Por la vuelta de los octavos de final en la Copa Libertadores 2013, Corinthians empata 1-1 ante Boca Juniors con goles de Juan Román Riquelme y Paulinho.

El fútbol es un deporte que involucra números, historiales y estados mentales. El distintivo es que estos conceptos funcionan totalmente por separado, son enteramente relativos unos de otros. Si bien los números de Boca indicaban que Corinthians podía –y debía– pasarle por encima, el estado mental de algunos jugadores y, sobre todo, su historial competitivo mandó la estadística y el pronóstico por el escusado.

Desde que se anunció que Juan Román Riquelme iba en el once titular, había una atmósfera extraña que se prestaba para la sorpresa de Boca Juniors. Sabíamos que el equipo de Bianchi había conseguido una ventaja en el partido de ida, mínima y con un sufrimiento tremendo, a base de hue…cos que dejó la defensa brasileña y que el conjunto argentino aprovechó. Pero en la mesa no era suficiente puesto que ocupar la vergonzoza última posición del torneo local, jamás será visto con ojos de éxito.

Sin embargo, el fútbol tiene ese factor espontáneo que lo hace hermoso. Boca se presentó en el Pacaembú con autoridad, con esa confianza que le genera su hábitat natural, donde mejor se desarrolla y convive: la Copa Libertadores. Corinthians entró a la cancha con el apoyo de su torcida, misma que enseñaba una pancarta gigantesca haciendo alusión a los 30 millones de «locos» que los siguen en Brasil. Los primeros minutos fueron asfixiantes del Timao, bombardeando constantemente el área de Orión. Romarinho por derecha, Emerson Sheik por izquierda y Danilo como mediapunta; todos causaban estragos en la defensa argentina aunque nada letal.

Cuando mejor jugaba Corinthians, vino la polémica arbitral y la apertura del marcador. Al ’24, Romarinho recibió un servicio en posición habilitada, eludió a Orión y anotó el primero. Sin embargo, el línea tenía su bandera levantada por una supuesta posición adelantada. Ya viendo la repetición, se observa claro como el brasileño estaba en posición legal por más de un metro. Mientras los cariocas le reclamaban al polémico Carlos Amarilla, Boca, con nula idea futbolística hasta ese momento, silenció el estadio con una soberbia obra de arte.

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Juan Román Riquelme agarró la pelota desde unos 40 metros y la mandó a guardar al ángulo contrario de Cassio. Una joya, un disparo espléndido, sobresaliente, magnífico. El ajedrecista xeneize hacía su movimiento letal, pasando de estar en Jaque a tener a su oponente en Jaque Mate, con una sola jugada. Y de ahí adelante, Boca jugó a ser Boca, a manipular las emociones del rival con los golpes anímicos que suele dar, a emular a esa viuda negra que devora a sus presas pretendiendo estar muerta.

Caruzzo y Burdisso fueron un fortín atrás, Somoza destruyó bastante y Erviti nos proporcionó uno de los mejores partidos que se le ha visto. Corinthians se mantuvo con la misma tónica: posesión, transición y la búsqueda de un pelotazo que Guerrero agarrara y metiera, y diera esperanza. La entrada de Alexandre Pato no fue el revulsivo que Tite buscaba. Más bien, el ex rossonero no ha sido el revulsivo en el equipo como se esperaba. El más peligroso, incisivo y relevante de los blancos, fue Paulinho, un elemento capaz de adaptarse a cualquier sistema de juego.

En el segundo tiempo el cansancio físico de Boca fue aumentando, y el mental disminuyendo. Corinthians se veía desesperado a medida que avanzaban los minutos, sensación que alivió en parte cuando Paulinho descontara tras asistencia de Emerson Sheik al ’51. Los de Bianchi aguantaron el embate exagerado de los campeones del mundo, amarraron el empate y bañaron de experiencia y colmillo al Pacaembú en esta noche. La noche de Román.

Corinthians: Cassio, Paulo André, Fabio Santos, Alessandro (Edenilson ’46), Gil, Danilo (Douglas ’75), Paulinho, Ralf, Guerrero, Emerson Sheik, Romarinho (Pato ’46).

Boca Juniors: Orión, Caruzzo, Rodríguez, Burdisso, Marín, Riquelme (Viatri ’68), Somoza, Erviti, Erbes (Bravo ’80), Sánchez Miño, Blandi.