mazaUno 91… en un país donde la media mide un cuarto de metro menos. Flaco, desgarbado, con el pelo chino y seboso a medio cantar: largo, pero no mucho; y con un nombre común, pero que no dan ganas de decir. En lo que escribo “Francisco Javier Rodríguez” ya me llevé media columna.

Una mañana de otoño, a Daniel Guzmán le contaron que en el filial jugaba una torre infranqueable: un defensa de los que no encuentras entre un millón. Era jornada doble y el Guadalajara estaba en cuadro por lesiones y sanciones; aparte Guzmán no tenía jefe a quien rendirle cuentas, pues Jorge Vergara llegaría semanas después. Esto, junto al hecho de que los partidos jugados a mitad de semana pasan casi desapercibidos, hizo más sencilla la valiente decisión de poner al larguirucho de titular contra el Morelia.

aesculus-tronco1Las crónicas de la época destacaron que “con base en una férrea defensa, Chivas volvió al triunfo”. El Maza, siempre congruente con su apariencia física, llevó el antiestético ‘44’ en la espalda, jugó los 90 minutos, su equipo no recibió gol y trepó al liderato de grupo. El debut soñado.

El problema vino tres días después: Chivas repitió alineación contra Pumas… y se comió siete. Cuando iban 2-1, Rodríguez cometió la grosería de retrasarla sin fuerza para Oswaldo, Trujillo interceptó la bola y así empezó la mayor humillación sufrida en la historia del Rebaño. Guzmán maldijo la hora en la que confió en las buenas referencias que le dieron de aquel tronco, y no volvió a convocarlo.

Maza volvió a Primera un año después, siguió exhibiendo por muchos torneos la torpeza con el balón y las distracciones del primer día; fue a Alemania 2006 y, cuando fichó por el PSV, hubo quien coronó a su representante, fuera quien fuera, como el mayor genio que pisó este planeta.

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Ahora lleva el pelo corto, luce el mítico dorsal ‘4’ del eterno campeón holandés y es, en la temporada previa al Mundial, el mexicano con más minutos disputados entre todos los que juegan, o entrenan en Europa. Hay maderas que sí agarran el barniz.