Cristiano Ronaldo llegó al 24 de noviembre de 2017 con un miserable gol registrado en el torneo de Liga. Su segunda anotación cayó hasta la Jornada 13. El Real Madrid daba pena aun en los tiempos de Cristiano. Aunque crean que sin él todo es peor.

La temporada pasada el Real Madrid sumó 17 puntos menos que el Barcelona. Y le metieron 44 goles: el doble que al Atlético de Madrid. El Madrid ya era un desastre cuando Keylor Navas era el guardián de su portería. Aunque cuenten que Courtois no debió haber llegado.

El actual tricampeón de Europa perdió ocho de las últimas 10 Ligas. Y fue eliminado en 23 de las últimas 25 ediciones de la Copa del Rey. O sea que, rocambolescas Champions Leagues aparte, el Real Madrid no daba una ni con Zidane, ni con Ancelotti, ni con Mourinho. Aunque Lopetegui parezca peor.

Dos semanas atrás, todo era de color pastel. Gareth Bale alternaba su vuelo por derecha e izquierda. Benzema era un gato salvaje que las metía de dos en dos. El Madrid tenía toque, ganaba, goleaba, maravillaba, ilusionaba, asustaba. O eso parecía. En realidad, la única diferencia substancial entre aquel remoto septiembre y los cien meses anteriores fue que Sergio Ramos pateaba los penales.

Aunque el brote de amnesia causado por la decimotercera Champions esconda que Navas también la cagaba, o que Cristiano no solía echar a andar antes de finales de febrero, o que Zidane necesitaba lesiones de las figuras contrarias y errores insólitos de los arqueros rivales para ir avanzando rondas en una Copa de Europa donde Tottenham, Juventus y Bayern le pasaron demasiados minutos por encima; lo cierto es que la inconsistencia ha sido el statu quo del Real Madrid desde el fin de la Quinta del Buitre, allá por 1990.

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Con y sin Cristiano. Antes y después de Zidane. Más allá de Keylor Navas.