Con motivo del Día Internacional de la mujer, recordamos a una mujer que fue pionera en el deporte europeo, Ana María Martínez Sagi. Primera mujer que ocupó un puesto directivo en el FC Barcelona.

La voz es el atributo humano por excelencia. En un mundo donde todos los seres tienen sensibilidad, vista, olfato, oído y gusto más desarrollado que los humanos, la voz es lo primero que nos legaron nuestros ancestros para distinguirnos. No por nada “Dios dijo hágase la luz”, por algo fue el verbo el que se hizo carne y no un chasquido, una mirada o un resoplido. Por algo es necesario presenciar 2 primeras veces en un hijo más que otras: Sus primeros pasos y sus primeras palabras. El movimiento y la voz. La Furia y el Sonido.

¿Pueden imaginar nacer sin voz? Claro, muchos pueden imaginar ser mudos o incluso sordomudos. Pero incluso ellos han conseguido, a lo largo de los años, tener una forma de expresarse, de darse a entender y de entender. No, yo me refiero al hecho de que tu voz no sea oída en lo absoluto, por que eres menos que un humano.

Ana María Martínez Sagi nació en una familia burguesa de Catalunya. Era una familia acomodada, con una cuenta bancaria importante y con posibilidades de ayudar a sus hijos para emprender lo que quisieran, todo gracias al emporio textil del padre. Pero con todo eso a su favor, “La Sagi” nació sin una voz para expresar sus deseos.

Su madre, conservadora recalcitrante quería un hijo, anhelaba otro varón para que jugara con Armand, pero le tocó una niña. Entonces la crio como se criaba a las hijas no deseadas en esa época, sin hermanas, sin amigas y sin amor. Pero Ana María supo darle la vuelta a eso, aprendió a callarse y a buscar que su sonido retumbara por toda España. Aprendió el juego de los villanos con Armand y sobre todo con su primo Emilio, hijo de un barítono que se ganó todo por sus privilegiadas cuerdas vocales. Si alguien quiere saber sobre el primo Emilio, pregunte a los más ancianos por Sagi-Barba, miembro del primer equipo campeón de liga en la historia del futbol español profesional.

Ana María desarrolló amor al deporte y lo compaginó con una extraordinaria capacidad para hacer reportajes y para escribir poemas. Con 21 años fue una de las madres del Club Femeni i d’Esports, la primera asociación deportiva y cultural para mujeres trabajadoras. Dónde además se dedicaba a alfabetizar a las mujeres que no habían nacido con la estrella para merecer estudiar. Como miembro de esta organización, llegó a ser subcampeona nacional de tenis. Pudo ser Margaret Court 40 años de que naciera Margaret Court, pero eso era muy banal, y no iba a detener una partida a la mitad sólo por la presencia de los reyes.

En 1929 ya tenía su primer libro de poesía publicado, en él se mostraba disruptiva y fiera contra el orden establecido, modernista sin vicios y con una voz propia que Unamuno y Machado supieron valorar. Además, escribía en el periódico “La Rambla” de manera continua, alentando a la mujer a exigir el derecho básico de… votar.

En octubre de 1931 las mujeres al fin lograron el derecho al voto en España, ese mismo mes, la revista ABC le dedicó la portada a “La Sagi” por ser capitana de la selección catalana de atletismo, en la que ella destacaba en lanzamiento de jabalina. Un año después consigue la medalla de Oro en estos juegos gracias al lanzamiento de jabalina. Además, la reconocen con el premio Joaquín Cabot.

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Pero no todo podía ser alegría en la vida de una mujer. Ese mismo año muere su padre y entonces su madre la obliga a abandonar al amor de su vida, la escritora Elisabeth Mulder. A ella le dedicaría su segundo poemario. Sumida en la tristeza, dejó la casa familiar para no regresar nunca y abandonó su promisoria carrera deportiva para dedicarse al periodismo y a la poesía.

Pero el mundo estaba lleno ya de poetisas (a ella siempre se refirieron como poeta), mujeres de la aristocracia que usaban los domingos para jugar al tenis o al polo. Incluso, aunque menos, ya existían periodistas que peleaban por el voto y los derechos femeninos. Ana María iba a levantar la voz de una manera en la que no se volvería a ver en más de medio siglo. Siguió escribiendo para “Las Ramblas” y a los 27 años, a petición de Josep Sunyol, presidente del Barcelona, editor del semanario, político nacionalista catalán y eventualmente mártir del Franquismo, se unió a la junta directiva del Barcelona. La primera mujer en el mundo que se podía sentar a la mesa de un equipo de futbol para tomar decisiones.

Ahí su voz fue acallada cada vez que intentó hablar, como vocal, su intención fue crear una escuadra femanil del Barcelona. Gritó, reclamó, alzó la voz, discutió y finalmente, perdió. Un año después de asumir el cargo, abandonó al equipo, frustrada e impotente. Por fin tenía voto, pero su voz quedaría perdida.

Luego estalló la guerra civil española, y durante el franquismo vivió exiliada en Francia. Ayudó a la comunidad judía a escapar de la tragedia, incluso llegó a ser condecorada por Moshe Dayán. Su inteligencia y su necesidad de entender la voz le dio para graduarse en filología hispánica y francés, además de dar clases en Illinois. La tragedia le quitó al único hombre que la hizo enamorarse y también se llevó a su hija.

Pero la voz que levantó en el FC Barcelona alguna vez quedó impregnada en las paredes de Les Cortes y fue adoptada en el Camp Nou y en la Masía. 55 años después de que Anna Maria Martínez Sagi se convirtiera en directiva del Barça, lo hizo la segunda: María Teresa Andreu, que llegó a ser directiva de la UEFA.

Actualmente Layhoon Chan (Valencia), Amaia Gorostiza (Éibar) y Victoria Pavón (Leganés) presiden un equipo de Primera División en España. Hoy el Barça tiene en su equipo directivo a dos mujeres (Maria Teixidor y Marta Plana), 37.863 socias (26,6%), 45.320 peñistas (28,3%), 244 empleadas (44%) y la cifra de jugadoras con contrato o de mujeres de los diferentes equipos técnicos es de 62 (9%).

Alguna vez tuvo oportunidad de escribir lo siguiente, recordatorio eterno de que las mujeres nacieron sin voz: “Mi voz se ha perdido en las esquinas el aire y del olvido. En un sueño mohoso sin salir de mí vivo. Es otra la que impávida recorre los caminos.” Un recordatorio de que aún falta demasiado para que las mujeres puedan presumir una voz como la que tenemos los hombres, pero recordemos que una voz que se pierde en una esquina siempre dobla a otra acera, y una voz tan potente como la de la Sagi jamás debe ser olvidada.