En el verano de 1993 no había hinchas más felices que los del Olympique de Marsella: ganaron su quinta liga al hilo y de paso, se coronaron por primera vez en la Copa de Campeones, que, para hacer más romántica e icónica la cosa, ese año pasó a llamarse Liga de Campeones o Champions League.

El primer ganador de la Champions (y hasta ahora único francésse coronó ante un Milan que era realmente temible: Tassotti, Maldini, Costacurta, Baresi, Van Basten, Rijkaard y Papin. Esta combinación de estrellas dirigidas por Fabio Capello, herederos de la sabiduría de Arrigo Sacchi poco pudo hacer ante una escuadra muy inteligente, que logró anotar al 44 gracias a una inolvidable definición de Basile Boli.

En Marsella todo era alegría

Entonces, ¿qué podía salir mal?

Una vez terminados los torneos se conoció que el Marsella intentó sobornar a varios jugadores del Valencienne, entre ellos Christophe Robert y Jorge Burruchaga. La modalidad: enviar a un jugador, Jean-Jacques Eydelie, para que entrara en confianza con sus colegas (aparte, varios de ellos eran excompañeros del Nantes) y ofrecer 30.000 euros a cada uno si se dejaban perder.

¿Por qué querría el Marsella, sobornar al modesto Valencienne, antepenúltimo en el momento del duelo? Pues la razón es sencilla: el 26 de mayo, seis días después de ese compromiso, se jugaba la final de Champions en Múnich. El cuadro rojo y blanco jugaba por no descender y aunque la nómina era inferior, se hacía algo peligroso. Entonces, para llegar a la final, era conveniente ganar de forma segura para así quedar campeón a tres fechas del final de la Ligue 1 y enfocarse solo en la “Orejona”.  La jugada no salió tan bien, pues el duelo quedó 0-0  y la celebración de la Liga quedó postergada a la semana siguiente.

Tapie, el arquitecto del Marsella multicampeón

Pero, ¿quién podía estar detrás de estas prácticas?  En 1986, el actor, presentador televisivo y empresario de éxito Bernard Tapie compró el Olympique de Marsella. Y lo hizo a lo grande. Invirtió dinero, fichó a los mejores (Papin, Francescoli, Völler…) y ganó títulos: cuatro Ligue 1 (1989, 1990, 1991 y 1992), una Copa de Francia (1989) y la Champions League (1993). Atrevido y desenfadado, Tapie llegó a ser diputado, ministro y un gran negociante. Sus manejos siempre fueron señalados de turbios.

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Cuando se descubrió el soborno (más confesión de los jugadores del Valencienne), se apuntó primero al gerente deportivo, Jean-Pierre Bernès, quien ganó tiempo fingiendo una depresión producto de un tema familiar que le trajo complicaciones cardíacas. Estuvo internado.

El castigo

El primero en caer fue Eydelie, quien estuvo preso.  El 6 de septiembre vino el golpe fulminante: El Comité Ejecutivo de la UEFA, reunido en Zúrich, decidió  la expulsión del Marsella de la edición 1993-1994 de la Copa de Europa. No tuvo Marsella la oportunidad de pelear la Supercopa UEFA y no tuvo derecho de ir a la Intercontinental, tomando el derecho de pelear por ambos trofeos el Milan. Como si no fuera suficiente, perdió el título de Ligue 1 conquistado y además, fue relegado a segunda división.  La UEFA no le quitó la Champions por, quizá, el mérito que tuvo al derrotar a un poderoso Milan en la final y que no se encontraron irregularidades en el certamen.

Pero con el tiempo, esa “Orejona” se  manchó más. Años después, Barnes confesó que se intentó sobornar al CSKA y al Brujas para avanzar a la final sin problemas. Aparte, Eydelie, confesó casi quince años después, que a excepción de Völler, todos sus compañeros se doparon en la final, afirmación reforzada en declaraciones dadas por el propio Desailly.

Existe una coincidencia sospechosa entre el drama que vivió el Marsella y el que el vivió en 1982 el Standard belga, equipo que para poder enfrentarse al Barcelona en la mejores condiciones, compró a varios rivales de Waterscheid, recurso idéntico al que parece empleó el OM ante el Valenciennes para evitar lesiones que disminuyerán su potencial ante el Milán. La coincidencia se llama Raymond Goethals. En 1982 era el entrenador del Standard, en 1992 lo era del Marsella. Pero esta última vez, apoyado por un zorro viejo como Tapie. Pero, bien reza el dicho, “entre cielo y tierra no hay nada oculto”.

El polémico entrenador