Por la vuelta de la final en la Copa Libertadores 2013, Atlético Mineiro vence 2-0 a Olimpia con goles de Jo y Leonardo Silva, y gana en penales el título.

1. Una atmósfera épica para una noche épica. La esperanza del público, expresada en un recibimiento monumental, era mayor al potencial real del equipo para lograr la hazaña soñada. Con gritos, bengalas, luces y estruendos, la afición del Atlético Mineiro buscaba transmirtirle la pasión que los once en la cancha ocultaron en el juego de ida. La grada había remontado el partido, igualando lo que hizo la del Decano en el Defensores del Chaco. Sólo faltaba que futbolísticamente sus pupilos hiciesen lo mismo.

2. Emulando al partido de ida, Atlético Mineiro quiso demostrar que, agresivamente, buscaba la serie en los primeros minutos. Después de unos cuantos, el orden de los paraguayos volvió todo a la normalidad. Embate sin idea de los brasileños, rompimientos oportunos de los visitantes y desesperación en el público de Belo Horizonte.

3. Cuando los goles no se necesitan, no se lamentan. Fredy Bareiro y su solitaria alma pecaron de confianza y abusaron de la pifia, privando el gol que quizá asegurara el título para Olimpia. Minutos más tarde Alejandro Silva, fiel a su estilo, desparramó a dos brasileños y sacó un disparo débil y fácil para Víctor. Alguien (o muchos) por ahí decían: «Ay, como lo van a lamentar después». Sin embargo, a nadie le importaba pues el visitante jugaba cada vez mejor y el local cada vez peor. Ignorando la mística del fútbol, era cuestión de tiempo.

4. El descanso, el diálogo de Cuca y la autoreflexión de cada jugador, hizo que el Atlético Mineiro regresara en el complemento con otra mentalidad. El Galo necesitaba dar un partido único para lograr lo imposible. Y lo hizo. A diferencia de todo su camino libertador, el equipo brasileño, por primera vez, jugó con más huevos que calidad técnica y táctica. Suficiente para encasillar y superar realmente a Olimpia. El declive paraguayo comenzó con un error de Pittoni y un acierto de Jo.

5. El agobio del Mineiro quedó en esperanza gracias al –ya conocido– «show de Martín Silva». El arquero charrúa, sumando sus últimos méritos para treparse como el mejor jugador de la Copa, detuvo los disparos de Jo que ahogaban el grito de gol en el estadio. Mantuvo el sueño paraguayo por varios minutos.

6. Si Alejandro y Martín fueron pilares en el de ida, Leonardo y Martín (otra vez) lo eran en el de vuelta. La final de la Libertadores, sin intención alguna, estaba hecha para quienes se apellidasen Silva. El central del Mineiro avisó primero con un cabezazo al poste, desató el «Uhhh» en la grada y generó miedo en Almeida y sus chicos. Minutos más tarde, concretó el oasis que dejó ir en un inicio. Con otro testarazo, Silva vencía a Silva, y el coloso de Minas Gerais explotaba.

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7. Antes del anhelado empate global de Leonardo, Juan Carlos Ferreyra saboreó el título y lo vomitó. El delantero argentino, reemplazo del fallido Bareiro, siguió los pasos del mismo y rayó en lo vergonzozo, desafortunado y dramático. A siete minutos del final, Ferreyra hizo lo más difícil haciéndolo ver fácil. Y lo fácil, lo hizo ver imposible. Tras quedar solo frente al portero y burlárselo, inexplicablemente terminó resbalándose cuando sólo estaba a un toque de finiquitar todo. Una tragedia. Como cereza del agrio pastel, Julio Manzur se iba a los vestidores por un codazo sobre Alecsandro.

8. Unos tenían un hombre menos y la moral por el suelo. Los otros estaban llenos de calambres y de coraje sin orden. El tiempo extra llegaba en un mar de incertidumbre. El cliché «ésto está para cualquiera», finalmente era más realidad que utopía.

9. El gol no llegó. Lo más cercano fue otro cabezazo al poste del enrachado Leo Silva. Los penales llegaron. La desventaja de jugar con 10 hombres, Olimpia la invirtió en la tanda de penales con la experiencia y talento de Martín Silva. Sin embargo, no fue suficiente. Herminio Miranda falló el primer penal, Matías Giménez el último. Mineiro, tras un golpe de suerte ante Xolos, otro ante Newell’s y uno más esta noche, era el Rey de América.

10. El último punto de esta crónica/reflexión halaga al campeón de forma honesta y objetiva. El Galo hizo méritos de sobra para alzar el título; cerró una fase de grupos casi perfecta, aplastó al presente campeón de la Copa Sudamericana y sacó chispazos en los momentos justos para vencer a rivales que, fútbolisticamente hablando, fueron superiores. El campeón nunca será injusto como tampoco será el que mejor juegue al fútbol. Digo, eso es lo que nos enamora de este deporte, el hecho de que sea el más hermoso, increíble y, sobre todo, impredecible.

EXTRA. Y ahora el público y prensa dirá que el «El equipo de Ronaldinho» conquistó América. Tras ver un torneo completo de quien alguna vez nos deleitara en el pasado, debemos decir honestamente que Ronaldinho conquistó América gracias a su equipo. Merecer un título por el pasado es ridículo. Zidane, con un pasado mayor que el brasileño, terminó mereciéndose, sin cuestionamiento alguno, la Copa del Mundo del 2006 por lo que hizo en ese presente.

Atlético Mineiro: Víctor, Junior Cesar, Leonardo Silva, Réver, Míchel (Alecsandro 72′), Ronaldinho, Pierre (Rosinei 46′), Josué, Bernard, Diego Tardelli (Guilherme 80′), Jo.

Olimpia: M.Silva, Manzur, Benítez, Candia, Miranda, Mazacotte, Pittoni, Aranda, A.Silva (Giménez 71′), Salgueiro (Baez 83′), Bareiro (Ferreyra 46′).