La historia de un balón que atravesó el océano y volvió a su dueño

 

En 2018, la fotografa y ambientalista inglesa Mandy Barker logró realizar un proyecto personal de nombre “Penalty” (penalidad, por el juego de palabras), en el cual, recopiló 992 balones del mar y de orillas de playa para demostrar al mundo el efecto del plástico en los océanos.

En cuatro meses logró recolectar casi mil que fueron recogidas de 41 diferentes islas y países en 144 playas gracias a la colaboración de 89 personas. Gente que arrojaba balones inservibles a ríos u otros, que simplemente se escapaban a cascaritas frente al mar posiblemente compusieron la muestra.

Debe haber muchos balones flotando en nuestros océanos, pero uno ganó notoriedad e incluso inspiró una novela. Un balón que fue la única posesión material que le quedó a su dueño tras ser arrasada su casa por un tsunami. La pelotica, fue a parar 5000 kilómetros lejos de casa.

Todos los muebles y artículos sentimentales de la casa del adolescente Misaki Murakami habían sido arrastrados por el tsunami del 11 de marzo de 2011, que devastó un largo tramo de la costa noreste de Japón y mató a unas 19.000 personas.

En marzo de 2012, fueron llegando escombros del terrible suceso a Alaska.  Los escombros del tsunami formaron inicialmente una gruesa masa en el océano frente a la costa noreste de Japón y desde entonces se ha extendido por todo el Pacífico. En febrero de ese año, la autoridades informaron que las corrientes llevarían gran parte de los escombros a las costas de Alaska, Canadá, Washington y Oregón.

Los baxter, con los balones rescatados

David Baxter, un técnico de radar de Kasilof, Alaska, encontró un balón de fútbol mientras caminaba por la playa en marzo de 2012 en Middleton Island, 110 kilómetros (70 millas) al sur del continente de Alaska. También se encontró una pelota de voleibol.

La pelota de fútbol tenía muchas firmas. David pensó que era , quizás, la colección de firmas de jugadores notables de Japón. Reconoció la grafía porque su esposa, Yumi, es japonesa.

Yumi tomó la pelota y en efecto, descifró nombres en el balón. Girándolo ante sus ojos por fin encontró una frase que podría abrir puertas. La frase rezaba “Ánimo Murakami, 2005”.

Lo de las pelotas y las fotos de quienes la recolectaron, se hizo viral en tiempos de redes sociales. En abril de 2012, Murakami, apareció en la televisora publica NHK asegurando: “Esa pelota es mía. Perdí todo en mi casa y posiblemente sea lo único que me quede de mi vida antes de la tragedia”.

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Murakami, de la ciudad de Rikuzentakata, contó que el balón fue un obsequio de sus compañeros de escuela, que autografiaron el balón en 2005 cuando iba a cambiar de escuela para el tercer grado. Aunque no eran estrellas del fútbol, eran sus amigos, algo más valioso.

Murakami, el chico que se reencontró con su balón

«Fue una gran sorpresa. Nunca imaginé que mi pelota había llegado a Alaska», dijo Murakami  de nuevo a NHK. «Perdí todo en el tsunami. Así que estoy encantado», dijo. «Realmente quiero decir gracias por encontrar la pelota». También expresó su gratitud a la pareja por «querer tomarse el tiempo para tratar de encontrarlo», pues Yumi, tras un contacto con un periodista logró hablar con él por teléfono.

Los Baxter comentaron que tenían previsto un viaje a Japón para hacer la entrega. Y hasta ahí llegaron las noticias de este acontecimiento en occidente. Ah, Shiori Sato, de 19 años, de la prefectura (estado) de Iwate apareció como duela del balón de voleibol.

Infografía de AP para Inside Soccer describiendo el viaje del balón

Al tiempo, se supo que los Baxter no viajaron a Japón. Fue enviado por correspondencia.  Murakami, que aún conserva el balón pero concede pocas entrevistas luego del hecho hoy estudia leyes en su país.

El hecho, que es mencionado en el libro “Dios es Redondo” de  Juan Villoro, inspiró una novela japonesa de muy buena venta: “Balón de fútbol cruzando el mar” (Sakkābōru umiwowataru), de Kaiyu Mari. Bueno, los japoneses no suelen ser muy creativos con los títulos.

El relato va en primera persona, desde la perspectiva del balón: “Unos años más tarde, en una tarde de primavera, el terremoto sacude mi casa, el agua negra fluye hacia mí, me empuja hacia el océano y se desplaza por todo el océano. Muchas veces mi corazón parecía romperse, pero el sol y la luna me vigilaban, y los pájaros y los peces gritaban suavemente”.

La portada de la novela para niños inspirada en el viaje del balón

En otra simpática cita dice: “Con la ayuda de una ballena padre y otra hijo, llego a la costa de Alaska y un señor me encuentra. Su esposa mira el signo de un amigo de Ken (nombre ficticio) en mi cuerpo y comienza a mirarlo. Ahí la llave de las respuestas de mis angustias. Quiero volver a Japón”.

Sobre los Baxter, tampoco se supo mucho después. Siguen su vida normal y cuando se les busca para una entrevista, simplemente contestan: “El muchacho está bien y vive una vida plena luego de la tragedia. Nosotros, cumplimos con devolverle algo que era genuinamente suyo. No tenemos más que agregar”.