En el juego de vuelta, Fluminense y Boca Juniors empatan 1-1, con lo que los Xeneizes avanzas a semifinales de Copa Libertadores con global de 2-1.

Durante 90 minutos, Fluminense fue amo y señor del partido. Tal presencia la echó por la borda en tiempo de compensación. Pagó caro dos errores: no rematar a Boca a lo largo del encuentro y descuidarse en el último segundo. Durante los primeros 45 minutos, los brasileños borraron a los argentinos, pero solamente pudieron hacerles un gol, mismo que fue obra de Carleto (17′). Sintiéndose padres, Moura, Neves, Bruno y el propio Carleto trajeron de hijos a Insaurralde, Erviti, Roncaglia, Schiavi y al mismísimo Riquelme.

Lo mejor para Boca fue que terminara la primera mitad. Para la parte complementaria, Fluminense disminuyó en su obsesión paternalista y no quiso liquidar a los Xeneizes. Cuando los brasileños ya daban por hecha la tanda de penales, ya hasta pensaban en sus tiradores, apareció la jugada inesperada de los argentinos. En la única y gran acción de peligro, Silva se hizo presente para conseguir el agónico y milagroso gol que le da a su escuadra el pase a semifinales.

Así las cosas, todo lo que hizo Fluminense no sirvió de nada y, en contraste, todo lo que dejó de hacer Boca (atacar) surtió efecto justo antes del silbatazo final.

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