Todos tenemos un ídolo de la infancia a quien queríamos o queremos imitar o al menos seguimos sus pasos de una forma especial, la pasión en cualquier ámbito de la vida se teje de alguna manera viendo a esos personajes. Cuando le preguntaron a Xavier Hernandez Creus quien era su ídolo antes de que debutara como jugador profesional de futbol, se fue por una respuesta fácil pero sincera: Su jugador favorito fue Dios.

Matt Le Tissier: Le God

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 Xavi creció, pulió su talento y se convirtió en uno de los mejores jugadores de la historia de España mientras que la vida bohemia de Dios en su forma humana no dio para que se canten epopeyas homéricas como ocurre con Pelusa, O Rei o Der Kaiser, por ejemplo. La filosofía de vida sencilla y cómoda que pregona el ídolo del jugador catalán nacido en Tarrasa dicta que No estamos aquí por mucho tiempo, por eso tenemos que pasarla bien, y vaya que fueron mas de 15 buenos años en Southampton para Matt, en uno de los puertos mas importantes de Inglaterra que renació de las cenizas tras los bombardeos nazis y que era solamente famoso por ser el lugar donde partió el Titanic hacia su fatal travesía. Famoso solo por eso, hasta que apareció Matt, Le God.

Dios no nació en la ciudad sureña inglesa y es que las deidades nacen donde se les pega la gana y así fue como en una pequeña isla perdida en el Canal de la Mancha llamada Guernsey que es regida por la Reina pero con tintes franceses nació Matthew Paul Le Tissier, el futbolista inimitable que llegó a la ciudad sureña de la isla mayor para no irse jamás, y así como Dios nace donde se le pega la gana por supuesto que también va a hacer lo quiera hasta cuando quiera. Matt había llegado al sur de Inglaterra y The Saints, el equipo de la ciudad iba a ser su paraíso por 3 lustros, Dios y Los Santos una combinación que puede parecer más que letal, sin embargo había otras prioridades. En una época donde la recién nacida Liga Premier era regida por el balonazo, el futbol deslucido, tosco  y donde unas piernas talentosas eran como una botella de perfume francés es medio de un lodazal  llegó Le Tissier para desarticular por completo aquella áspera ecuación futbolera. Seamos sinceros, aunque en éstos tiempos The Foxes hicieron lo imposible, en esos años el Southampton nunca iba a aspirar a algún título ni siquiera cuando Alan Shearer, el gran goleador estuvo jugando en The Dell.

Pero entonces ¿Por qué se le considera una deidad? Hagamos a un lado que entrenaba cuando quería, tenia una abultada barriga gracias a una dieta de cerveza y hamburguesas además que cuando se aparecía por el entrenamiento comúnmente sentía malestar estomacal debido al sustancioso desayuno que tomaba y prefería sentarse a descansar un rato, en el campo no corría como gallina sin cabeza al son de la nueva Liga Premier, mas bien él hacía correr a la pelota, algo que solo los jugadores sudamericanos y El Mágico González podían hacer en esos años.

Matt Le Tissier era totalmente diferente al jugador inglés, tal vez por no haber nacido propiamente en la isla británica y tener algo de la lengua romance en su sangre. Toda la vida bohemia que llevaba y que a cualquier mortal le hubiera causado estragos él la transformaba en una capacidad innata para jugar futbol, haciendo que la pelota pidiera a gritos ser pateada suavemente por sus botines o incluso ver y disfrutar como hacia un slalom cual esquiador cuando regateaba rivales. No estuvo en grandes batallas y es olvidado cuando se nombra a los mejores guerreros, pero eso solo pasó porque Le God decidió nunca separarse de sus Santos ya que su misión  fue que el modesto Southampton evitara año tras año el purgatorio, y vaya que solo Dios puede encomendarse una tarea como esa. Varios equipos pujaron por hacerse de sus servicios e incluso el mismo Southampton intentó venderlo varias veces para sanear sus finanzas. Matt siempre se negó respondiendo en la cancha y la afición se lo agradecerá hasta la eternidad, porque jugadores de un solo equipo ahora mismo son una especie en extinción. Juventus y el Mónaco pusieron millones de liras y francos pero él dijo que no valía tanto dinero y ni siquiera sabia decir cerveza en italiano. I’m out, Chelsea, que intentaba volver a figurar puso las libras esterlinas pero él estaba recién casado y dijo que a su esposa no le agradaba la idea de mudarse a Londres. I’m out as well y también pudo irse a Liverpool a Manchester o incluso a White Hart Lane, el campo del equipo por quien sentía cariño de niño, en especial por Glenn Hoddle pero él siempre decía que sus amigos estaban en el puerto del sur además de que no sabia si en esos lugares había buenos pubs.

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Esa vida desenfadada lo hizo estar a la altura de Poseidón en su ciudad pero le pasó una dolorosa factura en la selección inglesa donde sorprendentemente solo apareció 8 veces con el equipo nacional quedando fuera de la Euro de 1996, que era en casa y del mundial de 1998. Ni Terry Venables, ni Kevin Keegan ni Sven-Göran Eriksson pudieron con su estilo de vida perezoso y muchos menos acomodar a un jugador tan diferente en sus esquemas tan rígidos basados en el antiguo pelotazo inglés y así, su ídolo de la infancia, Glenn Hoddle lo dejó fuera de la lista inglesa para el mundial de 1998. A pesar de que si cumplió su sueño de vestir la playera de los Tres Leones nunca pudo figurar siquiera un poco al lado de Seaman, Gascoigne o Sheringham. Desde 1986 hasta 2002 solo se dedicó a guiar a sus Santos y cuando su cuerpo mortal no pudo mas debido al sobrepeso y varias lesiones se retiró a los 33 años en un partido oficial contra el West Ham y otro de homenaje contra la selección inglesa con The Dell, el antiguo estadio de The Saints lleno a reventar. Su promedio de gol es normal, nada que espante y es que Matt no marcaba goles, solo se dedicaba a marcar golazos, contando con la anécdota de que en su vida solo falló un penalti de los 50 que cobró, corriendo a felicitar y desear buena suerte a Mark Crossley el portero del Nottingham Forest que osó detener una pena máxima a Le God en 1993.

Matt ahora es comentarista de futbol, tiene licencia de entrenador, licencia eterna en los pubs de Southampton además de ser el presidente del Guersney FC el club de su isla natal. Pudiendo brillar en el Bernabeu, en San Siro o donde se le pegara la gana, Dios decidió jugar una cascarita de 16 años con los mortales en la ciudad mas cercana a donde nació contestando a quienes siempre le hacían la misma pregunta con lo siguiente: «Jugar en los mejores clubes es un bonito reto, pero hay un reto mucho más difícil. Jugar contra ellos y ganarles. Yo me dedico a eso”.

 

Y cuando se entero de que fue ídolo de Xavi pensó en mandar a hacer una playera que dijera: «Xavi Loves Me».