Como novia de pueblo se quedaron Olimpia y sus aficionados después de perder la final de la Copa Libertadores contra Atlético Mineiro. Creían tener el título en la bolsa y hasta tenían fiesta preparada, siendo el aperitivo el autobús rotulado con la leyenda de Campeón, vehículo que calentó motores para festejar en multitud. Pobre camión, tuvo que ser guardado.

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