Por Papayas JC
2do Ganador del Rincón Sapiens

18 de febrero 2011

En el mundo del futbol hay infinidad de ídolos, de esos que cada 8 días pueden paralizar a todo un pueblo para ser testigos de sus goles, sus jugadas y sus errores, llámese como se llame pero en cada rincón del planeta tienen uno de esos, de esos que llamamos ídolos, y Beto Maravillas Estudillo lo era, todo mundo lo recuerda, era un básico que hacía saborear a millones de gargantas al momento del gol. Ésta es su historia…

Beto Maravillas Estudillo, como todo buen crack del mundo del futbol y para no desentonar, nació en un barrio pobre, es el quinto de catorce hijos, producto de la gran fe de su mamá, la señora Doña Onésima, que estaba atenida “a los hijos que papá Dios le mande”. En fin, hablar de carencias en la infancia del Beto es caer en lo obvio, su único amigo era el Balón, un tipo gordo, cacarizo y mal hablado que le enseñó lo mejor de su vida: el amor al futbol. El Balón fue el que lo llevó a conocer por primera vez el majestuoso Estadio Azteca, de lejos, porque el boleto era un lujo casi inalcanzable para el buen Beto Maravillas, ya ni con el Socio Águila pudo armarla, porque su falta de recursos, educación y el IFE, jamás pudo realizar el trámite para pertenecer a esa “prestigiosa” organización; olvidemos lo de educación, sólo dejémoslo en falta de recursos y el IFE.

Pasaron los años para el Beto Maravillas y su situación económica cada vez era más precaria. La televisión que sacaron en abonos chiquitos ya era cosa del pasado y reposaba tranquila en el Nacional Monte de Piedad tras el sensible fallecimiento de su mamá Doña Onésima. La pobre murió sin la posibilidad de ver a uno de sus catorce hijos terminar la secundaria, el más pequeño de apodo el Ponchis era su última esperanza pero el muy gañán terminó en el bote; pero esa, esa es otra historia. Regresando con el Beto Maravillas, la muerte de su fértil mamacita lo hizo trazarse una meta: ¡ser alguien en la vida!, la opción del mexicano promedio con más sueños que preparación era muy básica: buscar una oportunidad en el caprichoso mundo del futbol, porque él, y sólo él, sentía la obligación de comprarle a su mamá, que ahora está en el cielo, su siempre soñada pantalla plana para ver el final de “Teresa”.

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Decidido, optó por juntar unos centavos para darle forma a su sueño pambolero y así comprar el equipo necesario para ser parte del fucho, por suerte justo ese mismo día, su cuñado el Agapo, que manejaba un bicitaxi ahí por los rumbos de Texcoco y traía unas copitas de más, se fue directo y sin escalas contra de un puesto de aguacates, sufriendo graves lesiones en la panza y en una pierna, lo único que salió ileso fue la caguama. Al enterarse de tal calamidad, Beto Maravillas le pidió el bicitaxi a su cuñado, prometiendo pasarle la cuenta de 30 pesos por día. Ya con el negocio hecho, el Beto Maravillas se fue a hacer pierna dándole duro a la pedaleada. Pa’ pronto: en dos semanas juntó dinero suficiente como para comprar su equipo e ir a buscar la oportunidad al siempre espectacular mundo del futbol, probando sus habilidades.

Para no hacerles el cuento largo y namás porque ya me cansé de redactar ahí les va el final de la historia: Beto Estudillo recibió el apodo de Maravillas porque logró en poco tiempo, en cuestión de meses, lo que a muchos les cuesta años, e incluso toda una vida: ser el consentido de la afición, tanto a hombres como a mujeres, comentaristas nacionales e internacionales. A todos, cada 8 días, los deleitaba en el estadio por su rapidez y movimientos de cadera, que a más de uno dejaba boquiabierto, y de sus piques en corto y su rápida respuesta ni hablar, su talento siempre era reconocido de manera constante con el aplauso del respetable, que así lo reconocían como todo un crack del mundo del futbol vendiendo cervezas como nadie en las tribunas… Sin duda, Beto Maravillas Estudillo es un ídolo de la afición.

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