Foto: Pierre-Phillippe Marcou | afp

Tan dulce el Merengue le puede provocar diabetes a sus enemigos. Hoy se le subió el azúcar por todas partes al Málaga del Ingeniero Manuel Pellegrini, que volvió al Santiago Bernabéu para tragarse nada más siete goles. Y pudieron ser diez, doce… quince. No lo fueron gracias a la buena actuación, dentro del aplastante marcador, del portero Caballero.

  • 7Real Madrid
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Real Madrid: Casillas; Ramos, Carvalho, Albiol, Marcelo; Alonso (Gago 55’), Özil (Canales 63’), Lass, Di María (Adebayor 56’); Cristiano Ronaldo, Benzema. DT José Mourinho


Málaga: Caballero; Demichelis (Kris 64’), Gaspar, Weligton, Torres; Fernando, Camacho, Silva, Eliseu; Owusu-Abeyie (Cala 68’), Juanmi (Fernández 64’). DT Manuel Pellegrini
Goles: 1-0 Benzema (27’), 2-0 Di María (36’), 3-0 Marcelo (45+1’), 4-0 Ronaldo (50’), 5-0 Benzema (62’), 6-0 Ronaldo (p. 67’), 7-0 Ronaldo (77’)
Árbitro: Miguel Pérez Lasa. Expulsó a Gaspar por doble amarilla al 66’ en la jugada del penal.
Incidencias: Jornada 26 de la Liga BBVA, realizada en el Estadio Santiago Bernabeú, de Madrid.

Málaga apenas pudo llegar a inquietar un par de ocasiones a Iker Casillas. ¿Y cómo iba a ser diferente? Si el Madrid se dio vuelo con un monólogo exquisito. Resolvió porque se unió entre líneas, se comunicó plácido con la tribuna y le entregó un regalo digno de esperanza monumental. Reduce así, con el 7-0, a siete puntos su distancia ante Barcelona y deja a los Boquerones sumidos en el doloroso penúltimo lugar.

La dulce locura comenzó con Benzema abriendo el marcador al minuto 27. Lo que había sucedido antes del 1-0 daba para suponer y hasta aplaudir la postura inicial del Málaga… sería un cotejo complicado y hasta heroico de los visitantes. No. La blancura perfecta del Real dictó totalmente lo contrario.

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Haber aguantado media hora tantos embates y hasta haber producido peligro en la puerta anfitriona, le cobró factura brutal al pobre Ingeniero’s Team. Siguió entonces Di María, producto de quedarse solo frente a Caballero luego del gran pase de Marcelo, y cortesmente suavizó la pelota dejándola en la red.

Había más. Ángel se la regresó al lateral brasileiro y éste colocó, justo antes del entretiempo, el tercer gol del Real Madrid. Normal hasta ese momento, se preveía un segundo lapso tranquilo y sin sobresaltos.

Pero un hambre sobrehumana atrapó a todo aquél vestido de blanco. Se reactivó Cristiano Ronaldo en cuanto a goles, pues había estado muy activo. Y metió tres. Y pudo meter seis. Y aprovechó cada detalle. Y lo entregó todo para su afición. Y tanto fue el impulso que al concluir la obra maestra, las siete maravillas de la noche madridista, abandonó el campo lesionado -ya el Madrid sin cambios- y dejó diez jugadores locales en la cancha, con el marcador definido, con la carrera a por el Pichichi igualada con Messi.

Antes de que Cristiano abandonara el juego y concretarta su hat-trick, Benzema puso en las tarjetas del árbitro su segundo a cuenta personal, el sexto del partido. Pero viajemos más allá de los números espeluznantes. Dentro de la monumental goleada, el paseo al rival y la degustación de futbol rápido, necesitado de goles -iban trazando en la cancha a velocidad pura cada pelota firmada con anhelo de gol-, está la impresionante actuación de Özil, el cerebro.

Mesut construyó juego, enlazó tocó y repartió a las otras figuras y se encumbró en la noche de la totalidad merengue. Un traductor en la cancha de la petición ganadora de Mou.

¡Ah qué baile!