la velocidad para contraatacar, la gracia de sus dribles…

Pero, muy pocas veces se ha dicho donde se preparó este mágico equipo para triunfar sin discusión en México. La noble localidad de Guanajuato fue la escogida por la Canarinha para prepararse por 21 días para asumir el primer Mundial que organizó el país de los cuates.

Inicio accidentado

Esta selección tuvo unos meses previos al Mundial bastante convulsos. El periodista y entrenador Joao Saldanha hizo una brillante eliminatoria como timonel brasileño y tenía la simpatía del público. No solo por el buen manejo de la selección, también por pertenecer al Partido Comunista y hacer frente a la dictadura militar de Brasil.

De hecho, cae en malas con el presidente Emilio Garrastazu Médici al no convocar a un jugador sugerido por él, Darío. Joao, apodado “Joao sem medo” (Juan sin miedo) cuando le preguntaron sobre la “sugerencia” presidencial, soltó: bueno, yo también tengo algunas sugerencias para dar en las opciones de ministerios del Presidente”.

Esto fue la gota que rebasó el vaso. La Confederación Brasileña de Fútbol presionó y echó a Saldanha y asumió Mario “Lobo” Zagallo.  Pero del cuerpo técnico anterior siguió Claudio Coutinho, un capitán del ejercito que tuvo estudios avanzados en preparación física.

Altura y trabajo

Todos los miembros de esa selección eran militantes de equipos locales, así que se acordó terminar los torneos antes para que la selección trabajar con antelación. Hoy, con las estrellas repartidas por Europa y los ajustados calendarios de liga, no se ve posible hacer una concentración de 21 días.

Coutinho, según cuenta el gran jugador Rivelino en el documental Becoming Champions, escogió Guanajuato para trabajar “por su altura, que es igual o superior a la de Ciudad de México. Eso nos ayudó mucho”.

Guanajuato, con cerca de 2200 metros sobre el nivel del mar (similar a Ciudad de México) era la obsesión de Coutinho y el cuerpo técnico. Al estar acostumbrado en Sudamérica a la “aclimatación” cuando se visita a Bolivia o Ecuador, les parecía un punto importante para trabajar.

Pelé y sus compañeros fueron sensación. Una reseña de prensa conmemorativa reseñó “En el mes de mayo y parte de junio de ese año la afición al futbol y mucha gente se volcaban al antiguo campo Nieto Piña, para observar las prácticas de los brasileños que mostraban astros como Rivelino, Tostao, Gerson, Jairzinho, Clodoaldo, Carlos Alberto y otros que son consideradas figuras de todos los tiempos en el futbol mundial, dirigidos por Zagallo”.

El Sol de León recuerda: “Los días transcurrían con sus sesiones matutinas y vespertinas que manejaba el seleccionador Mario «Lobo» Zagallo. Aficionados se apostaban en las afueras del hotel y versiones de la época señalan que en el interior los jugadores departían jugando voleibol y entre la bohemia de Pelé, quien tocaba la guitarra”.

Se dejaron querer

El viejo Nieto Piña remozó su césped y añadió gradas de madera para que los aficionados fueran a admirar a la magia de la samba. En ese entonces, no existían las normas de seguridad extremas para proteger a las “vedettes” y era muy fácil entrar en contacto con los ídolos. E incluso, entrevistarlos no era tan complejo.

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“No fue uno, fueron dos penales atajados. En un entrenamiento me dijeron que me pusiera de portero y me tiraron penalties, tuve la suerte de pararle a Pelé. También me tiró Rivelino, pero esos iban muy fuerte”, explico Salvador Vargas Flores, quien hoy es médico, pero que en ese entonces era un muchacho atlético que Brasil le pidió que hiciera de portero de sparring.

El equipo se hospedaba en el antiguo hotel parador San Javier y acudían diariamente a entrenar. Cuando se corrió la voz, aficionados recorrían kilómetros para ver a sus figuras. Rara vez se iban sin autográfos.

La prensa mundial se empezaba a aglutinar en la simpática localidad. De hecho, Saldanha fue como periodista y criticó a sus colegas paisanos. “Ha escogido bien la selección en quedarse en Guanajuato. Son irresponsables quienes escriben que se quedan en sitios de mala muerte. La gente es atenta y cariñosa. Y los atletas tienen todas las comodidades y atenciones”, escribió en una columna.

Un obsequio por los 100 partidos de Pelé con su selección

Y se movió por toda la localidad. En Irapuato, ante el equipo homónimo, venció Brasil 3-0 y el diario el “Sol de Irapuato”, le obsequió a Pelé un sombrero de plata en homenaje a sus 100 partidos con la selección.

E incluso, en León, ciudad famosa por su peletería, unos artesanos  hicieron un calzado  de juego a la medida de Pelé como regalo, incluso teniendo la bendición de su sponsor, Puma, y bajo los parámetros de la marca alemana.

Al final, buen cálculo

Y arrancó el Mundial. La sede de Brasil era Guadalajara. Y terminó siéndolo, hasta la final, pues la suerte los ubicó en cuartos y semis en esa ciudad.  Con el 4-2-4 de Zagallo, despacharon en línea a Checoslovaquia, Inglaterra y Rumania, en primera fase. Perú en cuartos y Uruguay en semis.

Si bien, Guadalajara no tiene la misma altura de Ciudad de México, en Sudamérica es conocido que cuando “bajas” de la altitud, tienes un mejor fondo físico en  el “plano”.  La evidencia, es que Brasil terminó con mejor fondo sus partidos:  De los 19 goles que  marcó en todo el Mundial, doce fueron en el segundo tiempo.

Y llegó la ansiada final, en Ciudad de México, ante Italia. Por fin, la preparación cumplía su objetivo primario: unos futbolistas habituados al nivel del mar, jugar a tope de condiciones sobre los 2000 metros. Lo dicho: el primer tiempo terminó empatado a un gol (dianas de Pelé y Botisegna), pero en el complemento, Gerson, Jairzinho y Carlos Alberto, redondearon la paliza 4-1. Campeones mundiales en el Estadio Azteca.

«Es increíble que no haya una placa conmemorativa del trabajo de Brasil y Pelé en el Nieto Piña. Ojalá el año que viene, 2020, al cumplirse 50 años del Mundial, se haga un debido homenaje«, reflexionó el columnista Juan Manuel Álvarez, del Sol de León.

Brasil celebró el título en ese entonces. Y al sol de hoy, llevan con cariño en sus corazones a la simpática Guanajuato.