Las eliminatorias en Sudamérica son otra cosa. El balón cobra un sentido especial y recorre todas las zonas de la cancha; se convierte en protagonista. Chile y Perú nos recordaron que afortunadamente una premisa de los futbolistas es divertirse, salir al campo con el fin de deleitarse. Si de paso consiguen transmitir eso a las tribunas, pues qué mejor.

Chilenos y peruanos jugaron a ritmo de ida y vuelta, olvidándose de cualquier tipo de cautela. Tanto Borghi como Markarián mandaron a sus hombres a atacar. Fueron los locales los que mejor tino tuvieron y llegaron a estar tres a cero arriba. Pero la visita no se sometió y en lugar de ceder una goleada acortaron las distancias poniéndose dos a tres en el marcador. La moneda estaba en el aire y ninguno de los equipos estaba conforme con el resultado.

Siguieron en la misma tónica, ofenderse a más no poder. En las tribunas los nervios estaban a flor de piel. En la cancha no había tregua. Al minuto 63 la estadística selló el marcador final, 4-2. Pero en la práctica pudo haber más. Tanto chilenos como peruanos no se cansaron de llegar al arco y buscar a toda costa el gol. Fueron 90 minutos de intensidad, de buen futbol.

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