de_donelliLa historia entre México y Estados Unidos nació mal parida. No hablo por supuesto, de la invasión del año mil ochocientos cuarenta y tantos, sino del primer partido de futbol jugado entre ambas naciones en 1934: cuando EU nos dejó fuera del Mundial con cuatro goles de un tal Donelli.

Cuentan las crónicas de la época que el estadio romano en donde se celebró el partido estaba a reventar, que Mussolini no encontró mejor pendiente en su agenda que asistir puntual al palco de honor, y que México jugó mejor que los gringos a pesar de la goleada. Sí: la prensa deportiva infla absurda e impunemente a la selección desde los tiempos más remotos.

Si bien las cosas cambiaron sustancialmente en los 60 años subsecuentes a tan insigne encuentro, en 1991 EU comenzó a construir una hegemonía que este año cumple ya la mayoría de edad. La patética exhibición de la selección C estadounidense en Nueva York (entendiendo que los suplentes de la Confederaciones vendrían a ser el representativo B) no altera 18 años de una paternidad que podría certificarse en el Estadio Azteca: la única trinchera en todo el planeta donde la selección mexicana se siente a salvo de los gringos.

Hoy, a juzgar por el ventajista horario del partido: a las 3 PM por si las moscas, hasta la fe en el recinto sagrado ha dejado de ser ciega. Es cierto que la US Soccer también aprovecha las condiciones de Columbus para enfrentar a México, pero jamás ha llegado a la desfachatez de programar algún juego a las 11 de la noche, esperando a que arrecie el frío.

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A 75 años del primer duelo en Italia, la historia amaga con repetirse. Hace tiempo que murió el fulano con nombre de calcetín, pero nos heredó a su bisnieto Donovan: actualmente el futbolista más determinante de Concacaf.

Faltan ocho días. Ni intenten hablar de otra tema.