Falto te ideas. Falto de estructura, de ambición, de conjunto. La estrategia de Mourinho lejos está de concretar su tan esperado potencial. Dicen que el portugués es un maestro en el arte del manejo de medios, en moralizar y restar presión a sus dirigidos. Hoy, lo real es que el Madrid no pinta ni luce y está más preocupado en sus rivales que en ellos mismos.

Fue pasmoso el encuentro. Ronaldo quiso hacerlo todo y grabar su nombre en letras de oro, como lo ha intentado desde que llegó a la entidad blanca. Nada. El levante, si bien no lo marcó insicivamente, sí se abocó a entorpecer el pobre juego del conjunto -si se le puede llamar así- merengue.

Higuaín, de lo más rescatable, se contagió cuando tuvo oportunidad de clavar una clara de gol. Nada. A ello se le sumaron el personalista CR7 y el inmaduro Ángel Di María. Intentaron la misma, con el resultado idéntico: sombrerito lujoso innesesario.

  • Levante
  • Real Madrid
Levante: Reina; Cerra, Ballesteros, Nano, Del Horno; Xisco Muñoz, Sergio, Xavi Torres, Juanlu (Xisco Nadal 86′); Nacho González (Rubén 49′) y Stuani (Rafa Jordà 67′). DT Luís García Plaza.


Real Madrid: Casillas; Arbeloa, Sergio Ramos, Carvalho, Marcelo; Khedira, Xabi Alonso, Cristiano Ronaldo, Özil (Pedro León 62′); Di Maria (Benzema 62′), Higuaín. DT José Mourinho.
Goles: 0-1 Allagui (15′), 1-1 autogol de Svensson (45′), 1-2 Szalai (77′).
Árbitro: Delgado Ferreiro. Expulsó al médico del Real Madrid, Juan Carlos Hernández, al final del cotejo.
Incidencias: Quinta jornada de La Liga. Estadio Ciutat de Valéncia ante 18.326 espectadores. Antes del inicio, el Levante homenajeó a los jugadores del Real Madrid campeones del mundo.

Llegó un momento en donde las muecas, manotazos y stress de Mou se tradujo al terreno de juego vía patadas y reclamos. Por poquito se va a las regaderas Cristiano, luego de patear a Del Horno, viejo conocido del técnico madridista; pero el árbitro estuvo complaciente y desubicado. Después ignoró una mano en el área del adolorido Assier. Para entonces Mourinho estaba desquiciado y peor jugaba su equipo.

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El problema del Madrid radicó en la nula creación, en el campo partido, en el egocentrismo envidioso, en el harakiri aburrido. Sólo que este ‘sacrificio’ no lleva a ningún lado, pues no hay conectividad, no hay nada.

Entre Alonso y Khedira se trabaron, Özil se frena solo y, de nuevo, se ensimismó en hacer una y otra vez la misma. Para eso ingresó Pedro León. Hubo más claridad pero nula certeza y más impotencia.

Levante continuó en su rollo. Dejó el balón para los que se supone saben controlarlo (en teoría, el Madrid) y siguió con el cerrojo desesperante y dormidundo. De eso murió el juego. Sin diálogo, con tribuna enfadada. Un 0-0 apto para la siesta vespertina.