Ajax 1995Noviembre 3: Un gol de Chamakh profana otra vez el Allianz Arena. Girondins se lleva un 0-2 de su visita a Múnich y califica a costa de un Bayern de pena ajena, virtualmente eliminado de la Champions tras sumar cuatro miserables puntitos en idéntico número de juegos. Queda claro que Louis Van Gaal ya no está para estos trotes.

Mi generación nunca saldará su deuda con el ogro holandés. Fue su Ajax y ningún otro equipo el que nos introdujo al mágico y hasta entonces inexplorado mundo de la Champions League en una entrañable época en la que podías ver los partidos en diferido, pues enterarte del resultado era tan complicado como hoy en día lo es el no hacerlo. Con el Ajax de Van Gaal acuñamos la tradición de encender ESPN cada miércoles al volver de la escuela. Pronto nos familiarizamos con su publicidad en sentido vertical (ABN AMRO), descubrimos las propiedades del futbol en estado puro, y nos conmovimos el día en que rindieron al Milan invencible.

van Gaal En la última docena de años, antes de volver a dirigir en una Final de Champions, Van Gaal tuvo tiempo de debutar a Xavi, Puyol, Valdés e Iniesta, de transformar a su entonces traductor José Mourinho en director técnico, y de hacer campeón al AZ Alkmaar, un club que con otro entrenador no lo hubiera conseguido ni siquiera en el Xbox. En el interludio, todo hay que decirlo, fue capaz de dejar a Holanda sin Mundial.

Pero volvamos a 2009. En pretemporada, el debate de la afición bávara giraba en torno a quién sería el suplente entre sus tres formidables delanteros: Luca Toni, Miroslav Klose o Mario Gómez. Hoy, el Bayern araña el trébol (Copa, Liga y Champions) con Ivica Olic y Thomas Muller en punta: las entonces alternativas cuatro y cinco en ataque se ganaron la confianza de un técnico incapaz de evaluar cualquier cosa que no sea el trabajo diario.

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Su Bayern salvó tres vidas en la Champions (humilló a la Juventus, echó a la Fiore de panzazo y, quién sabe cómo, eliminó al Manchester). Ya encarrilado y con sobredosis de estamina, domar al Lyon en semis fue cosa de niños. Ni siquiera le hizo falta su estrella Franck Ribery, ausente en espíritu durante todo el año y varias veces en cuerpo también. El equipo de Van Gaal es tan compacto que cabe todo en una mochila, que Arjen Robben llevó en su espalda hasta la gran Final del Santiago Bernabéu.