Jorge Ernesto fue un joven argentino, uno más que intentaba hacer carrera en el futbol. Se desempeñaba como defensa central e inició con Chacarita.

La vida lo llevó a Estudiantes de Caseros, que estaba en la segunda división. Ahí jugó en 1974, y su participación lo tenía a las puertas de ir a Independiente. Todo bien hasta que un partido contra Almirante Brown le cambió la vida.

Tras el 1-1, salió elegido para el control antidopaje. Doce días después, se anunció el positivo, junto a dos jugadores, en el primer caso de dopaje del futbol argentino. Tras el escándalo, fue suspendido por un año y Estudiantes echó en falta los puntos perdidos del partido, pues a final de temporada se quedó muy corto para ascender.

Fueron alegadas varias irregularidades en el control y, finalmente, los jugadores fueron perdonados antes del inicio de la temporada. Pero ya nada volvería a ser lo mismo, pues Jorge Ernesto se quedó sin la oportunidad de ir a Independiente.

En ese intermedio, buscó moverse a Francia. Su abuelo era francés, así que inició el trámite para conseguir la nacionalidad. Tras volver de la suspensión, jugó la temporada de 1975, se casó y, para 1976, se marchó al país galo para jugar con el FC Rouen. Estuvo un año sin jugar porque aún no le otorgaban la ciudadanía y apenas lo hizo para la temporada 1977/78.

Su aventura europea duró poco. Regresó a Argentina con un descenso en su currículum y un hijo en brazos: David Sergio. Así, mientras Jorge Ernesto cerraba su camino en el futbol en clubes como Chacarita y El Porvenir, su niño creció para ser futbolista como él. Sólo que tuvo algo más de suerte. Tras debutar en Platense, fue a su país de nacimiento para jugar con AS Mónaco, alcanzar la Selección de Francia, ser campeón del Mundo en 1998 y anotar el gol de oro para ganar la Euro del 2000.

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Gracias a una irregular prueba antidopaje.