Novedad: Por primera vez en decenas de años, quizás por vez única, Argentina no se siente favorita. Ni la incendiaria prensa local, ni los jugadores y menos los aficionados creen que esta selección, en evidente transición generacional, pueda romper la maldición de casi 30 años sin títulos absolutos.

Desde la Copa América de Ecuador 1993, la albiceleste no ganada nada. Ha sido muchas veces finalista, pero al acabar el torneo, a casa van las medallas de plata. Más allá de que el plantel actual no cause mayor emoción por sus nombres, el hastío por los trofeos que no se dejan atrapar se hace latente.

Hoy, realmente tiene un plantel de nuevas figuras y pocas esperanzas. El argentino nunca había experimentado esto. Siempre, aparte de Messi, habían unas cinco figuras más que podían generar optimismo. Hoy es Messi, con un puñado de “pibes” que quieren hacer grupo.

“Hay que buscar qué queremos. ¿Si satisfacer a la hinchada a corto plazo y equivocarnos del todo? Si sales campeón nadie se fijará en cómo se juega, pero yo quiero ver cómo se juega, qué pretensiones tenemos… porque desde hace mucho los argentinos sólo tenemos a Messi”, dijo en una entrevista reciente Mario Kempes, campeón del mundo con Argentina en 1978.

Su némesis, Brasil, aunque pierde fantasía, es el principal favorito: bien estructurado y con figuras que cumplen. Uruguay, vecino y gran rival, tiene un proyecto de años y una dupla de ataque fantástica con Luis Suárez y Cavani. Colombia, aunque con nuevo técnico, acumula figuras de talla mundial que le hace un rival potente.

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Al menos tres equipos se ven más robustos que Argentina. Lionel Scaloni ha tenido un ciclo con tiempo para armar un equipo interesante, pero el once, el esquema del mismo es toda incógnita. Al primer día contra Colombia hay más dudas que certezas.

De los 23 seleccionados en Argentina, solo nueve futbolistas jugaron el Mundial de Rusia, un mensaje claro de que en el país del sur del continente quieren sangre nueva, jugadores con hambre y proyección para el Mundial de Catar en 2022. Dentro de esto, hay un paso positivo, ya que por primera vez, oídos sordos a una nación que señala y hunde el dedo con saña. El proceso como prioridad en este caso.

Otro elemento a considerar, es que luego de muchas convocatorias se mira al torneo local. Muchos de los llamados hacen vida en Argentina, sin priorizar al jugador «europeo», como fue costumbre. Aparte, como elemento adicional, César Luis Menotti, aparece como un coordinador de desarrollo de selecciones. Hay plan y estructura para un futuro no tan lejano.

Si se analiza en frío, a lo mejor no hay esperanza para esta Copa, pero sí para el futuro. A la Albiceleste le falta un poco de estructura, de desarrollo y se va dando. También puede ser un golpe de madurez para quienes rodean a la selección. Prensa y afición deben digerir el momento y asimilar que hay trabajo por hacer.