Eighteam: De la muerte a la alegría en Zambia

Quizás por falta de prensa o de promoción, pero Eighteam es el documental más infravalorado del mundo del fútbol. Es una preciosa historia circular que parte en una de las desgracias más grandes del fútbol africano y termina en un momento de gloria deportiva.

Juan Rodríguez Briso (Valladolid, 1974) es el realizador de esta cinta estrenada en octubre de 2014 y que llegó a ser presentada hasta en el festival de Cannes. Fue premiada en pequeños festivales de películas de fútbol, pero desgraciadamente, no tuvo la trascendencia que merece.

Quizás porque no es un documental estereotipado de Messi o Ronaldo. O la edulcorada biografía de Neymar (vaya libro para empalagoso). Sin embargo, es bueno que el aficionado al fútbol se acerque a realidades de otras latitudes.

Con 13 millones de habitantes, 73 tribus y otras tantas lenguas, la camiseta de los ‘Chipolopolo’ servía como cemento en un país joven, independiente apenas desde 1964. Tal vez por eso, el accidente del 93 está considerado como la mayor tragedia jamás vivida allí.

En la noche del 27 de abril de 1993, un DHC-5 Buffalo aviones de transporte de la Fuerza Aérea de Zambia se estrelló en el Océano Atlántico poco después de despegar de Libreville , Gabón. El vuelo llevaba la mayor parte del equipo nacional de fútbol de Zambia a un partido de eliminatoria para Copa Mundial de la FIFA contra Senegal en Dakar. Todos los 25 pasajeros y cinco miembros de la tripulación murieron. La investigación oficial concluyó que el piloto había apagar el motor mal después de un incendio en el motor. También se encontró que la fatiga del piloto y un instrumento defectuoso habían contribuido al accidente.

El vuelo había sido acondicionado especialmente por la Fuerza Aérea de Zambia para el equipo de fútbol. Fueron 18 futbolistas los que murieron en ese trágico evento que enlutó a toda una nación, esperanzada en su equipo, que tenía posibilidades de ir a Estados Unidos 1994.

Un equipo inolvidable

De ahí viene el nombre “Eighteam” (“eighteen” es dieciocho en inglés y se juegan con el “team” que significa equipo). En 2012, 18 años después (en el documental son exactos y dicen que cuando ganó el equipo no habían cumplido los 19 años de la tragedia) se cierra el círculo con el título de la Copa Africana de Naciones ganado por Zambia, en pLibreville, donde ocurrió el accidente.

En cuanto conoció la historia, Rodríguez-Briso se dirigió a la Asociación de Fútbol de Zambia. Allí le pusieron en contacto con Ngosa Chungu, una productora local que también había mostrado su interés. Skype y Whatsapp hicieron el resto por alumbrar la primera co-producción entre España y Zambia. “No es tan solo una historia de Zambia, es una historia sobre el espíritu humano de lucha y de sobreponerse a todos los contratiempos”, advierte el director; “y eso es algo con lo que cualquier público se puede sentir identificado y sentir como algo propio. Y a través de algo tan universal como el fútbol me pareció que era más fácil contarlo”.

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Son testimonios conmovedores. En especial los que tuvieron la suerte de no subir a la aeronave. Por ejemplo, Kalusha Bwalya, (ex América, Veracruz, Irapuato, Necaxa), autor de tres de los cuatro goles a Italia con los que venció Zambia en los Juegos Olímpico de Seúl 1988. Es una especie de ídolo local. Sobrevivió al accidente porque jugaba en Europa y su club, el PSV Eindhoven, no le dio permiso para acudir a la concentración. Único ganador zambio del Balón de Oro africano.

La recolección de voces autorizadas desgarra el corazón. Y como se vio obligada Zambia a reconstruir su equipo desde las cenizas, con toda una selección fallecida. Aún así, quedaron a un punto del Mundial.

Fue un golpe también muy duro a la autoestima nacional. En la construcción del ideario nacional, estaba el apoyo a esta prometedora selección, que pereció casi en su totalidad.

De ello, hablan autoridades de la nación, como el vicepresidente de la misma. E incluso, con testimonios de otras tragedias, especialmente significativa es la entrevista a Sandro Mazzola, internacional italiano e hijo de Valentino Mazzola, una de las víctimas del accidente aéreo que sufrió el Torino en Múnich cuando regresaba de disputar un partido en Belgrado, en 1949.

El sol también sale

Sin embargo, el llanto se va transformando en alegría reparadora cuando se aproxima la Copa Africana de Naciones, de 2012.

El torneo se disputó en dos sedes, Guinea y Gabón. A Zambia le tocó Guinea, y sólo en caso de llegar a la final tendrían que viajar al escenario de la catástrofe del 93. Por supuesto, Zambia llegó a la final de Libreville. Allí, en la playa, presentaron sus respetos a los fallecidos frente a la costa. Posiblemente sea la escena más emotiva de la historia, pues mientras se arrojaban flores al mar, muchos de los seleccionados recordaban la tragedia y como a vivieron de niños. Y por supuesto, pese a tener enfrente a la selección más potente del momento -Costa de Marfil con Drogba y Toure Yaya, entre otros- se alzó con el título. Un periodista marfileño avisó: “No podemos ganar. Ellos están jugando con dos equipos”.

Sucedió en la tanda de penaltis, para mayor drama. ¿Cuántos lanzamientos fueron necesarios? Dieciocho, tantos como jugadores fallecidos. Todo circula alrededor del mágico número del 18.

El realizador, el español Juan Rodríguez Briso

Una historia muy bien contada, con bastante carga emotiva. Hay material de archivo interesante, algo un poco complicado de conseguir en países africanos y el relato, aunque a veces parece estancarse, va llevado a buen ritmo.