Thomas Müller es un futbolista diferente en todos los sentidos. Es muy desgarbado y poco elegante, su suerpo tan caricaturesco no es fácil de relacionar con el Alemán standard. Pero a su vez, es de los pocos germanos de la selección que tiene fortaleza mental, espíritu inquebrantable y voluntad para sobreponerse a la adversidad.

Un hombre hecho para los grabndes momentos que además es un jugadorazo y un llorón. También tiene conexión con la grada y lo demostró al final del partido en el que sodomizaron al Porto, cuando se subió en la maya metálica, tomó un megáfono y comenzó a cantar con los aficionados.

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