Jesús Gil, el corrupto e incendiario presidente del Atlético de Madrid

 

Año 1987. Falleció Vicente Calderón, quien fuera el mejor presidente en la historia del Atlético de Madrid y había que sustituirle. Francisco Javier Castedo, vicepresidente primero del club, asumió la presidencia y convocó elecciones, las últimas en la historia del Atlético. Los socios tenían elegir entre cuatro candidatos: Agustín Cotorruelo, Enrique Sánchez de León, Salvador Santos Campano y Jesús Gil y Gil.

Este último, quien había sido socio del club desde seis años atrás, dos días antes de las elecciones se apareció con el legendario portugués Futre en una popular discoteca madrileña, quien había maravillado a todos al ganar la Copa de Campeones (Champions) de 1987 con Porto. Futre, quien ya tenía acuerdo verbal con el Inter, fue llevado en avioneta a Madrid desde Milán y Gil vociferó que pagaría por su fichaje 500 millones de pesetas, una cifra altísima para la época, y 120 millones al jugador por cada temporada.

Futre, el crack que le abrió camino al poder a Gil en el fútbol

Parte de las 3000 personas que fueron a esa discoteca, formaron parte del universo electoral de casi siete mil votos que le dieron la presidencia a Gil y Gil, duplicando a su perseguidor.

Fue un antes y un después en su vida. Jesús, nacido en Soria en 1933, vino de un extracto humilde. Su primer empleo fue en una tienda de repuestos, mientras se intentaba costear estudios de veterinaria. Se dice que en la pensión donde vivía, compartía con prostitutas y les llevaba la contabilidad. Y antes de llegar al Atlético tuvo que enfrentar condena de cinco años de cárcel. El delito fue homicidio involuntario: se le acusó de la muerte de 58 personas cuando en junio de 1969 cuando un comedor de la urbanización Los Ángeles de San Rafael, de la que era promotor y propietario, se derrumbó. Los testigos decían que el cemento estaba aún fresco. Las investigaciones, que fue levantado el recinto sin estudios de un arquitecto certificado.

Indultado por el mismísimo general fascista Francisco Franco tras haber cumplido 18 meses de castigo, empezaría nueva vida para él. Lejos de arrepentirse, se sintió con nuevos aires para actuar a sus anchas.

En sus diferentes papeles como promotor inmobiliario, presidente de un club importante, presentador de su propio programa de televisión y político, su verbo iba infectado de racismo, homofobia y machismo puro y rudo. Un nostálgico ultra derechista que es recordado por sus pillerías y la metralleta que era su boca.

Irónico. Para una temporada, Gil hizo que sus jugadores usaran una camiseta denunciando corrupción gubernamental

Marbella, no tan bella

En 1989, por ejemplo,  después de que el Atlético perdiera contra la Fiorentina en la Copa de la UEFA, Gil se despachó sobre el árbitro Michel Vautrot, votado mejor árbitro del mundo tanto en 1988 como en 1989: “No es que sea un mariquita, es un maricón. Sé de muy buena tinta que después de quedar nosotros eliminados de la Copa de la UEFA a ese colegiado le buscaron los italianos un niño rubio de ojos azules”. Al año siguiente, la UEFA inhabilitó a Gil durante 18 meses.

Volvamos a finales de los 80. Gil tomó a un equipo con dificultades financieras, pero su pujante negocio inmobiliario en Marbella, le hizo caminar con cierta estabilidad. Había que “devolver el favor a la ciudad”, así que para 1991 Gil se presenta para la alcaldía de Marbella.

Es recordado que por años, Atlético tuvo la palabra “Marbella” en su pecho, antes que cualquier patrocinante. La lució antes de las elecciones y por años después. Ganó los comicios con un 65% gracias a su verbo que conectó con la clase popular y su red de contactos, de negocios turbios. Su partido, Grupo Independiente Liberal (GIL, sorpresa) se anotó un importante triunfo.

«Marbella» estuvo en el pecho del Atlético por muchos años

Una vez un periodista le preguntó: “¿Y por qué no acepta un sponsor?” A lo cual respondió: “Cómo nadie estaba dispuesto a pagar lo que valía patrocinar al equipo, lo patrocino yo mismo”.

Era la “España Feliz”, en la que había sensación de progreso, los primeros pasos de la democracia post Franco, y poco importaba si alguien se tomaba para sí un “dinerillo”. Para el marbellí, era un orgullo que la ciudad se promocionara en el pecho del tercer histórico del fútbol español. Para el “colchonero” era un acto de convicción rojiblanca que Gil sacara dinero de su alcaldía para sostener al equipo. Investigaciones determinaron que casi nada de ese “patrocinio” llegó realmente al club. Todo al bolsillo de Gil.

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Como alcalde de Marbella saqueó el erario público

De hecho, lo de “Marbella” no quedó ahí. También patrocinó a Sevilla, Betis, entre otros, generando despidos en esas instituciones por corrupción, por gravísimos conflictos de interés e incluso, por dejar tácito que hasta pudo haber partidos arreglados.  En 1999 fue de nuevo a la cárcel por el “Caso Camisetas”. Se determinó que se embolsilló 2,7 millones de Euros por esta jugada.

 

Atlético tiene dueño

Aun quedan cosas que contar y no nos desviemos del orden cronológico. A comienzos de la década de 1990, como consecuencia de la llamada Ley del Deporte aprobada por el Estado, los clubes de fútbol debieron convertirse de sociedades deportivas a sociedades anónimas deportivas, por tanto la capacidad de decisión sobre las entidades se traspasaba del voto de los socios a los accionistas que debían tener estas nuevas sociedades anónimas.  La ley tenía por objetivo declarado conseguir la estabilidad financiera de los clubes, que por aquella época atravesaban una crisis financiera general. Para 1992, justo en el día que se vencía el plazo, Gil consiguió un crédito de 12 millones de Euros que evitó un descenso administrativo del Atlético, pero que, le convertía en dueño del equipo, tras un movimiento legal que le hizo acreedor del 95% de las acciones.

Imperioso, el caballo al que le consultaba sobre fichajes. Incluso, en el programa de TV que tuvo en Telecinco

En lo deportivo, no fue una era muy fructífera que digamos. Su volatilidad hizo que en  sus  17 años de gestión, pasaran 31 técnicos en 44 cambios. El récord fue en la 1993-94, el banquillo rojiblanco tuvo hasta seis inquilinos diferentes. El brasileño Jair Pereira comenzó la temporada. Después pasaron Cacho Heredia, Emilio Cruz, José Luis Romero, Santos Ovejero y terminó la campaña Jorge D’Alessandro.

El mejor momento de la presidencia de Jesús Gil llegó en la temporada 1995/96. El Atlético venía de pelear por no descender y el equipo cambió de forma radical. Con la llegada de Antic y algunos retoques en la plantilla (Molina, Santi, Pantic, Penev…), el Atlético hizo un temporadón. Ganó la Liga en la última jornada después de ser líder durante todo el campeonato y venció en la final de Copa contra el Barcelona con un cabezazo de Pantic en la prórroga, según recuerda Marca.

Sin embargo, si hay algún inocente que busca compararlo con Berlusconi, va equivocado. Atlético tuvo más temporadas fatales que gloriosas e incluso, arrancó el siglo XXI en segunda división. De 2000 a 2002 jugó en la categoría de plata.

Una habitual de su programa de TV, «Tal y Tal» en Telecinco (Madrid). Aparecer en un jacuzzi rodeado de jovenzuelas

Gays, negros y putas

Gil, por otra parte, era investigado por el saqueo a Marbella. 35,7 millones de Euros fueron a parar a empresas ficticias. Algunas de ellas, manejadas por hijos de nazis perseguidos. Y es que en los 90, Marbella fue guarida de mafiosos italianos perseguidos, nazis solicitados, turcos contrabandistas y fascistas que huyeron para no pagar condena en sus países. El paraíso de los ladrones de cuello blanco. Gil les brindó protección, a cambio de favores y red de contactos.

Sus frases quedaron para la historia. Es recordada su campaña contra Hugo Sánchez, a quien en sus últimos días en Madrid llamó «Es un mercenario que debe irse». También es recordado cuando fue a jugar contra Ajax que mencionó que «había muchos negros, parecía el Congo. Salían como churros». También disparó contra una periodista que le investigaba en Marbella, diciendo que «no se puede confiar en una periodista que se acuesta con la fuente. Las putas son más dignas«. Aparte, no olvidemos que no fichó a  Jurgen Klismann “porque botaba aceite”.

En cuanto a lo político, no tenía ideología clara. «Mis ídolos són Jesús, Franco y el Che Guevara», dijo alguna vez. Vaya coherencia.

El 9 de mayo de 2004, en plenas investigaciones de corrupción,  le mató una trombosis cerebral. El tipo de verbo encendido, que hacía un programa de TV en un jacuzzi rodeado de jovencitas y en el cual entrevistaba a su caballo Imperioso sobre el futuro del técnico o jugadores, partió con muchas deudas pendientes. Es uno de los personajes infaltables de los 90 a la hora de contar historias del fútbol español.