La dura vida de Kostedde, el primer “negro” de la selección alemana

Por estos días, tras los tristes incidentes ocurridos en Estados Unidos, el tema de la igualdad racial ha estado en permanente discusión.  Un tema muy serio que generado debate en medio de la pandemia del Covid-19.

En el fútbol, muchos jugadores se solidarizaron con el “Black Lives Matters”, incluso equipos y ligas enteras. A pesar de lo mucho que ha evolucionado la ciencia, la humanidad tiene aún cuentas pendientes.

Y si hablamos de fútbol, hay selecciones en la que se muestran con orgullo un crisol de razas. En Europa, tenemos el ejemplo de Francia. O Alemania. Sobre esta última, hablaremos del primer “negro” que jugó en  la Manchstaff.

Así lo definen a Erwin Kostedde en Alemania, el primer “negro” en jugar con este país. ¿Y por qué le ponemos comillas? Porque no es quizás el término exacto. Tampoco queremos usar el término “no blanco”. En fin, explicamos

En 1946 nace Erwin, en Munster, Alemania Occidental. A poco de haber terminado la Segunda Guerra Mundial, la madre tuvo una aventura con un soldado afroamericano del cual más nunca se supo. El norteamericano no mandó ni una carta a la señora Kostedde. Más que “negro”, Kostedde viene a ser un niño mulato, mestizo.

Lo cierto, es que pasó una infancia difícil a pocos años de haber sido derrocado el nazismo, algo de esa ideología quedó rondando por las calles.

“Las posguerra fue muy dura de por sí, pero es que encima yo lucía el color de piel equivocado”, contó una vez en una entrevista a Panenka.

La cosa es más traumática si en Munster solo habían tres niños “negros”: Uno murió ahogado y otro fue atropellado. Erwin vivía entre burlas y paranoia.

Fútbol como camino en la vida

Encontró en el fútbol una forma de no ser molestado. Y su físico y velocidad ayudaban. Erwin debutó con 19 años en el Preussen Münster amateur, impresionando a todos en su primera temporada, que saldó con 18 goles en 35 partidos.

Eso le permitió fichar por el Duisburg, un equipo de ley en la Bundesliga en 1968. Sin embargo, su cabeza no estaba muy bien amoblada que se diga. Así que huyo a Países Bajos a tratar de buscar tranquilidad mental y consiguió a su esposa.

Pero no dejó el fútbol.  Lo vieron en Amsterdam y al regresar a Alemania, en un entrenamiento se acercaron unos extraños con una maleta con 80.000 marcos alemanes. Era el Standard de Lieja (Bélgica) que lo pretendía.

Se fue de inmediato. Ganó tres ligas y un trofeo al máximo goleador de la temporada 1970-71, con 27 goles. Fue un verdadero suceso.

Durante este tiempo fue llamado «bombardero marrón», lo que le desagradaba, según la declaración en un diario de entonces: «Nadie me preguntó si me gusta”.

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Eso le permitió volver a Alemania, con respeto y más pergaminos. Primero con el modesto Kickers Offenbach (80 goles en 129 juegos) hasta pasar por el Hertha de Berlin y Borussia Dortmund.

No faltaron las ofensas racistas que caían desde la tribuna. Pero hacía caso omiso, haciendo goles y rindiendo a buen nivel. Apareciendo en los noticieros, con bonitos goles entre tanto delantero blanco.

“Ahí estaba yo, el niño mulato de Münster al que sus compañeros de clase le susurraban ‘ahora vendrán los nazis y te fusilarán, por americano’. Lo había logrado, ya no era un marginado”, reflexionó sobre su etapa profesional.

Y en  1974  Helmut Schön vio en él su capacidad goleadora, velocidad y físico. El seleccionador germano le llamó. Ningún “negro” se había enfundado la playera de la Manchstaff. Un hito verdadero a tres décadas de la caída del nazismo.

Entre 1974 y 1975 fue utilizado en tres partidos: debutó el 22 de diciembre de 1974 ante Malta (triunfo 0-1) en Eliminatorias para la Euro, con la Alemania que venía de ser campeona del Mundo en casa. Luego un amistoso contra Inglaterra (derrota 2-0) y otro de Eliminatorias a la Euro ante Grecia. El mediocentro no marcó ningún gol.

Debía demostrar algo extraordinario, pues el ataque era comandado por Gerd Muller, el gran goleador germano. No fue suficiente para desbancar un hito del fútbol mundial.

La caída

Eso no impidió que Erwin triunfara a nivel de clubes. De hecho, volvió al extranjero y fue máximo goleador en Francia con Stade Laval (21 dianas) en la 79-80. Sus goles siguieron cayendo hasta el fin de su carrera.

Pero no en su vida financiera. Entregó gran parte de su patrimonio a unos asesores inescrupulosos que le estafaron 1 millón de marcos. Quedó al borde de la quiebra.

Lo peor estaba por venir.  En 1990 fue arrestado bajo sospecha de robo en un salón recreativo en Coesfeld. Le acusaron de llevarse 190 marcos en un proceso claramente amañado. Por ejemplo, se requerían seis testigos para realizar la acusación y los fiscales solo presentaron uno. Por su detención injustificada, recibió 3.000 marcos de compensación. Pero, eso no ayudó a reparar el daño moral.

“No admití la culpa de algo que no había hecho. Aquel Kostedde murió en la cárcel, incapaz de digerir la manera en la que la policía, el juez y la prensa sensacionalista se aliaron para destrozarme”, dijo al recordar el hecho.

Pasó sus días como un profesor de educación física en Everswinkel, donde se reside. En las entrevistas donde hace retrospectiva siempre concluye: “quizás hubiese tenido una vida más tranquila yendo de un trabajo corriente a casa. Y viceversa”.