El odiado dueño de un club que busca la cura contra el Coronavirus

 

«Primero hay que hacer test (de la vacuna del Coronavirus) en animales, después en humanos. Creo (que la vacuna) podría estar lista en otoño», dijo Dietmar Hopp hace algunas semanas, un tipo muy odiado en la Bundesliga.

El laboratorio Curevac, parte del emporio SAP, líder mundial del software para empresas trabaja incansablemente para encontrar la cura, financiado enteramente en este momento por SAP, la principal compañía de Hopp. Si lo logra, capaz puede curar el odio contra él.

Hopp parece ser un buen tipo. Ha destinado 600 millones de Euros a la caridad cada año (10 – 15% de los ingresos brutos de SAP). Un par de años antes, donó a su región de Sinsheim, una zona situada entre Fráncfort y Stuttgart, unos 800 millones de euros para crear guarderías, hospitales y otros establecimientos para uso común.

 

La pequeña Hoffenheim

¿Se puede odiar a un tipo así?

Hay que decir que el padre de Dietmar fue Emil Hopp, oficial de las tropas de asalto del partido nazi. En 1938, en la Noche de los Cristales Rotos, quemó la sinagoga de Hoffenheim. Y uno de sus actos más cobardes fue echar a la calle a la familia Mayer, de la cual, los padres fueron asesinados y los hijos, dos hermanos asesinados.

¿Debe pagar los crímenes de su padre?

Manfred y Heinz Mayer, los niños sobrevivientes,  publicaron un libro sobre esa aberración. ¿Quién lo financió? Dietmar, que aparte, ha colocado placas en ese lugar y otros sitios asediados por los nazis, en memoria de los caídos. Hoy, Dietmar, Manfred y Heinz tienen una excelente relación, por la sincera actuación de Hopp hijo. De hecho, el libro termina con esta frase: “Los niños no deben rendir cuenta por los crímenes de sus padres”.

No es lo único que ha hecho por su pueblo. Sí, pueblo. A usted le puede sonar a ciudad rimbombante porque le gusta el fútbol, pero Hoffenheim es un pueblo de apenas 3.200 habitantes. Aunque juega en Steinsfurt, el corazón del equipo está en ese pueblito.

Tras invertir en ese equipo, donde llegó a jugar Hopp de niño, casi 500 millones de Euros en tres décadas, subió primero a la Bundesliga (2008) y luego a la Champions (2017-18). Un cuento de hadas para un pueblito pequeño, casi totalmente rural.

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Entonces, ¿Qué diantres hizo Dietmar?

El sábado 28 de febrero, durante la fecha 24 de la Bundesliga entre Hoffenheim y Bayern Múnich, se vivió un bochornoso evento en el cual hinchas del cinco veces campeón de Europa -que visitaban Hoffenheim- sacaron pancartas insultando a la madre del presidente del Hoffenheim, Dietmar Hopp, uno de los hombres más ricos del mundo, con una fortuna de 6.300 millones de dólares.

El incidente sucedió al minuto 77 del encuentro, donde Bayern Múnich iba ganando por 6 goles a cero. Los jugadores dieron una lección de civismo a los desadaptados: se pasaron el balón entre ellos hasta que terminó el juego.

No ha sido la única muestra de odio hacia Hopp. También es despreciado el Red Bull, perdón, el RasenBallsport Leipzig (gracias, disculpen). Y hay un punto en común.

La regla alemana de que los clubes deben ser de los socios-afcionados admite excepciones como Wolfsburgo (propiedad de Volkswagen) y Leverkusen (Bayer). La amenaza de equipos de un mecenas, como Hoffenheim o el Leipzig horroriza a los purtistas. Temen que se pierda la esencia, de entradas baratas, de equipos identificados y enlazados con sus ciudades y ese aroma propio de la cultura de la Bundelisga. Que aparezcan varios “Manchester City”, más allá que el Bayern de Múnich sea un “monstruito” con algo de parecido.

Una sanción fuerte a los aficionados del Borussia Dortmund, hinchas queridos y respetados en toda Alemania, por insultar al millonario con pancartas (algo que han hecho la mayoría de los equipos cuando enfrentan al Hoffe), terminó de encender antipatías nacionales.

Hopp y Dietrich Mateschitz, dueño de Red Bull, los más odiados por los radicales de la Bundesliga

El riquísimo empresario ha resistido con patriotismo a una ofensiva de Estados Unidos contra su laboratorio, aparentemente orquestada por el presidente Donald Trump.

El 15 de marzo, el gobierno alemán acusó al presidente Trump de haber tratado de llevarse a golpe de millones de dólares a los científicos de Curevac que trabajan en la vacuna, o de quedarse con la patente en exclusiva en los Estados de la empresa.

Queremos desarrollar una vacuna para proteger y ayudar a pacientes de todo el mundo y no para países individuales. Y para ello, estamos comprometidos, desde el dueño hasta el último trabajador”, asestó Hopp en un comunicado. Por ahora, no ha conseguido la cura contra el odio.