POR: JUAN FRANCISCO SANTOYOGanador del Rincón Sapiens XXXIV edición

Ferenc Puskás
Ferenc Puskás
Desde chico me encanta escuchar a mi papá contarme las grandes hazañas que le tocó presenciar. Como disco viejo de acetato que se mantiene intacto, sin rayón alguno, rememora aquel maravilloso mundial de México 70, en donde le tocó disfrutar –con la entonces recién y novedosa tecnología televisiva de transmitir a color- de la magia de Pelé, para él muchísimo mejor jugador que “Marranona” –así le llama-; de la inmortal atajada del portero inglés Gordon Banks, del llamado ‘partido del siglo’ entre Italia y Alemania con un Beckenbauer usando cabestrillo cual mariscal herido en el campo de batalla, los goles de Müller y Cubillas…Para él, este magno evento futbolístico representó la apoteosis del buen fútbol, así como el inicio de la decadencia del mismo. –“El fútbol no volvió a ser igual a partir de entonces”; suele decirme con marcada nostalgia. –“Fue a partir de allí que la FIFA encontró una mina de oro, y de ahí el fútbol se volvió un producto, un negocio, un elemento más de la comercialización desmedida, y todo se lo debemos a Joao Havelange”. ¡Cómo habrán sido las cosas en aquel entonces, que hasta lo detuvieron afuera del estadio de Puebla porque a la policía le pareció sospechoso! lo acusaron de andar haciendo apuestas clandestinas, pero ni eso le impidió presenciar el gol de Domenghini con el que Italia se impuso por un gol a Suecia.Y si hay algo que me gusta de sus narraciones, es la forma poética y… supongo que la palabra más ad hoc sería “caballeresca”, con la que rememora las hazañas. –“Era un deleite ver a aquellos Uruguayos, soldados todos, fuertes y luchones, aunque por supuesto a veces se excedían en la rudeza o en la brusquedad, no en vano aquello de la ‘garra charrúa’… ¡y Brasil! Brasil era una sinfonía ejecutada a la perfección. Como notas buscando el compás adecuado, cada jugador sabía en qué momento debía entrar, cómo moverse, cuándo pasar desapercibido… Era una secuencia de sonidos y silencios, con un ritmo y cadencia redondos y adornados con pentágonos negros –cual geométricas notas- que buscaban no menos que la gloria, una gloria a todas luces merecida, puesto que tuvieron rivales a la altura.Italia era una máquina defensiva, los alemanes parecían imbatibles y México… México hizo lo que pudo. Quedó la alegría de haber pasado de la primera ronda, pero quedó también ese vacío, esa tristeza que aún nos cala a todos… es una loza que aún no nos hemos podido quitar.”Quizá sea por eso que él es mi enciclopedia personal a la hora de preguntar referencias por nombres que me suenan desconocidos, por equipos que, al poner sus nombres en las páginas de búsqueda aparecen en divisiones –muy- inferiores o los marcan como desaparecidos; por estadios cuyos terrenos hoy los ocupan centros comerciales o talleres de empresas automotrices, o por equipos que marcaron época pero que hoy muy pocos recuerdan. Me gusta preguntarle cómo era ser aficionado de la selección en una época en la que un mundial significaba un gran paseo para la delegación mexicana, 2 o 3 derrotas de escándalo y regresar a casa –como el marido borracho que se desquita con la mujer y los hijos- con el auto-impuesto mote de “Gigante” en un área geográfica en la que el buen fútbol simplemente no existía. Me encanta que me cuente acerca de Puskás, de Rivellino y Tostao, del Lobo Zagallo, de Di Stéfano, de Best, de Borja, Chava Reyes, el “manquito” Villalón y Carlos Reinoso; de aquel gol fantasma que le dio su único título mundial a Inglaterra (algo que nunca me ha tocado presenciar en mi vida, los Ingleses ganando algo en fútbol), de la emoción del Chale Hernández al clavar el penal que significó el tercer gol en la portería de los futuros sub-campeones del mundial del 62, Checoslovaquia –país que ya ni existe, se dividió en 2-; la atajada con la pierna y un dedo fracturado ante Uruguay de la Tota en su despedida –“y en Wembley”, siempre recalca. –“No ha habido mejor portero que él en México, y dudo mucho que lo haya”. Puede pasar horas adulando a Teófilo Cubillas, a Jairzinho, al Estadio Azteca… no lo pararíamos, si por él fuera.A veces me pregunto que se habrá sentido vivir esa época, dorada en mi concepto desde mis días de infante gracias a la influencia paterna. A veces, sólo a veces –como cuando me toca ver un San Luis-Jaguares que va 0-0 al minuto 80 y con 3 disparos a gol en todo el partido- cierro los ojos y las siluetas se transforman: no es Razo o Fuentes, es Carlos Alberto robando balones no a Matellán o a Orozco, sino a Faccetti o a Bertini; un descompuesto disparo de larga distancia se convierte en un atajadón de Yashin, o una torpe caída puede ser un regate de lujo en los pies de Eusebio. Con un dejo de envidia escucho a quienes les tocó vivirlo también y platican con mi papá como encerrados en una burbuja, ajenos a la podredumbre, el dinero, la fama y los excesos que rodean hoy al deporte más popular del mundo. Incluso a veces maldigo mi suerte: ¿Porqué me tocó esta época, llena de Ballotelis, CR7’s, Neymares, Beckhams y Sinhas? (Mejor a Sinha ni lo menciono, mi papá lo odia, y si llega a leer este texto seguramente se enojará conmigo por “mezclar lodo con agua cristalina”).
Franz Beckenbauer
Franz Beckenbauer
Y cuando al fin el suplicio se termina y se reparte el punto entre ambos equipos, intento visualizar el contexto en el que mi papá creció, y me doy cuenta lo mucho que han cambiado las cosas: México juega de verde y no de guinda, Brasil sigue siendo imponente pero sus jugadores actuales están muy lejos de acercarse al menos al 10% de la calidad de los de antaño –“Ese Neymar no es un jugador de fútbol, es una diva, una vedette”, sentencia con dureza aquel que me diera la vida. La Europa comunista desapareció, pero con ello también el buen fútbol que muchos países de dicho bloque practicaban. –“Alemania se enfrentó a sí misma en el mundial del 74”, me dice al tiempo que esboza una sonrisa irónica en su rostro. –“Si bien nunca vi a Alemania como dos países, Federal y Democrática, son de esas cosas curiosas que el fútbol suele regalarte. Y ganó la Alemania Oriental 1 a 0; se podría decir que fue un pequeño triunfo del rebelde comunista ante el imperial capitalista”. Su mente y sus ojos parecen atorarse de repente en algo triste, en algo que fue mejor que desapareciera. –“No me lo tomes a mal, me dio un gusto enorme la caída del muro de Berlín y todo lo que significó, pero si en algo perjudicó esto fue al nivel futbolístico de los países de Europa del este. La URSS, eso que tú conoces hoy como Rusia, en su momento también fue una potencia, ¿y sabes por qué? Porque los gobiernos comunistas veían al deporte, y en particular al fútbol, como un campo de batalla en el cual podrían demostrar cierta superioridad. Ser seleccionado de aquellos países, en esa época, era al mismo tiempo un privilegio y un riesgo enorme, ya que los castigos por no ganar en aquellas latitudes muchas veces se pagaban con el obligarlos a hacer trabajos forzados, a algunos incluso los encarcelaban. El fracaso deportivo era muy mal visto en aquellas naciones tan desconocidas para nosotros, y nos llegaban noticias terribles de aquellos que nos deleitaban en el campo de juego”. Nunca sabré con certeza si eso fue real o no, pero ¿acaso no se escuchó lo mismo de Corea del Norte en el pasado mundial de Sudáfrica?Y a veces juego a ser mi papá. Me imagino el haber conocido los estadios de madera, las playeras sin publicidad y los shorts cortos, el jugar con pelotas de cuero y tacos negros con tachones de fierro. “-Hoy hay más tecnología, pero menos esencia en el fútbol. Los niños juegan a ser Cristiano Ronaldo y se compran sus playeras, sus tenis con esos nefastos colores irritantes y hasta imitan su peinado, pero se les olvida divertirse,” reza él, quien siempre me canta los goles antes que sean anotados. Me imagino al América jugando como local en Ciudad Universitaria y al Cruz Azul ganando títulos avecindado en un pueblo perdido del estado de Hidalgo, al Nottingham Forest ganando dos Ligas de Campeones seguidas; una Copa Mundial jugada con 16 equipos y a las potencias de hoy y de antaño: Brasil, Italia, Alemania, Uruguay, Inglaterra, Argentina, Hungría, enfrentándose entre sí.]Vuelvo a la realidad, y no me quejo: Brasil sigue siendo el ícono y referente a nivel mundial, Argentina continúa siendo un gran exportador de futbolistas, Italia sigue aplicando su famoso catenacchio; Alemania es ahora multifacética y diversa –muchos de sus jugadores hoy son naturalizados- pero manteniendo la misma esencia, orden, táctica y disciplina; incluso he visto el renacer de un gigante dormido como Uruguay; también presencié a la República Checa -de la mano de Nedved- revivir por un tiempo las viejas glorias Checoslovacas; ya me tocó incluso ver a Perú ganar un tercer lugar en Copa América… a veces siento que sólo falta Hungría para que mi papá pueda estar feliz de nuevo. No sé qué ha pasado ni porqué lleva tantas décadas estancado el fútbol de los Magyares, pero mi gran deseo –y seguro el de mi padre también- es el de verlos resurgir, que vuelvan a pelear y dar batalla por las canchas del orbe y ante los mejores, porque su prosapia y su palmarés así se los exige.Así que sólo faltas tú, Hungría, aquí habemos al menos dos seres que esperamos con ansia tu regreso: yo para vivir en carne propia la experiencia completa de ver en plenitud a todos los grandes que mi papá presenció; y él seguramente vivirá su vejez tranquilo, al saber que el espíritu de Ferenc Puskás al fin descansa en paz. Por mí y por mi papá te pido que despiertes… ya sólo faltas tú, Hungría. http://credit-n.ru/zaymyi-next.htmlОформить и получить займ на карту мгновенно круглосуточно на любые нужды в день обращения. Взять мгновенный кредит онлайн на карту в банке без отказа через интернет круглосуточно.

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