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No se trata de un capricho ni de una deuda con quien lo llevara al lugar que abandona. Se trata de consecuencia, de identidad y de valores. Marcelo Bielsa ha puesto el balón en juego, otra vez, al renunciar a su cargo como director técnico de la Selección Chilena.

La elección suscitada el jueves en las instalaciones de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional, en Santiago de Chile, sólo confirmó lo que El Loco había anunciado 24 horas antes. Fraude o no, compra de votos o no, intromisión del poder o no, Bielsa aclaró su decepción del futuro que parece acechar al fútbol profesional chileno.

¿De qué se trata? Primero, de la llegada al poder de un empresario que como tal manejaría a la Federación y, principalmente, a los futbolistas. Segundo, el vínculo al pinochetismo más oscurantista al que será sometido el fútbol andino. Tercero, la ingerencia directa del presidente Piñera que, entre compadrazgos y favores, desniveló -como afirma Bielsa- la elección que finalmente decantó al español Jorge Segovia como ganador.

Finalmente el ser humano es un ser político innato. Piensa y convence al final de cuentas o muere en el intento. Depende de la política que adopte, es alineado o libre, independiente o autómata.

Marcelo Bielsa, El Loco argentino en tierra chilena, atrás dejará un legado que desempolvó millones de historias agradecidas con su demencia y carisma a la hora de hacer que su equipo tradujera al pueblo, su pueblo, en la cancha.

Marcelo no puede simplemente sentarse a ver cómo acatan órdenes sus jugadores. No puede simplemente quedarse en cuclillas y observar un rato, hacer cambios, idear estrategias, componer sobre la marcha. Marcelo es un tipo crítico desde sus entrañas y ni la pena vale intentar ser diferente, rompería con su esencia, con su espíritu.

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Cuestionable o no, pero estamos frente a uno de los pocos entrenadores, directores técnicos y formadores que son consistentes desde la conciencia a la acción. ¿Cómo saludar de mano a alguien que representa la antítesis de tus propios idelaes? ¿Cómo traicionar las formas y conceptos que te llamaron a re-crear una identidad?

En fin. Se mal cierra un ciclo, se comenzará con otro. Se viene la firma del contrato y los objetivos… pero ¿y la esencia? La protesta, porque eso es lo que desde su trinchera manifiesta El Loco, va en contra de la interrupción de las formas, de los conceptos y del proceso que había encausado desde hace tres años, cuando Harold Mayne-Nicholls, de la mano de Michelle Bachelete, lo invitara a transformar el futbol en Chile.

Adiós entonces a la euforia. Más vale Loco que mal acompañado…