Quien diga que el Real Madrid, por su historia, está obligado a jugar bien está perdido. El único compromiso del Real Madrid para consigo mismo es simple y llanamente ganar. Por las buenas cuando ha estado a su alcance, por las malas las más de las veces. Así es hoy, así ha sido durante los últimos 10 años y digan lo que les digan, así fue siempre.

No se confundan. El Madrid nació exclusivamente para ganar, y por eso es el más ganador de todos los tiempos. Si pretendiera ser el adalid del buen juego, Mourinho no sería su entrenador. Si entendiera el señorío como una de sus virtudes innegociables, Mourinho no sería su entrenador. Si su ego no se alimentara de puros títulos, ¿adivinen qué?… ¡Mourinho no sería su entrenador!

Y el Madrid de Mourinho gana. De vez en cuando empata. A veces juega mal y a veces peor. Así era con Pellegrini, aunque metiera el triple de goles. Así fue con Juande Ramos, aunque con él ganara el doble de partidos. Así ocurrió con Schuster y con Capello, aunque en esos entonces sí levantara algún trofeo.

Hasta ahora, el único beneficiado por la llegada del técnico portugués se llama FC y se apellida Barcelona. ¿Qué el Barcelona ganó Copa, Liga y Champions?… ¡No os preocupéis! El Madrid se gasta 300 millones en Kaká, Benzema y Cristiano para que su rival recargue motivación. ¿Qué el Barça podría relajarse tras ganar la Liga con la bestialidad de 99 puntos?… Pues el Madrid va y sacude el panal de abejas blaugrana trayéndose a Winnie Pooh, versión Simpatías como entrenador.

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El Madrid es el mismo. Su uniforme sufre cambios imperceptibles temporada tras temporada; su futbol, no. Casillas sigue siendo el héroe solitario, Pepe continúa pidiendo a gritos que lo encarcelen, el 7 es un ente aparte, e Higuaín aún reserva sus goles para los partidos que más le gustan: los de menor trascendencia.

Está en octavos de final de la Champions y seguirá despachando rivales en la Liga. Pero esos objetivos ya los conseguía en automático mucho antes de que llegara Mou. Entonces, ¿a qué vino el luso? Sencillo: a ganar los octavos de la Champions y los derbis contra el Barcelona. El Madrid ha perdido la dignidad y lo que realmente le interesa: títulos, en esos cuatro partidos. Los otros 45 son pura paja… y como tal deben ser evaluados.