En el mundo occidental, la monogamia es por así decirlo una obligación, todo aquello o aquel que rompa este vínculo exclusivo es considerado un pecador, pero el pecado es más grande y casi imperdonable cuando el autor es un tipo que tiene más de 35 años edad, que en teoría, ya tiene su personalidad, sus gustos y sus afectos definidos, que nunca cambiará sus ideas, sus conceptos y sus valores.

Aquí la historia de este pecador:

Desde pequeño se enamoró del Real Madrid, quizá porque era la única opción televisiva que tenía en aquellos tiempos, si bien había algunos otros equipos del futbol italiano, los merengues se situaron rápidamente como su gran favorito, quizá influenciado por la presencia de Hugo Sánchez, su compatriota.

El amor se mantuvo a pesar de la salida del mexicano, es decir, que el afecto al Real Madrid llegó para quedarse, incluso creció con aquella Copa de Europa ganada a la Juventus con gol de Mijatovic, y el amor se vino a confirmar con otros resultados, pero sobre todo por otros jugadores que pasaron por el club como Redondo, Zidane, Ronaldo, Figo, Beckham, Raúl, entre otros.

El amor estaba ahí, siempre presente, siempre fiel… pero de pronto y desde hace algunos años, (no muchos) llegó un vendaval, que hizo que el monógamo empezara a entrar en la senda del pecado… que su corazón se dividiera en dos.

Esta pasión que sintió por su nuevo descubrimiento empezó de forma casual, primero viendo a un pequeño jugador que destacaba sobre el resto, pero después vio a otros dos que lo maravillaron, y posteriormente vio que el conjunto jugaba al futbol de manera magistral.

Si bien en un principio se resistía a reconocer su belleza, por el simple hecho de ser fiel a los blancos, o porque los otros eran el gran enemigo; las formas de jugar, la filosofía que destilaban, ¡tanta excelencia lo distraía!, lo confundía, lo hacía pensar más en ellos que en los blancos… la infidelidad empieza por la mente.

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Después, por razones del destino o más bien porque la historia así lo obliga, el amor de su infancia y de su vida tuvo que enfrentarse a este equipo que tan profundo había calado en su paladar. Las continuas batallas entre estos dos, pero sobre todo, la manera bestial en que se daban, con tintes de guerra; en las que incluso el casi pecador participó en algún debate o discusión, fueron tremendas y excesivas, pero a fin de cuentas batallas que por desgracia perdió, en su mayoría, su primer amor.

Todo lo anterior aunado a la manera de jugar de España en el pasado mundial, fue el principio del fin, empezó la mutación o más bien se confirmó la incursión en su organismo de un nuevo querer, de un nuevo gusto.

Ahora los ve, los disfruta, los goza, pero no lo puede decir, no lo puede expresar, ya que en su mundo amar a dos es imposible, peor aún, amar al enemigo se castiga con la muerte y el deshonor, pero qué puede hacer, el amor y el gusto llegan sin avisar, sabe que quizás es una pasión temporal propia de los que están por entrar a los 40 años, que quizá con el tiempo pase.

El creía que con la salida del anterior técnico todo regresaría a la normalidad, pero eso no está ocurriendo. Este hombre sufre por su pecado, por su doble vida, por amar a dos, por creer en dos. Porque es hincha del Madrid, ¡pero carajo, le encanta como juega el Barcelona!