Hace apenas una semana, la imagen de un brasileño bigotón abrazando desconsolado su copa del mundo durante la goleada de Alemania a los anfitriones dio la vuelta al mundo. Parecía que nunca jamás en su vida volvería a sonreír.

Pero las alemanas son tan generosas que se despidieron del señor y le agradecieron por la copa. Después de todo, al señor le fue bien.

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