Érase una vez, hace no tanto, que la de Italia era reconocida unánimemente como la liga más competitiva del mundo: Rossi, Platini, Maradona, Gullit, Van Basten, Matthaeus, Baggio, Weah, Ronaldo, Zidane… Entre 1980 y 1999, nadie podía ser considerado el mejor hasta no evidenciarlo en el Calcio.

Luego vino Bosman y globalizó a las ligas de España e Inglaterra. Entonces aparecieron Florentino y Abramovich, y más tarde el Jeque de en turno para seducir a billetazo limpio a los cracks del planeta. Y después, una vez reducida a plato de tercera mesa, de entre las cloacas de la Serie A salieron ratas, adefesios y demás pestes tras ser destapada la mafia entre árbitros y clubes. El año que viene, la Bundesliga se subirá al podio en el tabulador UEFA y con ello Italia perderá esa cuarta plaza de Champions a cuyo equipo siempre eliminaban a las primeras de cambio.

Si con razón suele juzgarse que la Liga Española se convirtió en excluyente competencia de dos: Barcelona Vs Real Madrid; la Liga Italiana tornó en sosa contienda de uno solo: Inter contra Inter. La Vieja Señora sufre artritis, osteoporosis y reumatismo, entre otros achaques. El Milan se ha convertido en mitad asilo de ancianos (Seedorf, Inzaghi, Nesta, Zambrotta, Yepes, Oddo…) mitad casa hogar de chicos malos (Gattuso, Ibrahimovic, Robinho, Van Bommel, Cassano, Boateng…) Los equipos capitalinos tienen más broncas que Berlusconi. Y dado que por primera vez el Internazionale no puede consigo mismo; el Scudetto será bordado en la camiseta del menos malo. Ojalá sea el Napoli.

¿Y a qué viene todo este recuento?, dirán. Pues a que se jugaron octavos de final en la Champions League y en los juegos de ida sucumbieron tres locales: la terna de clubes italianos. Y dicho sea de paso, entre los 32 finalistas de la Europa League apenas sobrevive un representante del otrora glorioso Calcio, mismo que hoy pinta para ser eliminado en Villarreal.

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No es necesario acudir al archivo de Sudáfrica 2010 para deducir que Italia vive una alarmante crisis. Con ver a Thiago Motta enfundado en la casaca azzurra basta para dimensionar la gravedad del asunto.