LA CONTRACOLUMNA | La Amenaza de la quinta vocal
LA CONTRACOLUMNA | La Amenaza de la quinta vocal

Hojeo en la cola del súper Sports Illustrated, biblia del deporte de los Estados Unidos. Una perversa conspiración debe entretejerse cuando la portada de esta semana no está dedicada a Alex Rodríguez, LeBron James, Tom Brady, Serena Williams ni Tiger Woods… iconos cepillados por gracia de Mario Balotelli.

Cayó en casa ante Costa Rica. Fue goleado por Brasil. Empató contra Canadá dos veces. Perdió en Jamaica. Y en Honduras. No pudo en Guatemala. Venció de chiripa y con gol de último segundo a una selección que le hace honor a mi abuela: Antigua y Barbuda. Ni siquiera el Chepo lo hubiera hecho peor que Jürgen Klinsmann. Si el alemán mantuvo la chamba fue gracias a que nadie pierde tiempo en Estados Unidos dedicándole atención al único deporte en el que son malos. Por ahora.

México sigue siendo el gigante, de eso estamos seguros. No importa que ellos ganen siempre el hexagonal, ni que se hayan llevado la última Copa Oro, ni que les haya ido mucho mejor cuando fueron a la Confederaciones. Somos mejores y a los Mundiales nos remitimos. Pero que nadie haga cuentas, porque descubrirá que los resultados de México y EU en las Copas del Mundo celebradas en el siglo XXI son prácticamente idénticos: cinco derrotas y cuatro empates registran ambas selecciones. Tres victorias contra cuatro, favor nuestro. Les ganamos por una nariz.

Ahora mismo no puede cundir el pánico. Donovan está viejo, Dempsey extrañó los hot dogs, Bradley no la arma en ningún lado. Sus resultados en categorías menores dan pena. Tras 20 años que lleva la MLS haciendo los mandados de la Liga MX, la evolución del futbol en Estados Unidos goza de la credibilidad de Pedrito gritando ahí viene el lobo. Y sin embargo, algo está cambiando. De veras.

Balotelli en la portada de Sports Illustrated
Balotelli en la portada de Sports Illustrated
Hace días caminaba por la meca de la cultura yankee: Time Square. De entre la orgía de luces y anuncios que iluminan el epicentro neoyorquino sobresalía una gigantesca imagen de Gareth Bale, brazos abiertos al grito de gol. Inquietante.

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La NBC (equivalente al canal 2 de México) pagó 250 millones de dólares por los derechos de la Premier League. Transmitirá los diez partidos de cada jornada, en inglés y en español, por tres años. Recientes estudios de mercado indican que la MLS superó ya a la NHL como cuarta liga más seguida del deporte norteamericano. Eso no me asusta.

Las 12 victorias consecutivas del equipo de Klinsmann tampoco me espantan. Su envidiable gestión de fechas FIFA (en los últimos dos años se metió en Francia, Italia, Rusia y Bosnia; recibió a Brasil, Alemania y Bélgica) no me inquieta. No temo a la generación de jóvenes gringo-alemanes de quienes se nutre cada vez más la Bundesliga. Las academias de alto rendimiento, cocina de cracks mexicanos a fuego lento, me hacen lo que el viento a Juárez. Tampoco me intimida que tres de sus porteros salvaguarden a destacados equipos de la Premier League, mientras el nuestro se sigue comiendo los mocos en el Ajaccio.

No me perturba que Seattle Sounders esté a la par de Tigres y Monterrey en promedio de asistencia, ni que en el estadio de Portland Timbers se respire tanto ambiente como en el Olímpico de Pumas. Ni siquiera me aterra ver a Bale y a Balotelli insertados de golpe en la subcultura urbana de las barras y las estrellas.

Es hasta detenerme en páginas centrales de la revista cuando entro en pánico: esa letra U me hace tragar saliva. Para referirse a este deporte los gringos empiezan a emplear de manera cada vez más constante la palabra ‘futbol’. Empiezan a entender que sustituir la doble O es suficiente matiz para diferenciar su football del nuestro. El término soccer pronto estará en desuso. Ahora sí, nos cargó el payaso… ¿Encontró todo lo que buscaba?