Dos flamingos (flamencos) blancos con miradas en direcciones opuestas, se entrecruzan una de sus dos patas rosadas, erguidos y encerrados en un escudo de armas. Alrededor de este, la frase “Club Internacional de Fútbol” (que se puede prescindir para una versión reducida del emblema) y encima de las aves más tradicionales del sur de la Florida la palabra del hogar: Miami.


El proyecto de David Beckham ya tiene identidad, escudo y colores. Será el rosado, de las simpáticas luces de neon que alumbran la noche más tropical de Estados Unidos, más el negro, para darle contraste y fuerza. Esos colores, con ese escudo, ocuparon portadas enteras de los diarios de la ciudad y apareció en los murales de las cosmopolitas paredes de un lugar que se jacta de ser epicentro del arte moderno. Para 2020, Miami tendrá equipo en la MLS y eso, tiene animada a la ciudadanía, que en tiempo reciente, ha recibido visitas de lo más granado del fútbol mundial en los recesos entre ligas.

Faltan muchos flecos. Por ejemplo, que en noviembre, los ciudadanos deben votar si aceptan la construcción del Miami Freedom Park, donde se encuentra actualmente el único campo municipal de golf de la ciudad, Melreese Country Club. Beckham y los inversionistas, prometen un estadio moderno para 25 mil personas, más 23 canchas de uso público. Aparte, en lo obvio, debe armar un equipo competitivo.

Sería la segunda incursión de Miami en la MLS. Tras los primeros cinco años de la Major League Soccer y la curiosidad que había despertado en el país, el sur de la Florida había reclamado fútbol para una zona con mucha influencia hispana. En la primera expansión, en 1998, se añadió a Chicago Fire para la Conferencia Este y Miami Fusion para la Conferencia Oeste. El cuadro mayamero tomó como hogar el Lockhart Stadium de la cercana Fort Lauderdale y que en la época de la mítica NASL (la de Pelé con el NY Cosmos) dio cobijo al Fort Lauderdale Strikers.


El Fusion fue el primer equipo de la Major League Soccer en usar un campo de fútbol como tal. Las otras franquicias (Columbus Crew, D.C. United, New England Revolution, NY/NJ MetroStars, Tampa Bay Mutiny, Colorado Rapids, Dallas Burn, Kansas City Wizards, Los Angeles Galaxy y San Jose Clash) utilizaban los estadios de fútbol americano.
El 15 de marzo de 1998 hace su estreno oficial en la MLS el Fusion, de la mano del empresario local Ken Horowitz, que ya venía abonando el terreno desde 1995. Con transmisión nacional de la cadena ABC, colgaron en el Lockhart el cartel de “todo vendido” y con una asistencia de casi 21 mil espectador, el debutante cayó con el campeón DC United 0-2.

La principal atracción era Carlos “El Pibe” Valderrama, que decidió pasar sus últimos años como profesional en Estados Unidos. Llegaba a Miami tras un par de buenas temporadas con el Tampa Bay Mutiny. También formó parte del equipo el mítico Eric Wynalda. En cuanto a números, Diego Serna, colombiano que llegó de Independiente Medellín a este equipo, fue el máximo goleador histórico con 52 dianas en 100 partidos (también tiene el récord de más partidos jugados, con 100).

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En el año 2000 fue finalista de la Open Cup, cayendo en el último partido ante Chicago Fire. Aunque la asistencia bajó a un promedio de 10 mil personas empezando el nuevo siglo, en el año 2001, ganaron el Supporters´Shield, trofeo que se lleva el ganador de la ronda regular. En los play off ese año se perdió en semifinales.
Sin embargo, esa buena temporada no sirvió para salvar al equipo, que era el cuadro con menos ingresos por taquilla y por patrocinio de toda la MLS.


Durante sus primeros cinco años, la MLS reportó pérdidas de 250 millones de dólares. En el receso del año 2000 al 2001, se dejó correr el rumor de que la liga reduciría su número de participantes de doce a diez. En enero de 2002 se conoció la triste noticia: se sacrificarían los dos equipos de Florida, Tampa Bay Mutiny y la Fusión. Ken Horowitz, el propietario, explicó que Fusion era el equipo con menor ingreso de la liga, aparte que en sus cuatro años de existencia dejó pérdidas por 15 millones de dólares. En el análisis de esta quiebra, pasan varios factores, entre ellos que la liga tenía su climax en el verano, época del año en la que Miami tiene miles de distracciones y aparte, los campamentos escolares de fútbol están en su apogeo, apartando un público sensible de la asistencia al estadio. El calor propio del verano y las lluvias alejaron al público, aparte de que el estadio no es el más cómodo para que asista en masa. En 2015 se registró un equipo con el nombre de Miami Fusion en la National Premier League Soccer, equivalente a la cuarta división.
Por último, y es algo que Beckham debe trabajar y tener en cuenta, buena parte de los habitantes de Miami provienen de otras latitudes, por lo que cuesta identificarse con los equipos locales. Lo padecieron en su momento Heat (baloncesto), Marlins (béisbol) y Dolphins (fútbol americano).

Pero, al menos para el fútbol, todo ha cambiado. Miami registra buenas entradas en la International Champions Cup (el torneo veraniego que reúne a lo mejor de Europa) y en la MLS ya no hay perdidas, sino crecimiento. En EE.UU. el fútbol es el deporte más preciado entre los millenials y se espera que el complejo deportivo esté ubicado en una zona más accesible. Y de entrada, conociendo lo ocurrido con Fusion y el manojo de raíces latinas que hacen vida en Miami, el nombre en castellano ya viene siendo un gancho para una comunidad que puede sentirse muy identificada, aún sin el primer “kick off”.
“El fútbol en este país ya se quedó, y eso es lo que queríamos como deportistas”, agregó el “Pibe” Valderrama hace un par de años.

Y Serna, que a sus 42 años aún es futbolista en la nueva versión del Fusion, da una sentencia optimista: “Hay una fuerza que antes no había y ahora ven que Miami necesita una sede. Al Fusion lo recuerdan como un equipo que estaba creciendo y no pudo avanzar porque no tenía empresarios reales de fútbol. Ahora relacionando a Beckham con Europa y el mundo financiero, creo hay todo para hacer algo importante”.