¡Tenemos al primer ganador del año! Disfruta la lectura de Complejo de inferioridad, por Ángel Racebesanbre.

Ganador del LXXVI Rincón Sapiens: Complejo de inferioridad

Ganador del LXXVI Rincón Sapiens: Complejo de inferioridad

El fútbol mexicano es un fracaso. Cuando se mira este fútbol parece que los jugadores se están burlando de uno. Cuando se va a verlo al estadio, realmente se sale satisfecho del recinto pues hay mucha diversión gracias a los pleitos de las aficiones o al circo de los directores técnicos; en ese sentido realmente se está pagando por un espectáculo, pero no de fútbol.

Las características centrales, creo yo, de que el futbol mexicano sea aburrido y visualmente intolerante, son la escasa voluntad del jugador por ofrecer al máximo sus capacidades como deportista, su ausencia de apetito al juego y su gran falta de actitud para hacer lo que supuestamente más le gusta, practicar fútbol. Actualmente al jugador ya no se le pide que dé espectáculo; se le ruega que juegue con ganas y no se acompleje.

Ya Samuel Ramos lo dijo hace décadas: el mexicano tiene un alarmante y muy “inteligente” complejo de inferioridad. Cuando el mexicano se siente capaz de vencer, de humillar y de imponerse, lo hace sin preguntarle a nadie; y lo hace porque normalmente a quien se lo hace “carece” de ciertas virtudes o cualidades necesarias para dar pelea o defenderse. Pero si el mexicano envalentonado e imponente se encuentra ante alguien cuyas cualidades son aparentemente “superiores”,  se le voltea la tortilla y se vuelve la víctima, se hace chiquito y se condena al fracaso. Ambos posturas, que un mexicano se imponga a otro que considera “inferior” y que un mexicano se haga chiquito cuando alguien que considera “superior” se le presenta, son parte de un complejo de inferioridad creado para salir por la tangente ante situaciones complicadas. Este complejo de inferioridad es producto de la falta de una actitud verdadera, propia y única. Somos, como mexicanos, una copia de los demás. No somos originales. Nuestra actitud se ve en nuestras acciones. Nuestras acciones son, por decirlo así, tristes y evidentemente deprimentes.

 Esta falta de actitud y esta copiosa y acomplejada forma de ser viven en el fútbol mexicano. El medianamente buen jugador del circuito profesional mexicano de fútbol gusta de presumir y humillar a sus contrincantes “inferiores”; la verdad es que gana partidos con regularidad, pero no únicamente por méritos propios, que seguro los tiene, sino porque los demás se dejan acomplejar o están acomplejados. En una situación que en teoría debería ser diametralmente opuesta, encontramos al mismo medianamente buen futbolista mexicano jugando para su selección; cuando juega contra Alemania, Argentina, Holanda, etc., resulta que le ocurre lo mismo que provocó a sus coterráneos de país: se hace chiquito cuando alguien con más medallas, más títulos, más renombre y más legado se le pone enfrente. El futbolista mexicano tiene complejo de inferioridad, aquí y en China. Con  lo siguiente voy a demostrar que el complejo de inferioridad es el único responsable de que el fútbol mexicano sea un fracaso:

Muy a menudo se le acusa al fútbol mexicano de que los equipos juegan con un exagerado número de extranjeros en el cuadro titular, 6, por dar un cifra, y no se le da proyección a las jóvenes promesas mexicanas, que podrían ser, como suelen decir los titulares poco creativos de periodismo deportivo, “las próximas joyas del mercado”. ¿Cuántos españoles militan en el Real Madrid? ¿Cuántos ingleses en el Chelsea? ¿Cuántos franceses en el PSG? ¿Cuántos alemanes en el Bayern? ¿Cuántos italianos…?  Saquen el ábaco. No hay que ser muy matemático para darse cuenta de que la piedra angular de los grandes equipos es la pierna extranjera. ¿Cuál es el problema, entonces, de que jueguen 5 o 6 extranjeros de medio pelo en los equipos mexicanos? Acostumbrados a copiar todo, es raro que no jueguen 11 extranjeros en los equipos mexicanos. Quizá con más extranjeros todo mejoraría, incluso los jóvenes canteranos se esforzarían por ganar un puesto. El problema no es que los extranjeros quiten o den lugares; el problema es la actitud del mexicano y la peligrosa formación que se da en las canteras del fútbol nacional.

Los salarios del futbolista funcionan igual en todos lados: al bueno se la paga bien y al malo no se le paga mal. ¿De qué se quejan? Claro que el más bueno en Europa aspira a un yate y el más bueno en México aspira, digamos, a un cacho de velero, o a un codiciado automóvil o una casa bien ubicada y respirable, meta casi imposible para las condiciones del país. Igual no está mal.

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Los futbolistas, en todos lados, ascienden y descienden de liga según el desempeño anual de sus equipos; los futbolistas, en todos lados, son famosos, figuras públicas, políticos y hasta filántropos; los futbolistas, en todos lados, hacen escándalos, exhiben sus borracheras, tienen problemas legales, van a juzgados penales; los futbolistas, en su mayoría, tienen mujeres de gran belleza pero de pequeña inteligencia (no es un pensamiento machista ni irrespetuoso, es simplemente la realidad: sólo las mujeres con cierta alteración mental o cognitiva se fijan en los futbolistas, ya sea porque son famosos, porque tienen dinero, porque viajan, etc.); los futbolistas, en todos lados, no están exentos de violencia o agresiones, también son víctimas e incluso sufren “accidentes” causados por negligencias de compañías aéreas que todos usamos. Los futbolistas son iguales en todos lados. ¿Por qué son tan malos los futbolistas mexicanos?

Incluso la UEFA, la CONCACAF, la CONMEBOL y otras asociaciones son lo mismo: son corruptas, tienen presidentes no renovables estilo PRI, tienen mucho dinero, rigen igual y podría existir un solo organismo que las aglutine.

Los torneos y campeonatos son la misma cosa en occidente y en oriente: los equipos juegan múltiples y simultáneos partidos de liga, copa, recopa, ultracopa, supercopa, megacopa, copa de campeones, copa continental, copa de clubes, copa de brasier, copa de vino, copa de lo que sea. ¿Por qué se quejan los jugadores mexicanos de que hay “sobrecarga” de trabajo? Yo no veo a Cristiano Ronaldo deprimido en una entrevista porque tenga que jugar cada 2 o 3 días; se deprime porque no gana el balón de oro.

Como en todas las ligas, hay equipos hegemónicos (al menos en cantidad de títulos), equipos segundones (Cruz Azul) y equipos perdedores (Cruz Azul). Como en todas las ligas, hay reglamento, oportunidad de jugar, jugadores, balones, canchas, etc. Incluso la afición, a sus proporciones, es rebelde, alborotada y hasta violenta en todos lados. Lo único que nos diferencia con el fútbol europeo son los estadios, que son mucho mejores allá, y los árbitros, que son menos malos que los nuestros, por no usar otros adjetivos más ad hoc.

Por la tanto, el futbol es lo mismo, o casi lo mismo, aquí y en China. Piernas, porterías, césped, balones, son lo mismo. Reglamentaria y objetivamente no hay una marcada disparidad entre nuestro fútbol y el europeo, salvo, todos lo sabemos, en su calidad. Hay un abismo de calidad entre el fútbol de acá y el de allá, lo que se manifiesta en la cantidad de torneos ganados internacionalmente. ¿Por qué el futbol mexicano es un fracaso? Respuesta: Complejo de inferioridad.

Y para que se me crea aún más, les diré que yo soy el ejemplo más claro de lo que acabo de mencionar; yo, como todo niño ingenuo e impulsado por los deseos truncados de familiares, pensé en algún momento que sería jugador de fútbol profesional, pero mi apatía, mi poca convicción y mi falta de ambición fueron más fuertes. A pesar de que yo sí quería jugar, mi prematura falta de actitud y una pequeña dosis de complejo de inferioridad (no que yo imponía, sino que me imponían) me mandaron a la banca. La ventaja de esta temprana situación fue justo esa, que su precocidad funcionó para dedicarme a otras cosas que, para mí, son más fructíferas y alegres que tratar de llegar a ser un jugador de élite en el fútbol nacional. De manera que llegué a dos reflexiones para aquellos tercos con el fútbol profesional mexicano: o que muchos jugadores que ya están en la órbita profesional y pseudojugando en equipos como Jaguares o Cruz Azul se hagan conscientes de que hay cosas más redituables y menos frustrantes que el fútbol, o que aquellos niños, adolescentes y jóvenes que aspiran a jugar profesionalmente al fútbol, abracen realmente el deseo de hacerlo y jueguen todo el tiempo como si de veras, con garra, con terquedad imperial, con las dos esferas de esperma que tienen entre las piernas y sin complejos de inferioridad.