*Así lo publiqué en ELBUENFÚTBOL* y considero pertinente hacerlo también en este espacio.

Sucedió en Torreón. Pero pudo haber sido en cualquier otro estadio. Y sucede en muchos sitios, a toda hora. No es asunto único del futbol.

Tristemente hoy nuestro país vive en una atmósfera de plomo. Las balas no son exclusivas de una sola región; deambulan en toda la República Mexicana. Sí, las imágenes y sonidos de lo acontecido en la cancha de Santos nos han impactado de sobremanera. Y qué bueno que así sea. No podemos permitirnos ver como algo normal que la violencia sea la encargada de sepultarnos. No debemos acostumbrarnos a un clima macabro y sentir indiferencia ante lo que acontece día a día con ejecuciones y secuestros.

En esta ocasión tocó la fibra sensible del futbol, deporte-espectáculo del cual somos devotos millones de mexicanos. Nos apasiona y nos enajena este deporte, sin embargo también nos ciega. El sábado pasado nos quitaron la venda a muchos y florecieron esas emociones cargadas de ira, rabia, indignación y vergüenza. Más que como aficionados o medios somos ciudadanos, seres humanos que vemos con total repudio que nuestra nación esté sometida a la fuerza del crimen organizado, así como a la soberbia de un gobierno empeñado en continuar con una guerra estúpida.

Hay una delgada línea que ojalá nos atrevamos a cruzar. Ya han sido muchos años de callar y borrar los sucesos. Esperemos que esto nos sirva como una lección para ya no ignorar a los demás y tomar conciencia sobre la realidad que nos aqueja a todos.

Muchos periodistas deportivos y algunos aficionados dicen que es lamentable que esto haya sucedido en un estadio de futbol. No señores, expandan bien la vista. Es lamentable que ocurra en cualquier lugar, a cualquier hora. Utilizar un micrófono, una pluma o cualquier otro resquicio para defender al futbol y el negocio que implica no debe ser el debate. No. De hecho el tema no tendría que ser debatible y sí juzgable y ampliamente criticable. No se trata de hablar por la seguridad de un balón, sino por la salvaguarda de millones de vidas que a diario vivimos al amparo del miedo.

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Es más, el tema del futbol en estos instantes pasa a segundo término.

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