#GLORIASMUNDIALISTAS | ‘Toto’, El Salvador de la azurra

Las estrellas fugaces se observan como cuerpos que cruzan el cielo rápidamente dejando un destello. Pero no son estrellas. Una estrella fugaz es realmente una pedazo de piedra que proviene del espacio y golpea la atmósfera de la tierra. Los astrónomos los llaman meteoros de manera correcta. La mayoría de ellos se desvanecen antes de llegar a nuestro planeta, pero de vez en cuando, alguno sobrevive por su tamaño y golpea la superficie de la Tierra, de ser una simple piedra más, la convierte en una “estrella”.

#GLORIASMUNDIALISTAS | 'Toto', El Salvador de la azurra
#GLORIASMUNDIALISTAS | ‘Toto’, El Salvador de la azurra

En el mundo del futbol no es distinto, los Mundiales están llenos de “meteoros”, de jugadores que deslumbraron al Mundo por tener una excelente Copa, aunque sea por un mes fueron héroes de toda una nación. Nunca más brillaron con la misma intensidad, es el caso de este delantero de mirada delirante.

Salvatore Schillaci, que en el nombre ya anticipaba que fungiría como redentor en algún momento de su vida, fue en el año de 1990 dónde lo alcanzó su destino. Toto fue el último en ser llamado a la Selección Italiana para formar parte de la escuadra que participaría como anfitrión en la Copa del Mundo de 1990.

En medio de nombres como Andrea Carnevale, Roberto Baggio, Aldo Serena y Gianluca Vialli, Schillaci figuraba como la última opción para tomar parte en el ataque de los locales en aquel Mundial. Fue cuestionada su inclusión y dividía opiniones, a pesar de que el destino del delantero era calentar un lugar en el banquillo italiano. Muchos tenemos a la Squadra Azzurra como equipo sustituto, como ‘seguidor’ del equipo que suele portar de las mejores indumentarias en torneos internacionales, el 19 italiano hasta ese momento me parecía un desconocido, alguien que no estaba al nivel de Vialli o Carnevale.

Salvatore es un siciliano, nacido en Palermo y que pasó la mayoría de su vida futbolistica en el Messina de la Serie C, hasta que en 1989 la Vecchia Signora del Calcio le guiñó el ojo y nadie le dice que no a la dama de Turín.

Toto y Roberto Baggio en la Juventus de Turín. Año 1989.

En el año previo al Mundial en casa, Toto anotó 15 goles con los Bianconeri, no podemos dejar pasar que tenía un gran proveedor en la Juventus, Roberto Baggio en plenitud. Su paso por el equipo piamontés hizo que Azeglio Vicini le llamará para ser el último pasajero del barco azul, esa herramienta que puedes no llevar a un viaje, que tú mismo estás muy seguro de no ocupar, pero la cargas por si acaso.

Los once titulares no podían con los austriacos, todo parecía que terminaría cero por cero el encuentro, entonces el técnico decidió abrir la caja de herramientas y sacar la siciliana #19. Salvatore los salvó anotando un gol de cabeza al 79′ que daría el primer triunfo a los locales y maquillaría el inoperante juego del país de la bota.

En el segundo encuentro volvió a salir a la banca. Estados Unidos en aquellos años no representaba un escollo, los italianos ganaban desde el minuto 11 por la mínima. Ante la permanencia de ese marcador en el minuto 10 del segundo tiempo, Vicini no quería correr el riesgo de ser empatado por el país del Football americano y Michael Jordan, decidió ingresar de nuevo a Schillaci, sería el único encuentro en el que no marcaría gol y el partido termino a favor de los locales.

Para el tercer partido de Italia y último de la ronda de grupos se disputaban el liderato del grupo contra Checoslovaquia, Azeglio no podía entregarle un segundo lugar de grupo a los tifosi, así que puso a Toto desde inicio para sorpresa de muchos. La fanaticada aún no terminaba su primera birra cuando ya el 19 la había mandado al fondo de las redes al minuto 9. Il Divino Baggio haría el segundo y la Azurra se quedaba con el primer lugar del grupo, el pase a siguiente ronda como líder invicto.

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Y entonces venía Uruguay, ese sorprendente selección de un país con apenas 3 millones de materos que asombra al mundo entero en cada competencia oficial de FIFA. Toto que ya se había ganado la titularidad anotó un gol de auténtico crack. En una jugada de 3 toques de primera intención; Baggio la bajó como el maestro que era después del despeje de Zenga, Aldo Serena la filtró a Salvatore con túnel incluido y Schillaci la mandó al fondo con un violento disparo de zurda, de esos que solo los killers saben, los que no la piensan porque ya la visualizaron diez mil veces. Golazo del delantero siciliano.


Italia venía de menos a más, jugando mejor y con su portería en cero. Walter Zenga, el portero que puso de moda los Ray-Ban wayfarer en los noventa, mantenía impoluta su portería. Ademas la localía le daba un punto por encima de cualquier otro de los favoritos. Irlanda era la siguiente prueba. El talismán, el salvador, iniciaba de nuevo el encuentro como ya venía siendo costumbre, y, una vez más, no quedaría a deber. Tras un concierto de toques entre Baggio, Giannini, Donadoni y el propio Salvatore, el Toto aprovecharía un rechace del arquero irlandés para de nuevo hacer vibrar al Olímpico de Roma. Su gol le daría el pase a Italia para enfrentar la semifinal contra el campeón defensor, Argentina.

Para la semifinal los azurri dejaban su casa, el Olímpico de Roma, para alojarse en el Stadio San Paolo de Napoli. El morbo a todo lo que daba, Diego Armando, el hijo prodigo de Napolés aseguraba en entrevistas previas que la afición estaría con él en aquel encuentro y que la albiceleste seria respaldada por los napolitanos gracias a él. Obviamente no fue así.

Maradona y Roberto Baggio en una parejera

 

Una vez más, el 19 de Italia se hacía presente al ’17. Toto mandaba al frente de nuevo a Italia temprano en el partido. Pero si alguien podía anotarle el primero gol en todo el torneo a Walter Zenga, era Argentina. Caniggia empató el juego y el partido se fue hasta los penaltis. Ahí Goico se hizo grande de nuevo, con su especialidad, atajando penales para la albiceleste. Italia perdió y entonces tuvo que conformarse con jugar el partido que ninguna selección quiere disputar, el partido por el tercer lugar.

A la revelación italiana no le importó si era un partido de consolación, el estaba disfrutando su Copa del Mundo, estaba haciendo historia en ese Mundial y no quería quedarse sin gritar un gol más. Italia enfrentó a Inglaterra y Baggio mandó adelante a la azurra a 20 minutos del final, David Platt empataría 10 minutos más tarde. Cuando los tiempos extras parecían la opción más segura, El Salvador apareció de nuevo, al 86′ marcó desde los once pasos su sexto gol del campeonato. Con ello le dio el tercer lugar de la justa a la Italia y él fue el campeón de goleo del torneo.

Atacado por varias lesiones, Toto nunca brillo más como en aquel Mundial, abrió una escuela de futbol en su natal Palermo al retirarse, también ha incursionado en el mundo de la farándula tomando participación en algunos ‘realities’.

Esta es la historia de una estrella fugaz, que 18 meses antes de la justa mundialista era un delantero más de la 2a. División Italiana y  con solo 17 partidos internaciones y 6 goles en un Mundial se volvió un héroe nacional.

Toto Schillaci, director de su escuela de futbol en Palermo