Más que un juego

Por Leonardo David
Dale dale dale dale ohhhh, dale dale dale dale ohhhh, daleee… dale ohhhh!!!!
Solía cantar con la afición, saltando, ondeando la bandera de mi equipo, usando mi jersey de la suerte, aquel que sin explicación lógica me había brindado momentos inigualables cuando el equipo del pueblo jugaba, los momentos mágicos y dignos de ser recordados siempre están conformados por pequeños detalles que en cualquier otro día pasan desapercibidos, pero la noche en que todo está destinado a pintar sonrisas en la cara de los incrédulos y convertir un día de la semana cualquiera en el más importante de tu vida todo ocurre tan despacio, tu memoria se vuelve eidética y nada escapa de tu vista, la forma de las nubes, la brisa que hace danzar las banderas, los colores que pintan el estadio, cada rostro de la afición que está a punto de presenciar un momento único e irrepetible; yo soy de los tantos que no pudo ver los talentos únicos de nuestro deporte en el campo, no pude ver a Edson Arantes do nascimento Pelé coronarse como monarca del fútbol, no estuve presente el día que Diego Armando Maradona fue tocado en su mano por la divina providencia y proclamarse Dios ante los ojos del mundo, el día en que Johan Cruyff sentó las bases para una revolución que cambiaría para siempre la forma de ver el juego escapo a mi presencia, entre otros especímenes que se hacían llamar prodigios y que sin duda lo eran ya que no eran hombres cualquiera como tú o yo y que sin duda pasaran los días y nuestros nombres significaran nada para la vasta historia de este mundo pero sin duda los llamados prodigios, sus hazañas y sus logros  formarán parte de una larga lista de relatos que endulzarán los oídos de aquellos que  disfruten el juego tanto como tú y yo lo hacemos; la belleza del juego sin importar el resultado nunca te deja vacío, las emociones son esenciales para todo aquel que se haga llamar aficionado, hincha, barrista o simplemente humano, ganar esta en nuestro ADN, la derrota es solo el camino hacia el éxito, y once históricos hombres que pusieron su prestigio y orgullo en el campo de juego me mostraron que todos podemos formar parte de la historia, incluso tu, que solo cantas, apoyas, presionas y sin importar que nunca olvidas tus colores, la remera se puede romper, se puede quemar, manchar, tirar, pero el escudo y los colores de tu equipo se impregnan a ti y estos nunca se removerán, solo un cobarde se despojaría de estos, doy la vida por los once que juegan y los miles que miran y alientan a estos, jamás permitiré que alguien se atreva a mancillar el nombre de la institución que me brido alegrías y aunque entiendo que no todo puede ser felicidad mi fidelidad nunca se pondrá en duda.
El domingo 13 de abril, fue uno de los días más esperados por mi persona y otros que comparten mi afición por el juego, la noche previa salí con mis amigos a festejar, tomamos unos tragos, cantamos el himno del equipo, coreamos como nunca los cánticos distintivos de nuestro escudo, gritamos a los cuatro vientos insultas al rival, en nuestra cabeza solo había una idea, divertirnos ya que mañana solo habría festejos y agradecimientos al equipo por dar todo en el terreno de juego; llegue a mi casa ansioso no podía esperar a escuchar el silbatazo inicial y final, mi mente solo mostraba escenas de lo sería el mañana y como gritaría hasta quedar afónico pero… por un momento divague, quite de mi cabeza el estadio, al equipo, la afición y me concentre en un sujeto, un hombre al cual conocí esa noche previa al juego, portaba la playera del rival los insultos que grite a los cuatro vientos iban dirigidos a él y a todos los que lo acompañaban, nunca lo había visto antes probablemente no era de esta ciudad, recuerdo que me miraba distinto como si lo que hacía era algo fuera de lo normal, mis amigos y yo solo gritábamos y les pintábamos el dedo, gritos como: “chinguen a su madre”, “putos los de amarillo”, “les vamos a meter toda la verga mañana”, si nos joden no salen vivos del estadio”, etc. no puedo asegurar si era miedo lo que sus ojos reflejaban o sólo era confusión ya que no acostumbran a sentir de tal manera lo que nosotros llamábamos pasión, el hombre y los demás que lo acompañaban se retiraron y nosotros continuamos con los insultos y la fiesta, no pienso mentir ese momento me saco una sonrisa ya una vez me encontraba en mi cama impaciente por el juego.
Al despertar esa mañana todo se volvió lento para mi, estaba tan desesperado que mire las nubes y sus formas en el cielo, repasé una y otra vez mi itinerario, no podía apartar la mirada de mi jersey de la suerte, solo quería que el reloj diera la hora para partir rumbo al estadio. Al fin había llegado la hora, partí rumbo al punto de reunión donde todos saldríamos y nos dirigiríamos al estadio, durante todo el trayecto cantamos como nunca, el ritmo de la música era incapaz de mantener las piernas inquietas, era como si el suelo estuviera hecho de lava ya que no podíamos contener nuestros pies pegados al concreto, seas o no fanático el ambiente era envolvedor, cualquier descripción que pudiera hacer se quedaría corta  en comparación a lo que en realidad fue, mi corazón latía al máximo, la ansiedad hacia sudar mis manos, quería llegar al estadio pero al mismo tiempo deseaba que este recorrido nunca terminara. Al fin llegamos a nuestro destino y ahí estaba él, el hombre al cual había insultado la noche previa al encuentro junto con sus compañeros, solo me miró, no con extrañes sino con un gajo de confianza, varios de nuestra barra les lanzaron objetos, piedras, latas, botellas, vasos, juro que vi un paraguas volar, los rivales nos regresaban las cosas lanzadas, un vaso se estampo en mi frente, el calor del momento me hizo querer darle su merecido a cada uno de esos cerdos amarillos pero la policía llegó a calmar algo que pudo terminar en tragedia, nos retiramos maldiciendo tanto a la autoridad como a los amarillos al igual ellos no podían parar de gritarnos, nosotros sabíamos que los volveríamos a ver pero en esos momentos lo más importante era apoyar al equipo, así que entramos al recinto y nos ubicamos en la cabecera norte y todos al unísono cantamos como nunca, el estadio retumbó, no éramos miles viendo un juego, éramos uno viendo nuestra vida.
Fuimos los últimos en salir, por medidas de seguridad, pero no nos importo, ya nada importaba, sin importar el resultado siempre bajamos los escalones cantando, nunca le dábamos la espalda al equipo; una vez fuera del estadio ellos estaban ahí, los amarillos, nunca entendí que hacían ahí parados, esperaban el camión que los regresaría a salvo a casa o nos estaban esperando, la seguridad después de unos cuantos metros de escolta te abandona y quedas por tu cuenta, el ambiente era tenso, el resultado del juego dejó a un bando satisfecho y a el otro lo dejo con destellos de venganza y esta se encontraba justo a unos metros que nos dividían, la lentitud del momento me hizo notar pequeñeces que pasaron desapercibidas para casi todos los que nos encontramos en medio de la inminente trifulca, a mi derecha había una pareja de novios que durante el partido no pararon de cantar y cuando el momento lo ameritaba se besaban como si nada importara, para ellos solo era un juego y una excusa para divertirse; a mi izquierda se encontraba una familia, un padre que a sus espaldas escondía a su esposa y a su hijo que portaba la playera de nuestro equipo, frente a mi estaba una vez más ese hombre al cual había visto la noche previa, en esta ocasión sus ojos no mostraban confusión ni confianza, sino miedo; ambas barras nos enfrascamos en una pelea que no dejaría ganadores, todo lo contrario, solo dejaría perdedores, entre esos perdedores yo. Cuando la policía se enteró de la pelea acudió rápido al lugar del enfrentamiento, mis compañeros al enterarse emprendieron la huida, pero yo resbale y caí, los amarillos aprovecharon para golpearme y patearme, entre ellos ese hombre cuyo miedo al escenario lo impulsó a actuar, deje de sentir a los pocos segundos del ataque, alguien pateó mi cabeza y me dejo inconsciente pero eso no los detuvo, desgarraron mi jersey de la suerte, vaya suerte la mía, nadie volvió a mi ayuda, la pareja de novios llamó a una ambulancia, la familia que se encontraba ahí narró los hechos a la policía, yo intenté resistir camino al hospital pero mi cuerpo estaba muy cansado, sabía que no lograría salir sano y salvo, no mas cantos para mí, no mas euforia, moriría con los colores del equipo tatuados en mi piel manchada de rojo, mis ojos nunca mas presenciarían las maravillas del juego que tanto amo, mis manos nunca mas ondearían la bandera de la institución que me dio una razón para sonreír y llorar, si este es mi último aliento lo utilizare para cantar, cantar como nunca y exclamar a  los cuatro vientos el amor que le tengo al juego y lo agradecido que estoy con él.
«Todos somos diferentes en cualquier aspecto, pero nuestro amor al juego es el mismo»
No a la violencia en los estadios.

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5 COMENTARIOS

  1. Ten unas tildes, mano: ´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´. Te comiste varias.

    Mal por ti, pésimo por el «editor». El texto, ahí più o meno.

  2. Me parece algo contrastante. La narrativa es de buena calidad, lástima que no se puede apreciar cómo debería por problemas ortográficos. No por los errores simples como «extrañes/(*extrañez)» o «frente a mi/(*mí)» sino por el mal uso de los signos de puntuación.

    No tengas miedo de usar el punto (.) tantas veces como sea necesario. Muchas, pero muchas comas (,) que usaste debieron ser «punto y seguido», «punto y a parte» o por lo menos «punto y coma», creo que más de la mitad de la veces. Eso provoca que los lectores no hagamos las pausas correctamente, lo que nos lleva a una lectura (aparentemente) apresurada.

    Casi irónicamente, también en varias ocasiones te hizo falta el uso de la coma para separar correctamente oraciones. O sea, usaste muchas comas donde deberían ir puntos, pero te hicieron falta comas en otras partes donde sí iban hehe.

    En fin, lo más difícil ya lo tienes: ¡La narrativa! Por que para eso se necesita talento y creo que lo tienes. Lo demás es técnico y se aprende fácil.

    La palabra que aprendí hoy: eidética. u_U

    ¡Felicidades y un saludo!

  3. Bueno, me gustó la narrativa. Como los demás, creo que las faltas de ortografía, gramática y puntuación hacen que se vuelva complicado no perder el hilo. Una cosa más, no se con que barra alientes a tu equipo, pero en la mía, cuando nos tocaban combates nunca nadie abandonaba a nadie. Y otra, a menos que hubiera un motivo para iniciar el combate (casi siempre trapos robados) nunca pasaba nada. Bueno, sólo con las barras de Pumas y América que buscaban conflicto sin motivo y nos iban a buscar, y en esos casos no te queda más que defenderte…

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