La vez que jugaron los tres hermanos Maradona juntos

En los años 80, tener el apellido Maradona, era estar tocado por un santo. Diego Armando, el hermano futbolista destacado, era la principal referencia de fútbol de esa época. Militando en el Napoli, era la sensación. Todo lo que girara en torno a él, significaba dinero, publicidad ganancia.Raúl y Hugo, hermanos de “El Pelusa”, también eran futbolistas. Bastante mediocres, pero amparados sobre el apellido del hermano triunfante.

Algún empresario con maña propuso al presidente del Granada, equipo que recién había saltado de segunda “B” a segunda división en 1987, fichar a un desconocido hermano de Maradona. Raúl, conocido como ‘Lalo’. Se le definía como ‘un volante creativo’. En aquellos años, además de Diego en el Napoli, Hugo jugaba en el Ascoli (Serie B, Italia) y Lalo en el Boca Juniors argentno. Tenía 20 años y su famoso hermano le infló la ficha cuando dijo al estrenarse con el Xeneize: “Es el mejor de los tres”.

Alfonso Suárez Mendía, era el presidente, alguien que buscaba ‘algo más’ que el ascenso. Quería tener notoriedad, tapar con fanfarria la debilidad institucional y económica que para algunos equipos puede significar el ascenso.

Maradona, apellido que vende

Entonces, fichar a un Maradona y más con el cartel que “es el mejor de los tres”, vaya que traía publicidad. Lalo sería nazarí.

El traspaso costó 20 millones de pesetas (120.000 euros al cambio actual). Era un dineral para aquel entonces, en especial para un equipo de segunda división. De hecho, Granada no tenía como costearlo.

Entre esa enredadera de empresarios, alguien sugirió un amistoso con Diego. A “Pelusa”, que apoyaba al hermano menor, fue quien prácticamente quien organizó la operación.

Movió sus contactos y logró convencer al Malmoe sueco, un equipo que tenía buena reputación en Europa por ser sub-campeón de la Copa de Campeones (Champions) en 1979 y que era un feroz competidor en torneos UEFA. Entre sus filas contaba a Martin Dahlin.

Diego venía de Arabia Saudita. Dos días antes había reforzado al Al-Ahli en un amistoso contra el Brondby sueco. Se embolsó 180.000 euros actuales e hizo dos goles ante 45.000 espectadores. En aquella época ganaba más dinero aceptando invitaciones de este estilo que con el alto salario que ya cobraba en el Nápoles.

Maradona fue recibida como la estrella que es. Con toda su familia (hermanos, padres, esposa, Dalma, la hija, suegros, cuñadas) arribó a Granada y fueron recibidos con fuegos artificiales.

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Día del partido. Maradona, curiosamente dejó atrás su sempiterno “10” para ponerse el “9”. El número diez lo dejó a su hermano, Lalo. Jugó con el uniforme del Granada, sin publicidad y sin el escudo del equipo.

Juego de maravillas

“Este es para mí el primer partido oficial en el que jugamos los tres hermanos». No cabía en sí, Diego al hablar del encuentro. «Es uno de los días más felices de mi vida. Y no es un tópico. Es una realidad. Voy a jugar al lado de las dos personas que más adoro en mi vida», dijo en la antesala del juego.

Diego, no se exigió mucho. Pero su zurda mágica regaló un gol de tiro libre a los asistentes. Lalo, marcó otro gracias a un pase espectacular de “Pelusa” y se empezaban a cumplir las expectativas. El español Manolo, marcó el tercero para desempatar y ganar 3-2 el careo de exhibición. Todo era bueno y hermoso.

Empezó la segunda división. Lalo debutó contra el Deportivo La Coruña en un gran triunfo, 5-0 y marcó un gol de penalti. E hizo otro de visitante ante Rayo Vallecano (1-2).

Pero luego, todo se vino abajo. No marcó más goles el resto de la temporada, su actuación fue desastrosa y el equipo terminó volviendo a Segunda B. Un gasto indebido en este fichaje colapsó más la débil estructura del Granda y a Lalo, para nada se le recuerda con cariño.

Lalo terminó jugando en el Deportivo Italia de Venezuela y luego, en equipos mediocres de Argentina y Estados Unidos. Intentó ser técnico, pero tampoco le salieron bien las cosas. Siguió viviendo del apellido, dirigiendo la “Maradona Soccer Academy”, un programa de desarrollo de jóvenes futbolistas en países con poco balompié pero mucho dinero, como los árabes. También tiene un cargo en las formativas de Independiente de Avellaneda.

Su hermano Hugo tuvo una carrera un poco más decente. Del Ascoli siguió al Rayo Vallecano, Rapid Viena y tuvo un desempeño interesante en varios equipos de Japón. Fue DT en Puerto Rico y no siguió en esa vía. Hoy vive en Italia donde tiene una escuelita de fútbol y colabora con su hermano Diego en lo que necesite en Europa.