Ni sus compañeros (todos de espalda), ni su banca (…ardillas), ni mucho menos la afición local (interesada en que su equipo empatara). Nadie le avisó al pobre portero que el enemigo le soplaba la oreja.

Sucedió en la Tercera División alemana… Y lo que es más importante: ¡al minuto 93!

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