Cuando hablamos al día de hoy de “Lula”, posiblemente ubiquemos rápidamente en nuestra memoria a Luiz Inácio Lula da Silva, polémico expresidente de Brasil. Pero al “Lula” que nos referiremos en esta ocasión se trata de un técnico brasileño multicampeón, con una enorme cantidad de títulos nacionales e internacionales. Fue la cabeza por doce años del exitoso Santos de Pelé, que conquistó a todo el planeta.

Luis Alonso Pérez “Lula”, nacido en 1922 e hijo de inmigrantes españoles, es posiblemente uno de los personajes más infravalorados del fútbol mundial. Y capaz, pasa por la historia que le rodea, que roza un poco lo jocoso.

Lula en una charla con el multicampeón Santos. Los muchachos lo amaban, pero nunca faltó un chiste

De entrada, decir que comandó el potente Santos de Pelé de los 60, ya es mucho decir. Al frente del “Peixe” ganó las Copas Libertadores e Intercontinental de 1962 y 1963. Es el único técnico en ganar cinco años consecutivos el campeonato brasileño (en ese entonces, Copa de Brasil) desde 1961 hasta 1965. Aparte, ganó ocho campeonatos paulistas (récord local también) y cuatro torneos Río-Sao Paulo, lo que en la época, también equivalía a un campeón nacional. Entre copas mundiales y regionales, sumó 34 títulos oficiales. Está entre los más ganadores del mundo.

Leyendo hasta acá, podemos imaginarnos un cerebro con la pizarra, adelantado a los tiempos. Un teórico del fútbol que quizás los años han ensombrecido su fama. Pero, la respuesta es un tanto cruda: Lula, según lo recuerdan, no era un dechado de virtudes futbolísticas. Sin embargo, era un gordo bigotudo y bonachón que comandaba un grupo de talentos que podían ganar cualquier cosa. Y lo hicieron. Su principal virtud era controlar los egos de un vestuario repleto de estrellas y mantener un ambiente armonioso, aparte de un ojo clínico para detectar figuras emergentes. En eso, sí podríamos afirmar que era campeón mundial.

Fue taxista en buena parte de su vida y de más joven, panadero. Quizás ahí forjó su personalidad afable. En la ciudad de Santos, se interesó por dirigir a niños por simple hobby y fue escalando en el ámbito local, al punto de ser requerido como interino del Santos tras la salida de Aymoré Moreira en 1954. Un “interinato” que duró doce años y medio, con tres decenas de trofeos ganados y el honor de haber dirigido a uno de los mejores equipos en la historia.

Los muchachos de Lula tienen en sus manos el “triplete” de 1962: Libertadores, Intercontinental y Copa do Brasil, en ese orden

Lula tenía buen ojo. A Santos llevó a Coutinho, el mejor socio del Pelé santista; Pagán y a Pepe, el cañón de Vila Belmiro.

Tan tonto no era. El construyó el “Ataque dos Sonhos” (ataque de los sueños), un sistema ofensivo de cinco hombres compuesto por  Dorval, Mengálvio, Coutinho, Pelé y Pepe. Juntos marcaron 295 goles en 99 partidos, de los cuales, 71 fueron triunfos.

En una entrevista, Pepe intentó desmontar la teoría de un técnico limitado:  “Los méritos son de Lula, que logró hacer el mejor ataque del mundo. Lula fue un entrenador muy simple, muy trabajador, pero muy inteligente”. Aunque el mismo jugador, dejaba en evidencia en la misma conversación la ingenuidad del bonachón: “Una vez él llegó y dijo: “ustedes cuatro del medio de campo hacen un triángulo”. La gente respondió  “es difícil cuatro hacer un triángulo”; y él retrucaba “ustedes, entendieron, ustedes entendieron …”.

Pepe trae como ejemplo de su forma de dirigir la Intercontinental de 1962 ganada a Benfica: “Él era el “papá” del grupo, todo el mundo jugaba por él, que sabía hacer un óptimo ambiente. Pero tenía sus locuras también. En 1962, Santos fue campeón del mundo, ganando al Benfica en Portugal, y cuando Lula anunció la alineación del equipo,  sacó uno de los mejores jugadores del equipo, Mengálvio, y puso a Lima en el centro del campo. Pero la sorpresa mayor fue colocar el Olavo de lateral derecho, siendo que él era zaguero central. Ganamos 5-2 y  Lula fue muy elogiado por los diarios de la época, pero Olavo tuvo mucha dificultad para marcar al Simões, la punta izquierda del Benfica que era un excelente jugador. Nosotros sabíamos la verdad, pero, lo importante es que ganamos”.

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Ser cabeza del grupo de futbolistas más talentoso del mundo sirvió para que ese humilde técnico se codeara con lo más granado del mundo. Fue invitado de honor en fiestas élite y viajó por las ciudades más cosmopolitas del orbe. De hecho, hizo una hermosa amistad con Pablo Picasso, quien le regaló varios dibujos. Fue popular entre las celebridades de la época.

Lula, por su cargo, tuvo una vida social muy activa

Pero, todo sueño llega a su fin. Santos era una máquina de hacer dinero y muchos técnicos querían dirigirlo, así como muchos dirigentes querían mandar en él. Próximos a una elección en 1966, un grupo de aspirantes utilizó a un inmaduro Pelé para sacar a Lula del equipo. Aunque nunca fue confirmado ni desmentido por “O Rei”, los rumores de la época hablaban de que Pelé y algunos compañeros decían que el equipo podía jugar solo y que merecían un técnico de mayor jerarquía. Un cambio incomprensible, en un equipo que ganó absolutamente todo lo que disputó.

Fue el día más triste para aquel técnico del que se decía que solo asignaba las camisetas. Al tiempo, pasó a dirigir al Corinthians y en 1968 tuvo una pequeña venganza: rompió una racha de 11 años sin ganarle al Santos, eliminándolo del Paulistao, el torneo más importante de clubes de Sao Paulo. Fue un hito, que saboreó de forma agridulce. No es fácil celebrar a pleno un triunfo sobre un creación moldeada por sus manos.

Según su hijo, Marcos Alonso, Lula recibió ofertas para dirigir de todo el continente. De hecho, cuando corrió la noticia de su salida del Santos varios clubes fueron a golpear la puerta de su casa. Marcos asegura que el mismo Real Madrid le hizo una jugosa oferta. “Su sueño era volver a Santos algún día. Rechazó todo. Mi madre insistía que era bueno para él ir a otro país donde valoraran su trabajo. Pero él fue terco”, recordó en una entrevista.

Lula conversando con Pelé, la principal figura de ese Santos de leyenda

Su salud iba empeorando proporcionalmente se alejaba de Santos. A finales de 1971 ganó otra directiva y esta le había dado la palabra de que sería el técnico de nuevo. Emocionados, la familia se juntó en Parque Balneario, un lugar que escogió la facción opositora para festejar su llegada al poder y anunciar al nuevo estratega. Mauro, exdefensa, fue el designado.

“Luego de este desencanto, mi padre murió a los seis  meses. La hipertensión arreció”, recuerda Marcos. Su salud tuvo muchísimas complicaciones luego de un trasplante de riñón, pero andar descorazonado aceleró su proceso de desmejora. El 15 de junio de 1972, con apenas 50 años, partió de este mundo.

Marcos Alonso asegura que de nuevo, Pelé estuvo detrás de esta segunda jugarreta. De hecho, no autorizó la imagen de su padre en la película “Pelé, el eterno” y entabló una disputa legal.

La historia ha sido muy injusta con Luis Alonso. Técnicos que no han conquistado ni el 10% de los logros de este bonachón, que no hablaba bien el portugués, son recordados con más respeto. Una armada historia burlesca, propia de la cultura brasileña, le ha impedido trascender los tiempos como es debido. Pero, su nombre está ahí, como timonel en 34 títulos y siendo amado por la mayoría de los jugadores de uno de los equipos más temidos de todos los tiempos. Digan lo que digan de él, Lula es inmortal.