Tras la llegada de Ranieri al banco interista, el equipo ha navegado entre la incertidumbre y el desorden, pero este día se vio otra cara. Los jugadores recordaron que hay plantel, que tienen individualidades de grandes capacidades y sobre todo se acordaron que también pueden jugar en conjunto. Inter ganó 5-0 a Parma, sin embargo lo mejor no es la goleada, sino la forma en que se construyó.

Milito (13′, 41′), Motta (17′), Pazzini (56′) y Faraoni (79´) sellaron el marcador. Más allá de la visión de Ranieri respecto a la obsesión por el resultado, elementos del equipo jugaron sin esa presión y se divirtieron haciendo lo que saben hacer. La mejor muestra fue el primer gol, donde Zanetti condujo el balón en dirección al área rival para tocarlo a Ricky Álvarez, quien a su vez siempre tuvo la mirada levantada para poner un pase preciso a Milito, que culminó la jugada incrustando el balón con el recurso de la elegancia que posee un delantero como él.

De hecho, Milito es otro aspecto considerable del partido. El argentino no sólo contribuyó con dos goles, sino dejó en claro que está para ser titular y que el futbol que alguna vez mostró sigue ahí, no lo ha perdido, quizá estaba dormido. Parte de ese futbol tiene su distinción en la presencia que tiene en área enemiga, donde inquieta al adversario y estimula a sus compañeros para atacar.

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