La Recopa del PSG, el último título europeo de clubes franceses

Paris Saint-Germain alcanzó la final de la Champions 2019-2020, la más atípica de todas. Al cuadro bañado en dinero de petrodólares le ilusiona ganar por primera vez la Orejona. Aunque la Liga de Campeones es la obsesión parisina, en especial por el dineral invertido, el club ya tiene un trofeo continental europeo en su palmarés.

Este club joven entre la élite europea, fundado en 1970, no siempre estuvo bajo el protectorado de jeques ni se nadaba en dinero. Fue un club con recursos, pero bastante batallador tanto dentro de Francia como fuera de ella.

Ese equipo, que compitió a buen nivel en Europa y en su país sin necesidad de esteroides económicos conquistó la Recopa Europea de la 1995-96. Es el único trofeo UEFA en sus vitrinas.Y el último de clubes en los torneos UEFA ganado por Francia. ¿Podrán el domingo los «niños ricos» como Neymar o Mbappé romper el maleficio?

Luis Fernández

Golpeando la puerta, sin entrar

Durante la temporada 1995-1996, el contexto fue espinoso para el Paris Saint-Germain. Los jugadores, el entrenador Luis Fernández y el presidente Michel Denisot están frustrados por estar cerca de alcanzar un trofeo de competición europea. La ilusión se frenaba en las semifinales: contra la Juventus en 1993 (Copa UEFA), contra el Arsenal en 1994 (Recopa) y finalmente, contra el gran AC Milán en 1995 (Champions League). Parecía una maldición bien malintencionada y burlona que en tres años seguidos, el equipo se quedara a puertas de una final en cada una de las competiciones UEFA.

Motivados por estar tan cerca de la gloria, el equipo fichó a quien sería dos años después campeón del mundo, Youri Djorkaeff. Además del delantero del Nantes Patrice Loko y un defensa que sería un héroe inesperado: Bruno Ngotty.

Ellos se unieron a un equipo que ya tenía a una gran figura brasileña: Raí, rey del mediocampo e ídolo del equipo. Otros elementos importantes eran el panameño Julio Dely Valdés o el centrocampista Vincent Guerin.

En ese entonces solo tenían dos títulos de liga: el de 1986 y el de 1994. Apenas construían su gloria en una ciudad que fue apática con el fútbol por décadas.

La idea era ganarlo todo. En los primeros partidos de liga, se enrachó y triunfó ante los favoritos Nantes, Saint-Étienne y Mónaco y subió al primer lugar en lo que entonces se llamaba División 1 en la jornada 16.

Estaban también compitiendo en la Recopa de Europa, en un formato sin grupos. En la primera ronda, despacharon al Molde noruego del naciente talento Ole Gunnar-Solskjaer. En octavos, gracias a una formidable actuación de Djorkaeff en ida y vuelta, sepultaron a Celtic de Escocia.

«La Serpiente» Djorkaeff, ídolo insustituible

Despachando a rivales de lujo

El partido más complicado fue en cuartos: Parma aquel super-equipo que nadie quería enfrentar. El club italiano acaba de ganar la Copa de Italia en 1992, la Recopa en 1993, la Supercopa de Europa en 1994, luego la Copa UEFA en 1995. Parma jugó tres finales europeas consecutivas y ganó dos. Una máquina de guerra, que cuenta entre sus filas a las leyendas Dino Baggio, Fernando Couto, Gianfranco Zola, Fabio Cannavaro o Filippo Inzaghi y un conocido Hristo Stoïchkov, que marcó el gol para ganar 1-0 en Italia.

Pero PSG no se amilanó: en París dos penaltis de Raí y un gol más de Patrice Loko acaban con el favoritismo italiano y les llena de más optimismo.

Había que superar la tara de las semifinales y el rival era el Deportivo La Coruña, el conocido “Súper-Dépor” que hizo temblar a los grandes tradicionales. Era el equipo de Mauro Silva, Bebeto, Djukic o Donato, dirigidos por John Bejamin Toshack.

Djorkaeff, lesionado no fue titular en la ida. Pero Fernández le hizo entrar faltando cinco minutos para terminar. Marcó el 1-0 en Galicia. El mismo marcador se repitió en Paris con gol de Loko. La maldición se había roto: PSG avanzaba a una final de Europa.

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No todo era bonito

Enfocados en la ferocidad de la Recopa, Auxerre aprovechó el descuido del PSG y le fue acechando. Fue clave el partido en el que ganaron 3-0 al equipo de la capital y tras una serie de derrotas, el azul y rojo cedió la cima en la jornada 33 tras 17 jornadas consecutivas punteando, para no recuperarla jamás. Auxerre ganó esa liga.

A pesar de que el contexto europeo los envalentonó, había crispación en el vestuario, en la directiva, en el cuerpo técnico. No llevarse la final significaría otro año en cero, estando muy cerca de ganar. Un raro ambiente se apoderó del equipo.

Desesperado, Fernández se llevó el equipo a concentrarse en Hendaya, parte de las vascongadas francesas. Sin acceso a la prensa, enclaustrados. Había que ganar el título contra el Austria Viena. Había mucha presión en el ambiente.

Yannick Noah, exitoso tenista

Ayuda que vino del tenis

Viendo esta situación al presidente Denisot se le ocurre una idea: enviar un coach motivacional, algo muy común en estos tiempos pero rara avis en los 90. Le consultó a Fernández, quien puso como única condición no interferir en la férrea concentración.

Para sorpresa de todos, el que se presentó en Hendaya fue Yannick Noah, campeón del Roland Garros en 1983 y en dobles, con Henri Leconte en 1984. Su vida es un poco loca, ya que aparte de ser entrenador mental, también se dedicó a ser cantante.

“Pasaron muchas cosas gracias a él (Yannick Noah), durante nuestra pasantía en Hendaya, porque si no hubiéramos tenido una buena preparación mental, habríamos tenido dificultades. No estábamos bien, había mucha presión, desavenencias con nuestros líderes, tensiones con el entrenador”, recordó el portero Bernard Lama en el especial de los 20 años del título en France Football.

“No hizo mucho fuera de lo común, pero habló con cada jugador individualmente, hizo balance, tomó el pulso. El sábado por la noche, insistió en que saliéramos todos a cenar juntos. No nos divertimos, porque no estábamos ahí para eso, pero oye, tomar algo, jugar, comer tapas… Cuando regresamos, nos quedamos en el bar charlando hasta tres, cuatro de la mañana. Nos permitió salir de esta presión, y al día siguiente, estábamos concentrados, con energía”, agregó el arquero.

Sufrimiento hasta el final

El miércoles 8 de mayo de 1996 Bruselas esperaba ganador. Entre PSG y Austria Viena. Con energías renovadas, los parisinos tuvieron un arranque formidable, parecían indetenibles.

Pero llegó una mala noticia: Raí, líder y figura del equipo se lesionó apenas al minuto 11. Los nervios, las ideas de maldiciones y el aura negativa aparecieron de nuevo en el terreno de juego. Sin embargo, el equipo se recompuso. “Dely” Valdés ingresó por el malogrado brasileño y le puso condimento a la medular. Se apoyó en Djorkaeff, que no dejaba de atacar al rival.

Sin embargo, fue Bruno Ngotty el héroe. Al 28, Djorkaeff fue derribado a treinta metros del arco. En el tiro libre “La Serpiente” le toca la bola a central y este saca un disparo violento y envenenado que termina en gol. 1-0 y a celebrar.

Estando arriba en el marcador, al PSG no le quedó otra que aguantar los ataques del rival desesperado. El cancerbero Bernard Lama fue monumental en los instantes finales del partido, sacando balones en la línea con el pie, atajando un cabezazo imposible y neutralizando un mano a mano con un rival.

Finalmente silbó el árbitro: PSG ganaba la Recopa y el año estaba más que salvado. Fue un éxito.

Esta fue apenas la segunda competición europea que ganaba un equipo francés. En 1993 ganó la primera Champions League el Olympique de Marsella, envuelto en escándalos de amaños en el torneo local.

Desde el triunfo parisino de 1996, ningún equipo francés ha levantado un trofeo continental.

Dos años después, Francia quedó campeona del Mundo.

Tres años después, tras los triunfos de Barcelona, Chelsea y Lazio, desapareció la Recopa de Europa.