Era un domingo de Agosto de 1960, Luis – entonces de 13 años – estaba defendiendo la portería durante un juego con su equipo en el llano. Ahí donde los sueños nacen y se gestan batallas épicas. Ahí donde los tentáculos de la maquinaria de la corrupción y el dinero no alcanzan a llegar afortunadamente.

La Fuerza del Amor

Ganador del LXXVII Rincón Sapiens: La Fuerza del Amor

No era una mañana normal, estaba en juego el campeonato del torneo. Y el encuentro se jugaba con la rispidez que ameritaba la ocasión pero con la inocencia de unos jóvenes – casi niños – que disfrutaban del juego y se divertían haciendo lo que les gustaba hacer.

A mitad del segundo tiempo, Luis tuvo un choque accidental con un rival y se golpeó la cabeza. Don Isaac (su DT que además era su abuelo) inmediatamente ordenó un cambio pero Luis le rogó que le permitiera continuar ya que no se podía perder un juego tan importante. Su abuelo, viendo su insistencia y sobre todo revisando que estaba en condiciones físicas para continuar, le permitió seguir en el campo.
El marcador no mostraba anotaciones y el empate coronaría a su escuadra como campeona del torneo. Se jugaba el minuto 90 cuando un delantero rival se acercó con peligro al marco de Luis y él salió a achicar. A pesar de que atajó limpiamente el balón el árbitro de manera angustiosa marcó la pena máxima. El tiempo parecía transcurrir en cámara lenta. Los defensas reclamaban airadamente la marcación pero de nada valió. El de negro se mantuvo en su decisión. Él sabía que debía detener ese tiro a toda costa. Significaba la coronación de un torneo de sacrificios personales, en la escuela y de todo lo que dejó a un lado durante ese tiempo para entrenar.

Para Luis, todo seguía transcurriendo en cámara lenta. Su cabeza le dolía y todo le empezó a dar vueltas cuando se paró bajo los tres palos para atajar el tiro penal. Sonó el silbato y el delantero soltó un trallazo. Luis, quien no estaba en plenitud de facultades, se tiró con todas sus fuerzas a su palo izquierdo. No supo que había pasado en realidad, pero había desviado el balón con las yemas de los dedos hacia afuera de su cabaña. En ese mismo momento el árbitro pitó el final del encuentro y sus compañeros corrieron a abrazarlo y levantarlo en hombros. Luis se había convertido en el héroe de su equipo al ser el artífice de la coronación.
Don Isaac manejaba su camioneta de regreso a casa. Nuestro protagonista repasaba los hechos que apenas habían ocurrido cuando vieron como una camioneta de redilas repleta de gente, volteó sobre su costado en una curva. Las personas salieron disparadas y cuando el chofer intentó huir, el abuelo de Luis – un hombre de recio carácter -sacó su escopeta de la camioneta para hacer disparos al aire y así asustar al chofer para evitar que huyera. Entre los que salieron ilesos del percance retuvieron al pobre sujeto quien argumentaba que se había quedado dormido.

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De entre los heridos salió una señora quien gritaba desesperadamente que no encontraba a su hijo. De repente se escuchó un fuerte llanto bajo la camioneta. Algunos voluntarios intentaron levantarla sin éxito y trataron de calmar a la mujer diciéndole que pronto llegaría la ambulancia y la grúa para sacar a su hijo.

Ella sin escuchar se acercó a la camioneta y sin ayuda la levantó ante la mirada atónita de los que la veían. El niño fue sacado y ambos lloraron. A Luis y a su abuelo les pidieron ir al hospital para que dieran una declaración como testigos del accidente. Y el entonces adolescente a casi sesenta años de ocurrido el hecho, vívidamente recuerda que al llegar al hospital le dijeron a la madre del niño que tenía los brazos fracturados por el descomunal esfuerzo y en ese momento ella se desmayó.
El amor de madre en un momento de gran desesperación le dio a la mujer una fuerza sobrehumana para levantar un vehículo pesado y salvar a su hijo.
En la vida y en el fútbol podemos ser testigos de grandes proezas. Situaciones de desesperación en las que aflora la fuerza interior y nos llevan a ejecutar actos de los que jamás nos creímos capaces hasta que los realizamos. Nuestro joven protagonista no pudo evitar sino preguntarse de donde había salido la fortaleza de la mujer para hacer lo que hizo y de donde él mismo había sacado fuerzas para atajar ese penal. Fue sin duda el amor por un hijo y el amor al deporte.

Para Luis fue indudablemente una tarde de fuertes emociones que nunca olvidaría. http://credit-n.ru/zaymyi-next.html https://zp-pdl.com/how-to-get-fast-payday-loan-online.php https://zp-pdl.com/get-quick-online-payday-loan-now.php http://www.otc-certified-store.com/birth-control-medicine-usa.html