Baghdadi, el futbolista que se convirtió en el sanguinario líder de ISIS

Fue una noticia que conmovió al medio oriente. El “Califa del Terror”, Abu Bakr al Baghdadi, uno de los principales líderes del grupo sanguinario y terrorista del Estado Islámico, fue dado de baja.

El iraquí Baghdadi “se inmoló”  la semana pasada en Siria haciendo estallar un cinturón de explosivos después de ser arrinconado por las fuerzas estadounidenses durante una audaz incursión nocturna de dos horas en su complejo en el norte de Siria, dijo CNN.

La operación encubierta comenzó alrededor de las 5 pm del sábado 26 de octubre cuando ocho helicópteros que transportaban equipos de tropas de élite de Estados Unidos, incluidos los operadores de Delta Force, volaron exactamente una hora y diez minutos sobre un “territorio muy, muy peligroso” hacia el complejo, según la cadena de noticias. Numerosos aviones y barcos estadounidenses también participaron en la misión.

Cómo líder de ISIS, su  lineamiento fue la intolerancia radical en contra de otros grupos religiosos y comunidades, como los cristianos, chiítas, yazidíes, turcomanos y mandeos. Todo aquel considerado infiel que no opta por convertirse al islam, es presa de ejecuciones sumarias y la trata de personas, lo que ha desencadenado un auténtico genocidio de tipo religioso en las zonas bajo su control. Sus casas fueron marcadas, sus bienes robados, las mujeres violadas y los niños asesinados. Se han denunciado decapitaciones de personas, incluyendo niños, que se niegan a la conversión, y la exposición de sus cadáveres en las plazas públicas. ​Por razones como estas se ha generado un fenómeno de desplazamiento masivo hacia países vecinos, lo que ha desencadenado una grave crisis humanitaria.

Fueron notorias las decapitaciones divulgadas por redes sociales como Twitter o Facebook, así como los fusilamientos en masa de 250 prisioneros del ejército sirio y 300 combatientes kurdos. Fue dado por muerto varias veces, reapareciendo luego burlándose en videos de Estados Unidos.

No en vano, su apodo era “El Califa del Terror”. Pero, Abu Bakr Al Baghdadi fue primero otra persona. Ibrahim Awwad Ibrahim Ali al-Badri al-Samarrai fue nombre original y sus amigos de la infancia y juventud lo definían como un tipo tranquilo e incluso introvertido. Con una clara pasión: el fútbol.

“Era un gran futbolista, delantero, como Messi. En Samarra, todos los clubes querían ficharle, incluso veedores de la selección de Irak le propusieron mudarse a Bagdad para iniciar una carrera”, recuerda un amigo de la infancia en The Guardian.

Fue a Bagdad, pero a seguir la senda del fundamentalismo. En la Universidad de Bagdad se llenó más de ideas radicales y terminó siendo un respetado líder religioso. En 2003 fue apresado en una base norteamericana y sorprendía a los guardias su nivel futbolístico. Le llamaban “Maradona”.

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Por buen deportista y por buena conducta, fue liberado un par de años después. Lejos de reconventirse, se unió a Al Qaeda y el resto de la historia es conocida. Se alejó definitivamente del balón y su sed de sangre transformó a la región en una zona de dolor, miedo y terror. El mundo hubiese agradecido tener a un delantero en la cancha en vez de un genocida.

Otros que cambiaron los balones por los rifles

 

No es la primera vez que un futbolista prometedor deja el balón por enrolarse en el yihadismo. Nidhal Selmi,  internacional por Túnez en su selección Sub-17 dejó los campos por las armas. El potente lateral izquierdo debutó como futbolista en 2013 con el Étoile Sportive du Sahel, jugando en el Championnat de Ligue Profesionelle, la máxima categoría del fútbol tunecino.

Al finalizar la liga 2013/2014 ganó con el club la Copa de Túnez, jugando la final contra el CS Sfaxien. Cuando acabó la temporada dejó el club y se retiró del mundo del fútbol para unirse a las filas de los yihadistas del Estado Islámico. A los pocos meses falleció a los 21 años de edad en combate.

 

La Bundesliga por la Guerra Santa

Fotomontaje de Baran, cortesía del diario alemán Bild

Un caso más doloroso y que parecía tener todo por delante fue el de Burak Karan. Se desempeñaba como defensa en las categorías inferiores del Bayer Leverkusen, y su buen hacer le abrió las puertas de la selección alemana sub-16 y sub-17, donde coincidió con Sami Khedira, Kevin-Prince Boateng y Dennis Aogo.

En su proceso de desarrollo, pasó por el Hertha Berlin, Hamburgo y Aachen. En este último, a los 20 años, sufrió rotura de meniscos. En su período de recuperación, cayó en una depresión fuerte y según su hermano “no hacía otra cosa que ver videos de la guerra en Siria. Nos dijo que debía hacer algo, que no soportaba tanta injusticia. A los días huyó de casa y no supimos más nada de él, hasta que lo vimos en un video del Estado Islámico”.

En 2013, a la edad de 26 murió en Siria, atrapado bajo el feroz fuego de un bombardeo de las fuerzas de coalición. Tres vidas que quizá pudieron llevar alegría al mundo con preciosas jugadas, firmaron su vida con sangre de inocentes y tuvieron un final indigno.