Copa América: El Maracaná no es un estadio maldito para Brasil

 

En el Mundial Brasil 1950, el campeón iba a salir de una liguilla final, todos contra todos de los cuatro mejores de esa edición. España, Suecia, Uruguay y el anfitrión debían enfrentarse entre ellos y de ahí, el primero de la tabla sería el campeón.

Por cosas del destino, chocaron en el último partido Uruguay y Brasil. El cuadro anfitrión, de andar espectacular en la Copa, se sentía campeón: con cuatro puntos, producto de dos victorias ante los Europeos, con empatar les bastaba para celebrar. El vecino sudamericano, que partía como víctima, debía ganar. Sí o sí.

El resto de la historia del Maracanazo es conocida: Friaça abrió el marcador para los locales, pero Juan Alberto Schiaffino y Alcides Ghiggia le dieron vuelta al marcador para una alegría uruguaya indescriptible y una gran depresión nacional en Brasil.

Por este hecho,  para los ojos del mundo, desde casi 70 años, se cree que el Maracaná es un estadio maldito para Brasil. Sin embargo, aunque sí fue la derrota más dolorosa en la historia del fútbol amazónico, el scratch apenas pierde en esa cancha y ha ganado tres títulos en ese estadio, incluyendo una pequeña venganza ante los charrúas en Copa América.

“El extranjero piensa, por lo que fue el Maracanazo que es un estadio maldito. Pero para el brasileño no. Es un estadio de muchas alegrías. Quizá alguna persona muy mayor que haya vivido aquel Mundial tenga el mal recuerdo, pero para el resto de la gente es un estadio muy especial”, comenta para Futbol Sapiens Alex Sabino, periodista de la Folha de Sao Paulo.

Los números no mienten: en 102 partidos, entre amistosos y oficiales, Brasil solo ha perdido seis veces: aquella ante Uruguay y luego ante la extinta Checoslovaquia en 1956 (0-1), ante la desaparecida Unión Soviética en 1980 (1-2), Inglaterra en 1984 (0-2) y un par de veces, Argentina en 1957 (1-2) y 1998 (0-1).  Hay que añadir 19 empates y tendremos un amplio margen de triunfos, con 77 victorias brasileñas.

El Maracaná se ha vuelto algo mítico para los brasileños, para situaciones muy especialísimas.  En el siglo XXI apenas se han jugado cinco partidos ahí de la seleçao.  “Brasil es un equipo muy pretendido por el mundo, así que por cuestiones de negocio, la mayoría de los amistosos son en el extranjero. Aparte, la Confederación Brasileña de Fútbol recibe buenas ofertas económicas de estadios del interior del país para jugar eliminatorias y otros amistosos. De hecho, en todo (el Mundial) Brasil 2014 , la Canarinha no jugó ni un partido ahí”, ahondó Sabino.

En teoría, Brasil no ha perdido ninguna final en el Maracaná: ganó la de Copa Confederaciones y la de los Juegos Olímpicos de Río 2016 (aunque estos juegos no entran en estadísticas de la absoluta). Aparte, en un formato similar como en 1950, Brasil ganó la Copa América de 1989, casualmente, frente a Uruguay.

No fue una final, pero sí una venganza

Parecía planeado, pero no fue así. La casualidad del destino colocó a Uruguay y Brasil de nuevo en una situación parecida a 1950.

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La Copa América Brasil 1989 debía definirse en una liguilla de cuatro: Argentina, Paraguay, Uruguay y el anfitrión. Todos los juegos fueron en el Maracaná y Brasil arrancó bien, despachando a la Argentina campeona del mundo de 1986, con prácticamente el mismo plantel y Diego Armando Maradona a la cabeza. El triunfo fue de 2-0 con dianas de Bebeto y Romario. Un par que luego brillaría en el mundo.

Parecía el camino despejado con el campeón mundial golpeado, pero había que despachar a Paraguay y de nuevo, Bebeto (x2) y Romario lograron el triunfo, 3-0. Uruguay, que también venció a Paraguay y Argentina, aguardaba en el último juego.

Romario, en el gol que enterró a Uruguay

De nuevo, celestes y verdeamarelhos en un partido por el título y en el coso más importante de Río de Janeiro. Fue trabado, pero aún el fantasma del Maracaná encima, con la “contra” de 170 mil personas animando a Brasil, Romario marcó el 1-0 para celebrar el triunfo en  la Copa América. Un generación que de alguna manera reivindicó a la de 1950, dirigidos por Sebastiao Lazaroni y que también contaba con figuras como Branco, Taffarel, Dunga o Aldair.

 

Vencer al campeón del Mundo

Teóricamente, la primera final (partido único) oficial que ganó Brasil en el Maracaná fue la Copa Confederaciones de 2013. Se encontraron el anfitrión del Mundial del año siguiente y el actual campeón del Mundo, España.

Brasil dio un soberbio repaso al cuadro ibérico, venciéndole con par de goles de Fred y otro de Neymar.  Fue la cuarta Confederaciones que ganó Brasil y la tercera en fila, aunque algunos hablaban de la mala fortuna del campeón de este evento, que luego no ganaría el Mundial. Así fue.

El fin de una maldición

Brasil ganó todos los torneos oficiales de selección absoluta que disputó: Cinco Mundiales, Cuatro Confederaciones, Ocho Copas América y hasta dos Campeonatos Panamericanos (cuando todo el continente se unificó, en 1952, 1956 y 1960). Pero, aunque no es un trofeo propio del palmarés de la selección absoluta, era una maldición no ganar nunca una medalla de oro en los Juegos Olímpicos, algo que hicieron varias veces los también campeones mundiales, Uruguay y Argentina.

Pero a Brasil, nada que se le daba. En 1984, en Los Ángeles, perdió la final 2-1 con Francia y en 1988, en Seúl, 2-1 con la Unión Soviética. Su tercera medalla de plata fue en Londres 2012, derrotados por México, 2-1.

Río 2016 era la ocasión perfecta para desquitarse. Y fue en el Maracaná que definitivamente se rompió la maldición. Y esa final por el oro fue ante Alemania, país que dos años atrás humilló a la Canarinha en el Mineirao, 1-7.

Neymar marcó el primer gol de tiro libre en esa final. Pero Maximilian Meyer igualó para los teutones (1-1). Se definió en penales y tras una parada del meta Weverton, Neymar anotó el último penal para vencer en esa instancia, 5-4. Ahora, la vitrina de trofeos de Brasil se sentía completa.

Por lo visto, Maracaná no es ningún estadio maldito para Brasil.

 

Agradecimientos: Alex Sabino y departamento de estadísticas de la CBF