Kubala, el anticomunista y primer ladrillo del Camp Nou

Una leyenda de la liga española es Ladislao Kubala. Muchos se preguntan qué hubiera pasado si el comunismo e injerencia de la URSS sobre Hungría no hubieran desintegrado a la generación mágica de Puskas, selección a la que el mítico Kubala no se llegó a integrar del todo. Vaya oncena se perdió la humanidad.

Fue un rebelde de nacimiento, en un país al que cercaron moralmente hasta arrodillarlo. Al igual que Puskas y su ballet magiar, tuvo que huir de la ruina, irse a un lugar donde fuera válido soñar.

Dice la leyenda que Kubala se disfrazó de soldado ruso, fue llevado en camión hasta la frontera húngara y desde allí escapó a pie rumbo a Austria. Corría enero del 49, y el maravilloso atacante iba con la etiqueta de desertor a cuestas.

Una vez en Occidente los problemas continuaron, según recogen varias fuentes históricas. La federación húngara le acusó de delincuente y estafador, y la FIFA le suspendió durante un año. El gobierno comunista presionó a todos los clubes para que denunciaran a sus desertores como delincuentes, para inhabilitarlos por la máxima autoridad del fútbol, que al parecer, en ese entonces no investigó demasiado.

Durante ese período, el jugador se alistó en el Aurora Pro Patria 1919, el único equipo de Italia que le dio garantías económicas. Kubala acabó en un campo de refugiados en Cinecittà, donde ya lo acompañaba parte de su familia. Entre otros, se encontraba su cuñado, el entrenador Ferdinand Daučík, el cual fundaría el Hungaria, un equipo integrado por exiliados húngaros que viajó por Europa y a finales de 1950 también a América del Sur, muy afamado por su gran juego dirigido y organizado en su totalidad por Daučík.

El Hungaria recorrió Portugal, Francia e Italia recaudando dinero en improvisados partidos amistosos hasta que se instaló definitivamente en España. Kubala era la figura de ese particular equipo, y pronto llamó la atención de Santiago Bernabeu. Sin embargo, el presidente del Real Madrid se asustó mucho al ver las sanciones FIFA.

Cosas de la vida, un equipo que tenía raigambre de izquierda, como el Barcelona, supo hacer el lobby correcto para lograr borrar la sanción del húngaro.

 

Culés con conexiones

Ricardo Cabot ex jugador, directivo y vicepresidente del Barça, era entonces el Secretario General de la Federación de Fútbol Española desde 1926. Durante la guerra civil, trasladó la sede federativa de la asediada Madrid a Barcelona. Mantuvo el puesto después del conflicto y hasta que se retiró en 1956.

Días más tarde del fallido intento del Real Madrid, Ricardo Cabot movió los hilos y finalmente abrió la puerta al fichaje de Ladislao Kubala, pero en dirección del Barça, según se cuenta en la revsita “Selecciones del fútbol”.

Fue un proceso de un año, en el que jugó algunos amistosos en 1950, logrando la admiración de todos y en 1951, ya estaba disponible para los blaugranas.

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Fue fichado como un “amateur”. El mencionado contrato estipulaba que el Barça le pagaba a Kubala 1.200 pesetas como “compensación” más 3.800 en concepto de “estímulo y alimentación” además de un apartamento. Una manera de camuflar el “contrato profesional”. Kubala se convertía en el futbolista mejor pagado de la Liga.

Cabot se “automultó”: La Federación, puso al Barça una multa simbólica de 50 pesetas, para hacer como que cumplía ante la FIFA. Cosas del fútbol, pues.

Kubala fue utilizado por el dictador Franco como propaganda anticomunista.E n enero de 1955, salió en los cines “Los Ases buscan la Paz”, con Kubala de protagonista principal. La película narra de forma muy libre y propagandista, su fuga y felicidad posterior en la “amigable España de Franco”. Josep Samitier, Antonio Ramallets y Estanislao Basora, del Fútbol Club Barcelona, interpretan un pequeño papel en el largometraje.

Por lo sufrido en la Hungría comunista, Kubala se paró en algunas ocasiones en el polo opuesto, el fascismo franquista. Aparte, que el gobierno español le facilitó todas las comodidades para ser un residente más y una bandera propagandística.

Hace falta un estadio más grande

Sin embargo, política aparte, Kubala, apuesto y rendidor en la cancha, dejó cuatro Ligas entre 1951 y 1962. Marcó 194 goles en 256 partidos y es recordado como uno de los mejores jugadores del Barcelona y de su época.

Pronto los catalanes se sintieron atraídos por el juego de Kubala, que se caracterizaba por su potente remate y su velocidad, y le dieron nacimiento a un nuevo ídolo. El húngaro, por aquellos años, fue al Barcelona lo que Alfredo Di Stéfano al Real Madrid. Los aficionados reventaban el antiguo Les Corts para deleitarse con su fútbol, y a menudo una multitud de seguidores se quedaba sin ver la función de Kubala. Así fue que durante un clásico contra el Real Madrid la gente comenzó a pedir a los gritos la construcción de un nuevo campo con mayor capacidad, una exigencia que se repitió en los encuentros siguientes.

Cuentan varias revistas de la época, que las calles alrededor de Les Cort se inundaban de personas molestas porque no podían pasar. En más de una ocasión intervino la policía.

Con muchas pausas y demoras, el Camp Nou fue levantado, para meter gente. Porque todos querían ver a Kubala y al Barcelona. En 1957 el estadio fue levantado, y Kubala fue el primer culé en contar con un palco de honor en el Camp Nou, aun siendo jugador del mismo.

La prensa de la época le describe como una persona muy familiar y amable. En 2002 falleció víctima del cáncer y enlutó a toda la nación azulgrana. Su historia fue de película.