Barcelona 3-1 Arsenal

El partido que se llenó de ojos, que paralizó actividades, que detuvo ocupaciones.

Dos grupos que promueven el futbol utilizando el balón como pancarta. Además, para adornar el entorno, la sede era ni más ni menos que la casa de los pases, el hogar de los toques sucesivos, de los amagues inesperados.

  • 3FC BARCELONA
  • 1ARSENAL
FC Barcelona: Valdés; Abidal, Alves, Adriano (Maxwell 90′), Busquets; Mascherano (Keita 89′), Iniesta, Xavi; Pedro, Villa (Afellay 82′), Messi. DT Josep Guardiola


Arsenal: Szczesny (Almunia 19′); Djorou, Sagna, Clichy, Koscielny; Rosicky (Arshavin 74′), Fàbregas (Bendtner 78′), Nasri, Diaby; Wilshere, Van Persie. DT Arséne Wenger
Goles: 1-0 Messi (45′), 1-1 Busquets (AG 53′), 2-1 Xavi (69′), 3-1 Messi (71′)
Árbitro: Massimo Busacca. Expulsó a Van Persie al 56′
Incidencias: Camp Nou, Barcelona

El juego prometía ser un viaje al país de las buenas costumbres futbolísticas, donde las paredes son obligación, donde el toque rápido es sana costumbre, y donde los regates y combinaciones explosivas son tan necesarias como el aire para respirar.

Busacca pitó el inicio y el viaje nos llevó a otro lado. Un lugar donde el Arsenal se transformó en un equipo destructor. La estética no estaba perdida del todo, pero el fútbol revolucionario que comprometió al equipo de Londres con ideas de juego espectacular, lo guardaron para otra ocasión.

El Barça, en cambio, fue orillado a reaccionar con actitudes con las que no se siente del todo a gusto. Ese futbol donde cada jugada requiere un choque, o un empujón, o un manotazo. Arsène planteó un partido brusco, casi físico, y el elenco de Guardiola, incómodo la mayor parte del tiempo, sufrió para fabricar peligro en el área de, Szczesny primero, y de Almunia después. Aun así, como era de esperarse, la pelota fue toda del Barcelona.

Entonces apareció el más artista de todos. Lionel Messi, el chaparrito con cara de gol, tomó un balón filtrado por Iniesta, y con todo el desprecio por la presión, se la picó al portero, no para definir, sino para eludirlo y después anotar con puerta abierta. Y lo hizo. Otra maravilla del 10, otro gol que veremos y repetiremos una y otra vez. Gol de la clasificación en el ocaso del primer tiempo.

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Comenzó el segundo tiempo y los papeles de uno y otro no se movieron. Pero apenas ocho minutos después, sin saber muy bien cómo, Arsenal comenzó a festejar un gol que no buscó, no construyó y no anotó. Es decir, sólo lo celebró, y con él estaba sentenciando todo a su favor. Sucedió en un tiro de esquina de Nasri que Busquets cabeceó a su propia red.

Pero, ¿cuánto puede durar la suerte? En este caso fue poquito, es más, apenas y puede llamársele así. Cinco minutos después Van Persie se fue expulsado, y entonces le aparecieron problemas por todos lados lados a Wenger y su equipo.

Sin desesperación, con la eliminatoria perdida hasta ese momento, Guardiola ordenó una locura sensata: jueguen como siempre. Los hombres obedecieron y el futbol, de a poquito, volvió a apoderarse de las miradas. Entonces abrieron la puerta a los goles, esos que seguían haciendo fila mientras esperaban el momento justo para irrumpir en el Camp Nou.

Xavi, y otra vez Messi, ahora de penal, pusieron rumbo definitivo a una eliminatoria que se impacientó por no tener al Arsenal que juega y juega bien.

El boleto ya es del Barcelona. Arsenal, otra vez, encontró en los catalanes su eliminación. Tristemente para ellos, y más para nosotros, volvieron a caer sin aferrarse a su idea, a su sueño. Hoy ellos perdieron la eliminatoria; los futboleros, en cambio, perdieron a su Arsenal.

Ganó el Barça y ganó bien. Sigue firme en su camino hacia Wembley.