Una institución llamada Pavel Nedved

Un recuerdo de constancia, entrega, plenitud y buen futbol. Qué viejos son los nuevos tiempos…

Atrás quedó su legado. Atrás quedó su romance con el balón, su clase, sus goles. Atrás quedó Pavel Nedved El León de Praga, el mejor jugador checo de los noventas y el bastión de la época dorada de la República Checa.

Pavel no sólo maravilló al mundo con su peculiar estilo, su control total, su fútbol total; sino que dejó una escuela. La institución Nedved, del mediocampista total. Bien podía jugar como zurdo, bien podía ser el creativo y hasta ser derecho o defensivo. Pavel siempre fue garantía de excelencia, siempre al máximo nivel, siempre impulsaba a su equipo.

Un hombre que nunca tuvo muchas pretensiones (ojo, que no ambiciones) y llegó a lo más alto. Siempre mantuvo claros sus ideales y fue fiel a su público. Se retiró en dos ocasiones de la selección y condujo a la misma al tope europeo. Se consagró en la Eurocopa del ’96 llegando a la final. Y aunque el resultado en aquella ocasión fue adverso, el ojo observador del mundo futbolístico se rindió a sus pies. En el intermedio de su retiro definitivo de la playera roja nacional, se echó al país en hombros y los condujo al Mundial Alemania 2006, aunque el resultado ya no fue tan asombroso.

Prácticamente disponía de cuatro pulmones a la hora de encarar partidos vitales. Era el motor de la Juve, el carburador de la Lazio, el creador del Sparta y la esperanza del Dukla Praga. Sus cuatro equipos, en los cuales se brindó siempre al cien por ciento y un poco más.

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Salvo los reconocimientos locales, el Balón de Oro en 2003 y el Golden Foot al año siguiente, careció de reflectores más llamativos. Siempre a la sombra de Totti, Shevchenko, Zidane o Ronaldinho. Coherente con el discurso de sus botines y claro en su amor por la camiseta, rechazó grandes ofertas que, probablemente, lo pudiesen haber ubicado más allá del pedestal donde lo tenían los aficionados de la Vecchia Signora.

Pavel Nedved en corto

Pavel Nedved, quien nació el 30 de agosto de 1972, en la provincia de Cheb, se retiró el domingo 31 de mayo de 2009. Ese día vistió los colores albinegros por última ocasión luego de tantas glorias, de tantos logros. Con la Juve alcanzó a rozar la Champions en 2003, aunque él no jugó la final. En Delle Alpi sufrió un descenso obligado y, antes, un bicampeonato del Calcio y de la Supercopa italiana.

El 31 de mayo de 2009 jugó de local en el Estadio Olímpico de Torino contra el club que lo vio despegar en Italia. El partido entre Juventus y Lazio terminó 2-0 a favor del local, a favor de Pavel. Nedved salió a seis minutos del final y al abandonar el campo entre aplausos infinitos vio resumida su carrera que comenzó en 1991, con el modesto Dukla de Praga.

Atrás quedó el Power Nedved, la institución centrocampista, el golpeo teledirigido, la educada zurda y, por qué no, la diestra también. Atrás quedó ese 31 de mayo, mismo día del adiós de Paolo Maldini y de Luis Figo. Atrás quedó el once, el dieciocho, el cuatro. Atrás quedó el eterno gran Pavel Nedved.