La selección panamericana varonil firmó un vergonzoso empate ante una improvisada y por demás débil representación de Trinidad y Tobago.

El resultado decepciona si desmenuzamos el funcionamiento del equipo durante el partido y es aún peor -¡sí, aún se puede!- el planteamiento y las modificaciones enviadas desde la banca. Es increíbla la cerrazón y pobreza con las que Luis Fernando Tena manejó el partido tácticamente y sólo así se explica un resultado tan raquítico.

Desde el inicio del cotejo empezaron los errores: ¿cuatro defensas para enfrentar a Trinidad y Tobago? ¿Sólo dos delanteros? Y ni qué decir del gol con el que se adelantaron los caribeños: desborde por la banda, Micah Lewis aprovechó que la defensa seguía distraída para filtrar un balón ¡entre tres defensas en el área chica!, para que Jamal Gay solamente la empujara. Tan increíble como penoso.

Hasta allí llegó Trinidad y Tobago, no hizo más. Entonces llegó el turno de los mexicanos para fallar hasta el hartazgo: Oribe Peralta tuvo al menos dos opciones más de gol (una en el poste) antes de la que sí pudo concretar, hasta el minuto 41, y otra más después del empate (en el travesaño). El otro delantero, Othoniel Arce, estuvo desaparecido y el resto de sus compañeros no fallaron más simplemente porque no quisieron.

El segundo tiempo fue un homenaje a áquella tristemente recordada selección pre olímpica de Hugo Sánchez: ante un rival caribeño, con la obligación de golear, con todo a favor y, curiosamente, también con una dirección técnica muy cuestionada, hubo un concierto de fallas, imprecisiones y defectos. Todo lo que pusieron hacer mal, lo hicieron.

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Tena aportó con un miedo impresionante para ganar el partido y prefirió aguantar el orden táctico en vez de desbocarse hacia adelante. El colmo fue el ingreso de un segundo contención en vez de otro delantero cuando la necesidad clara y obvia era atacar.

Después de este triste episodio -peor sería si no se da la ajustada victoria ante Ecuador-, México se encuentra con cuatro puntos y con opciones claras de avanzar a semifinales, pero con serias dudas en su funcionamiento. Con esto, no sólo no se ganará la medalla de oro, sino que se ve venir un ridículo de proporciones continentales.