Cabrito Arellano. Siempre por la derecha.

Por Fernando Mondragón
Ganador del Rincón Sapiens

25 de mayo 2011

El sueño estándar del aficionado es ser parte de un equipo y ganarlo todo. Y no así nomás, sino como Maradona en Nápoles, como Clough en Nottingham, tan rápido como se pueda en equipos tan chicos como los haya. Transgrediendo todo lo que se deje. ¿Y si el club se muere después del jugador? A quién le importa, la grandeza individual contiene más riesgo, más gloria. A fin de cuentas el equipo era chico desde un principio.

Y donde antes había colonias hoy hay soñadores similares, y en cuanto se vuelven futbolistas, el sueño se convierte precisamente en irse a Europa, pero a un equipo grande. Sin embargo, el espíritu de esa grandeza es precisamente la transgresión. Y resulta que también hay grandeza en transgredir los sueños tradicionales: esas ideas de gloria individual y expedita. Así lo hizo, aquí, Jesús Arellano.

Primero, la gloria. Debutó en el 94, contra Puebla, marcador final empatados a 1. Su último juego en Monterrey fue contra el mismo equipo y el mismo marcador, mítico. Estuvo ahí cuando mandaron al archirrival al descenso algo que, hasta donde yo sé, ningún otro equipo ha logrado. Cuando se desayunaron un campeonato después de 17 años, también estuvo ahí. Cuando el odiado vecino se aparecía en semifinales y se tenía que eliminar (humillándolos, ilusionándolos o como fuese), también estuvo ahí, y en una de esas hasta se despachó con un gol. Y por supuesto, en los tres campeonatos más recientes, los que cambian la historia del equipo, los que marcan la transformación de ese equipo “con mucha historia” a un equipo de época, también estuvo ahí, listo para tomar la copa, dar la vuelta y correr al vestidor a celebrar con los compañeros.

Segundo, la paciencia. Cuando el Monterrey iba a la capital a que les metieran de 4 a 6 goles en el Azteca, Arellano se tenía que quedar al final del partido a saludar a sus compañeros de la selección, mismos que le acababan de poner la goliza. Cuando el Atlas iba al Estadio Tecnológico a meter no menos de 3 goles, Jesús hacía que Osorno y Zepeda pensaran que no había sido fácil. Cuando al técnico se le ocurría que no valía la pena perder un clásico si no se recibían 6 goles, Arellano era titular. Después, cuando tuvieron dos oportunidades, en 12 meses, de ganar un campeonato cerrando en casa, el 28 de Monterrey decidió que no era buen tiempo para retirarse aún. Y si los técnicos iban y venían, Arellano se quedaba; fue a Chivas y volvió, soñando aún con una grandeza colectiva, no con goles y copas.

Lee también   Jesús 'Cabrito' Arellano fue acusado de agresión sexual

Que lo suyo no era golear, aunque qué golazo le metió a Comizzo aquella vez que se fue solo por la derecha. Lo suyo era el equipo, entenderse con los demás, jugadores pasaron, figuras se hicieron, y Arellano se quedó, paciente. Guillermo Franco, siempre se entendieron bien. Walter Ervitti, se repartieron las bandas y lograron un equilibrio desconocido hasta entonces en la ciudad. Humberto Suazo, no siempre, pero a veces sí hubo espacio para dos tan grandes en el Tec. Antonio De Nigris, hasta se los llevaron juntos a la selección. Y lo que le deja al equipo no son nada más trofeos y memorias, sino esa premisa de que con paciencia todo juego se gana, no sólo el futbol. Esto ya es patente en el modo de actuar del equipo, cuerpo técnico y directiva.

Por la espalda se puso el 7, el 21 y hasta el 400, pero a partir del 2003 el 28 quedó plasmado para siempre en su camisa, al tiempo que su figura se hizo tangible con el campeonato de ese año. Desde entonces, hasta este mes, el retiro rondaba su cabeza. Y no fue hasta ahora, que sintió la confianza de dejar al equipo, cuando ya no necesita estar físicamente en la cancha para que las cosas salgan bien. En la tribuna de General la manta reza que la grandeza de este equipo se refleja en su gente. Y como miembro de esa tribuna escribo estas líneas para que no se cometa la injusticia de olvidar que los triunfos del futuro ya le pertenecen a Arellano. ¡Grande, Cabrito! y la grandeza por venir al Monterrey, desde ya te la agradezco.

Arellano se retiró del futbol y dejó gratos recuerdos